La vía pública fue cedida a un operador privado, así preste un servicio a la población en general. Pensaron que la gente propietaria de vehículos iba a dejarlos guardados en los garajes. Por el contrario, el parque automotor aumentó en los últimos años y ni hablar de las motocicletas, las mismas que el sistema, por sus costos, puso en la calle.

Por: Juan Manuel Toro Monsalve

Llegó en 2006 pleno de promesas. Las calles de Pereira cambiaron de vestimenta con el fin de dar paso a los gigantes buses verdes. Cerca de dos años aguantó la ciudad para modificar la estructura vial, teniendo en cuenta todo lo que eso conllevó.

Bajo la premisa de actuar como las grandes ciudades del mundo, los promotores de Megabús lo vendieron como la innovación en transporte público, que en cuestión de movilidad mejoraría e iba poner a Pereira, como ejemplo de ciudad intermedia a la vanguardia del transporte masivo. En cuanto a lo económico, los bolsillos de los usuarios iban a sentir alivio con la famosa integración del transporte único en toda el Área Metropolitana.

Sin embargo, ese panorama a 2012 refleja una situación diferente de lo presupuestado años atrás. Varios objetivos trazados no se cumplieron y hasta ahora no se ve una solución que le permita a la población pereirana convivir con el sistema de manera positiva.

Por lo anterior, Pereira se volvió intransitable, su malla vial es escasa y con los carriles únicos cedidos a Megabús, los conductores se las ingenian para salir de los embotellamientos. La vía pública fue cedida a un operador privado, así preste un servicio a la población en general. Pensaron que la gente propietaria de vehículos iba a dejarlos guardados en los garajes. Por el contrario, el parque automotor aumentó en los últimos años y ni hablar de las motocicletas, las mismas que el sistema, por sus costos, puso en la calle ya que de 204.000 pesos, en promedio mensual, destinados por una persona para cuatro pasajes diarios, le es más factible hacerse a su moto con una cuota mensual baja.

Respecto a los costos del pasaje en los seis años de actividad ha aumentado $700 pesos, con una tarifa a 2012 de $1700, un precio alejado de la realidad de los pereiranos, incluso que está por encima al de otras ciudades más grandes, con más recorridos y con un pasaje más barato. Suficiente con la alta tasa de desempleo y la informalidad, además de los gastos que una familia debe recurrir de forma mensual. Una persona que se gane un salario mínimo debe destinar casi la tercera parte de su sueldo para transportarse.

Resulta increíble, entonces, que sean los usuarios quienes corran con ese saldo de ganancias “perdidas” que Megabús no alcanza a recaudar. En promedio, al día moviliza 105 mil pasajeros, cifra distante de lo planeado que oscilaba por encima de los 120 mil. Excusas como los gastos de funcionamiento o el incremento en los combustibles, actúan más como pretextos y cortinas de humo para justificar los incrementos. En menos de un año subió $200, las alzas injustas seguirán y como siempre los ciudadanos tragan entero y se aguantan ese abuso. Pero, ¿quién regula eso?

Lejos está Pereira de tener un transporte sólido y que presté un buen servicio. Por esas acciones los desertores del sistema seguirán, el transporte pirata continuará aumentando, la colecta entre varios para usar taxi o simplemente adquirir una moto, son los factores con los que el sistema está peleando.

Sí todavía no existe la integración total del sistema, es complicado establecer que tan eficiente ha sido Megabús para los pereiranos. Pero como decía una columna reciente en el diario La Tarde respecto al pago de un solo pasaje para movilizar el 30 por ciento de la población, “40 mil millones de pesos es lo que reciben exclusivamente los transportadores al año”. Se sabe entonces por qué todo queda en estudios y análisis. Mientras tanto el pueblo sostiene esos bolsillos, así sea particulares. ¿cCuándo le serán retribuidos sus aportes?