Una cosa es una cosa y otra cosa es muy distinta

Una cosa es que los proyectos de gran parte de los gobiernos de izquierda promovidos en Latinoamérica no hayan superado sus fases iniciales de manejo de poderes y direccionamiento de sus ideologías socialistas, pero otra muy distinta es que la derecha sea mejor para países como Argentina y Venezuela.

MARITZA PALMA

Por Maritza Palma

De por sí el socialismo y aún más el comunismo son proyectos ideológicos que se han quedado medio vírgenes al momento en que movimientos con pretensiones de izquierda han llegado al poder, intentando aplicarlos a los sistemas políticos y sociales; pero valga comprender que unos países con sistemas, normas, poblaciones, formas de vida y pensamientos arraigados al capitalismo no cambian de la noche a la mañana, y en varios países se ha pretendido sembrar semillas antes de fertilizar la tierra.

Llevar a la práctica teorías leninistas-marxistas, por ejemplo, que contemplan una producción común, para el provecho común, de unos beneficios comunes -en donde el manejo de un país esté en manos de la clase obrera y no de la burguesía- es un proceso que ni los mismos autores de tales teorías llegaron a ver materializado.

Es cierto que casos como Venezuela con el chavismo y Argentina con el kirchnerismo se han equivocado; pero 17 años de chavismo y 13 años de kirchnerismo son propuestas que llegan después de décadas de políticas dictatoriales y gobiernos que habían acabado con la economía de los países. Así que de comparar también hay que fijarse en lo  que había antes de estos tiempos.

Si bien los dos países han generado planes asistencialistas sin la mejor regulación, la medida sí era una primera etapa para salvaguardar a la población más necesitada mientras se proyectaban a largo plazo estrategias políticas que posibilitaran y contuvieran el desarrollo autogestivo de cada ciudadano.

Efectivamente, cosas como la educación y la salud, en el caso de Argentina, con un acceso público pero con unos niveles de calidad aún por mejorar no bastan, pues hay una discrepancia entre la política socialista y una economía aún capitalista que debilita el óptimo funcionamiento; pero hay un avance en materia de ofrecer un servicio básico gratuito a cualquier nacional y hasta a los mismos extranjeros.

Y ni cerrar fronteras, ni encarcelar a la oposición, en el caso de Venezuela, son las salidas más conscientes para evitar conflictos y mantener un poder, porque a fin de cuentas también se está atropellando la autonomía de un pueblo; pero ¿acaso los gobiernos de derecha no han generado también muchos daños?

Para la muestra de un botón podemos citar a Colombia, donde se han reunido todos los males. Hemos olvidado los 9.500 presos políticos reconocidos; los 6.044.151 desplazados internos que el país aún no sabe reparar; que también hay planes asistencialistas; que desde que perdimos el istmo de Panamá –si no antes– al país lo han seguido negociando por partes, y que ejemplo de ello son las firmas más recientes con multinacionales para libre acceso a la explotación de recursos naturales y a las que se les libra de gran cantidad de impuestos. Como dato más específico está el acuerdo  firmado con Hydrochina Corporation en el 2012 para el “aprovechamiento y protección del río Magdalena”, donde la corporación aporta 5,7 millones  de dólares mientras se le garantice su libre circulación por el río Magdalena.

Hemos dejado de ver que en Colombia la educación pública es de acceso limitado, que la salud no se presta con las mejores garantías, que para acceder a un puntaje del Sisben acorde al verdadero nivel socioeconómico hay que ser amigo del hermano del alcalde del momento.

Y no hemos visto que en Latinoamérica la explotación de riquezas naturales ha marchado a pasos de gigante en manos de multinacionales extranjeras, y que permitirlo ha implicado la afectación de las vidas de campesinos e indígenas, la contaminación y destrucción de las reservas naturales, y hasta la perpetuación de la guerra y con ello la vulneración de derechos humanos.

Las malas políticas sociales han trascendido a los mismos tipos de gobierno, y claro, a unos más que otros. En Argentina hay salud y educación, pública y gratuita, pero continúa la explotación minera, una de ellas desarrollada por Minera Alumbrera YMAD-UTE firma, conformada por el Estado y por empresas privadas canadienses, que explota a cielo abierto cobre y oro desde 1997 en provincias como Catamarca. En Colombia no hay ni salud ni educación pública y gratuita pero también siguen con la explotación empresas canadienses, sudafricanas y brasileiras como Gran Colombia, Gold Anglogold Ashanti Colombia S A, Minera El Gran Porvenir del Libanos, entre otras que explotan oro en Antioquia, Chocó, Nariño, Cauca, Tolima y Caldas.

Entonces que no estén diciendo que los nuevos gobiernos son la liberación, y que un Mauricio Macri, un Leopoldo López y un Enrique Capriles son la salvación de América Latina, porque eso no se lo cree ni Uribe Vélez. El que no quiere ver simplemente es porque no ha empezado a usar su mirada panorámica y se quedó observado lo que le contaba un solo canal de información.