La única salida digna que le queda al expresidente es reconocer todos sus errores, contar con pelos y señales la verdad y nada más que la verdad. De paso, acogerse a la JEP, lo que pacificaría a Colombia.

 

Por Juan Mario Sánchez Cuervo

La pregunta es válida, lógica en la encrucijada que vive el ex mandatario. Grandes tiranos y verdugos a lo largo de la historia se han quitado la vida en el momento de la debacle; es decir, cuando el mundo se les vino encima: se suicidaron o “los suicidaron”.

Álvaro Uribe Vélez ya está preso en Colombia. Ya no puede asistir a lugares públicos sin que miles de personas le griten: “asesino, paraco”. Ya es habitual que en los estadios de Colombia se escuche un coro de 40.000 hinchas vociferando al unísono esta frase: “Uribe, paraco, el pueblo está verraco”. Algo sin precedentes. Que yo sepa, Uribe no ha regresado a Europa. La Comunidad Europea lo rechaza, la comunidad internacional también. El único país a donde va sin pena ni gloria es a USA, pero ni allí se escapa de las protestas. Yo me lo imagino atrapado como una fiera temerosa entre el Congreso de la República y Llano Grande.

Su ego, inmenso como el globo terráqueo, está herido de muerte. Curiosamente esa herida mortal lo vuelve más irascible, sanguinario, peligroso. Ya no mide sus palabras. Por ejemplo, defiende los desmanes del Esmad, de la policía y del ejército. Y en una de las marchas le dio el visto bueno a una patada en el rostro por parte de un criminal del Esmad a una indefensa mujer. Perdió la compostura, el autocontrol. Tiene actitudes de viejo desquiciado. Es el ocaso de un falso ídolo, el declive apocalíptico de un líder siniestro.

En el futuro cercano lo espera un fallo de la Corte Suprema de Justicia. Allí, creo, tiene la suerte echada. A mediano plazo lo espera la Corte Penal Internacional. En el presente casi todo el país lo acusa de ser el responsable del genocidio, de ser el papá del paramilitarismo, de ser el culpable del saboteo a los Acuerdos de Paz. Yo mismo lo acuso de su responsabilidad en el asesinato de un hermano mío y de otros familiares cercanos. Por otra parte, sabemos que sus políticas antipopulares sólo han traído miseria y pobreza al pueblo colombiano. Además, es un rumor nacional e internacional su oficio de tutor y titiritero del presidente Iván Duque.

La única salida digna que le queda al expresidente es reconocer todos sus errores, contar con pelos y señales la verdad y nada más que la verdad. De paso, acogerse a la JEP, lo que pacificaría a Colombia. En Derecho el puede acogerse a la JEP. Conociéndolo y comprendiendo el código de su oscura secta me parece que jamás reconocerá ningún crimen ni delatará a nadie. Esa clase de lealtad a muerte solo tiene antecedentes en las mafias. Así las cosas, entre un Uribe arrepentido, pidiendo perdón y un Uribe suicidado… ¿Ustedes qué opinan, qué piensan?

Nota del Editor. LCDR no promueve ni sugiere la muerte o daño contra persona alguna. Esta columna se publica bajo la responsabilidad del autor, tal y como está expuesto en los términos de publicación contenidos en la bandera del medio.