Al parecer, es mucho más importante crear leyes para dejarlas plasmadas en el papel, sin pensar que se hace necesario tener las herramientas y los recursos para implementarlas de una manera idónea. La inclusión en el aula no se trata de excluir a los demás estudiantes para centrar la atención en uno solo.

 

Por: Alejandra Taborda Ramos

Gabriel sabe cada una de las líneas de diálogo de las revistas de Condorito, fue criado escuchando las maravillosas fábulas de Rafael Pombo y las recita con una expresión corporal magnífica, como si estudiara teatro. Llega al salón de clase y su aspecto físico lo muestra igual a sus compañeros. Sofía es una gran dibujante, los padres la llevan dos veces a la semana a clases de pintura y canto; al llegar al colegio diariamente sus compañeros la miran de una forma diferente, tal vez sea por su condición física, causada por un trastorno genético que la hace ver distinta.

La profesora da inicio a la clase, sus palabras son como arena que corre por el viento, se dispersan y su analogía no llega a ser comprendida. Ven una mirada penetrante y saben que deben responder, pero la mente vuelve a perderse en la inmensidad de los pensamientos.

¿Comprenden?, pregunta nuevamente la profesora, conscientes del cuestionamiento responden: -Sii, claro y la profesora continúa su explicación.

El reto educativo que enfrentan las instituciones educativas en este nuevo siglo es transformar los procesos de enseñanza y aprendizaje en donde se vislumbre una inclusión verdadera con aquellos niños y niñas que poseen unas necesidades educativas especiales ya que el Estado colombiano tiene una deuda de 25 años con esta población.

En el artículo 47  de la Ley 115 de 1994  se dice: “El Estado apoyará y fomentará la integración al sistema educativo de las personas que se encuentren en situación de discapacidad a través de programas y experiencias orientadas a la adecuada atención educativa y asimismo la formación de docentes idóneos”. Este artículo al parecer se ha quedado en el papel y cada vez se hace más grande la brecha educativa para estos niños.

Los padres sienten miedo de llevar a sus hijos a los establecimientos educativos públicos porque consideran que sus necesidades no serán suplidas de la mejor manera y que, por el contrario, ellos podrían sentirse excluidos por las prácticas cotidianas que se ven en las aulas.

Por otra parte, costear un colegio privado implica gastos elevados que muchas veces no pueden pagar. Es deber del sistema educativo brindar las condiciones necesarias para que tanto padres como estudiantes se sientan libres en sus procesos de aprendizaje.

Para que haya una verdadera inclusión se debe empezar por no denominar a los niños como discapacitados, ya que esto los segrega y los vuelve inferiores. Es evidente que todos los seres humanos poseen diferentes características que los hacen aprender de una forma u otra y los niños con necesidades educativas especiales no son la excepción. Las instituciones educativas han enajenado a los niños para que piensen y sientan igual, la diferencia no es algo que se haga visible.

Los docentes no están ni se sienten capacitados para aceptar que se vinculen niños con otro tipo de necesidades en el aula. También hay que tener en cuenta que los docentes deben atender a una población en un aula de clase que supera los 35 estudiantes, así que, además de tener un niño o varios con una necesidad específica, deben de atender a los demás estudiantes y cumplir con contenidos de la materia.

Esto es algo que se sabe hace ya mucho tiempo, pero no quiere decir que el saberlo indique que se están construyendo soluciones para ayudar tanto a los niños como los docentes, tener conocimiento de una situación no hace que esta sea comprendida a cabalidad, se debe seguir hablando hasta que se creen los puentes y herramientas para acabar la brecha educativa.

La ley está vigente hace más de 20 años y algunas instituciones educativas apenas empiezan a involucrarse en nuevas metodologías que permitan que esta población se vincule al sistema educativo de forma integral. Los docentes están cansados de capacitaciones sin sentido en donde un especialista les dice que hay niños con necesidades educativas especiales y que esto implica crear nuevos modelos de aprendizaje, pero lo cierto es que eso ya lo saben.

En realidad necesitan capacitaciones reales donde se dé una reestructuración a las competencias a desarrollar en los individuos, donde se haga una verdadera concientización de lo que es enseñar para la inclusión, comprender que cada estudiante es un mundo diferente y aunque se adapten a las metodologías de aprendizaje es necesario hacer conexiones donde lo aprendido sea significativo y deje una chispa de emoción para que el estudiante desee aprender más.

Al parecer, es mucho más importante crear leyes para dejarlas plasmadas en el papel, sin pensar que se hace necesario tener las herramientas y los recursos para implementarlas de una manera idónea. La inclusión en el aula no se trata de excluir a los demás estudiantes para centrar la atención en uno solo.

La educación es sin duda el pilar de la sociedad y un derecho fundamental del que son sujetas todas las personas sin distingo de etnias, ideologías políticas, condición social o ninguna otra, es reafirmar la obligación del Estado de garantizar las condiciones necesarias para hacerlo accesible a todos y todas.