A las compañías que producen bebidas azucaradas en el país ya se les había avisado de lo que por meses se postergó en su presentación, la reforma tributaria. Así lo demuestran los elaborados comerciales, como las estrategias que ahora ejecutan para expender sus productos.

 

carlos marinPor: Carlos A. Marín

De puertas hacia adentro los puntos de la reforma que afectan directamente al gremio de las bebidas azucaradas ya se conocían, por cuanto se entiende que Coca Cola, una de las empresas más grandes del mundo, tuvo tiempo para preparar las cartas a mostrar en la mesa una vez se hiciera pública.

La gigante de Georgia, Estados Unidos, venía fertilizando el terreno hace algunos meses con estrategias comerciales encaminadas a presentar productos que aparentemente prescinden del azúcar; sin embargo, introducen otros edulcorantes para que el impacto de la misma no sea tan perceptible en el paladar de los consumidores, como es el caso de la estevia, un sustituto del azúcar.

Si retrocedemos cronológicamente en el tiempo, ya la escuela de salud de la Universidad de Harvard ha alertado acerca de las acciones de grandes compañías que producen este tipo de bebidas para desviar investigaciones. Coca Cola, por ejemplo, patrocinaba a los organismos que trabajan en la lucha contra la obesidad, la diabetes y otros problemas derivados de la ingesta desmedida de los líquidos con alto nivel de azúcar. 

De igual manera, sobre los esfuerzos por enfocar los estudios a la falta de actividad física en los seres humanos y no en el producto que se consume en más de 200 países en el mundo. La compra de conciencias de Coca Cola no tiene límites.

En Colombia vienen adelantando con sus colaboradores el reparto de folletos que, originados desde Fenalco Nacional (Federación Nacional de Comerciantes), se entregan a los tenderos sin ningún tipo de rigor investigativo, tergiversando las conclusiones de los expertos en la salud.

Es que Fenalco está tomando el papel de cómplice-defensor en este largo debate que seguro no acabará en unos meses, porque el número de recursos económicos arrojados es incalculable.

Lo calculable para Coca Cola, Postobón, Bavaria y demás, son los millones de litros de agua que anualmente gastan como materia prima para la producción de los refrescos. Esto recae fehacientemente sobre la salud de los colombianos, pues hay pueblos en la geografía nacional que no cuentan con este recurso.

Postobón, por su parte, ha tenido un papel más sereno. Mediáticamente no ha hecho ruido, pero en el interior del Congreso se deben pelear las cuestiones en favor del mercado.

En cuanto a contenidos publicitarios, no escatiman esfuerzos al utilizar  mensajes similares a los del rey de la efervescencia, colocando en el corazón de sus comerciales emociones. Implementando storytelling o algo de marketing emocional. ¿Lo logrará? Tendrá que contratar a McCann para que haga el trabajo de brand un poco más universal sentimentalmente hablando, y que pueda calar en los millones de colombianos que consumen estas bebidas.

¿Por qué solo hablar de las compañías que producen bebidas azucaradas? 

Una larga respuesta: por el agua.

 

Papel del Estado

Después de todo el Gobierno no sale ileso en este polémico suceso, si Coca Cola, Postobón, Bavaria deben hacerle frente a esta propuesta con discutibles actuaciones; la cabeza del Ministerio de Hacienda, Mauricio Cárdenas, no se queda atrás, los paulatinos pronunciamientos antes de hacer pública la reforma dieron cuenta de ello. En cada universidad que visitó soltó un punto de la reforma, generando incertidumbre y escozor en los gremios afectados por la misma.

Cárdenas demostró la falta de seriedad en su ejercicio. Teniendo en cuenta que la cartera de Hacienda es la más importante del país se debió manejar con responsabilidad la información suministrada. Un pacto de respeto por lo elaborado en materia de tributación no sobraba cuando se estaba trabajando en el asunto.

Es inconcebible que se escapen detalles de un documento de alto valor para la economía colombiana. Lo que evidenció esta reforma es que se redactan páginas, mientras se discuten perjuicios y beneficios en las oficinas de las empresas más importantes de la nación.

¿Está Colombia preparada para este tipo de movimientos tributarios?

Desde un espectro más amplio la propuesta no ha generado discusiones en los pasillos, genera más reacciones en los ciudadanos un partido de la Selección Colombia que el impuesto a las bebidas azucaradas, y esto se debe a que las personas aún no logran comprender los alcances del impuesto porque pocos saben qué es la diabetes.

En consecuencia cuando no se entiende algo, las probabilidades de que se hable de ello, son mínimas. La polémica se nutre en mayor medida por los agentes directamente afectados: Gobierno-productor-distribuidor.

En caso de que se apruebe el tributo a las bebidas azucaradas las ventas se reducirán, los colombianos entenderemos que la Coca Cola está muy cara, que la Manzana Postobón también, le echaremos la culpa a Santos, e ignoraremos por completo los argumentos fundamentales de este hecho.

Porque si le conferimos más relevancia al azúcar que al agua en una reforma tributaria, es porque de entrada ya estamos viciados.

La conclusión que se me antoja tiende a no favorecer a ningún frente, si la gaseosa pasa de $ 1.200 a $ 1.800 la dejaré de consumir no por el azúcar, sino porque el bolsillo no aguanta tanto; más sabiendo que esos $ 600 irán para el bolsillo del tendero informal que aumentó los precios a su antojo, y para el desgobierno cuyo monto por corrupción asciende a billones de pesos anuales.

Es un tema de cultura, más que de números. Y esta reforma sabe a sal para todos. ¡Ah, lo siento! Los productos salados también se pueden gravar.

¿Gravamos el maní salado y le avisamos a Colombina mientras redactamos el documento?