MIGUEL ÁNGEL RUBIO OSPINAEl comercio y el mercado de las armas financian la política de senadores, y presidentes, por eso las lágrimas de Obama, en el lugar de la masacre serán de plástico, porque no ha tenido la valentía de aceptar públicamente la verdad imperante de su patria

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

Hace unos días, me llegó por pasillos y entre chismes, una noticia que llamó mi atención, no tanto por lo insulsa, como por lo que de fondo detentaba ideológicamente. La postergación del estreno de la película “Fuerza antigangster, en los Estados Unidos, país de procedencia, todo porque en ella, hay una matanza de un grupo de pistoleros de los años 30, en un cine de época.

Esto, para evitar recordar y remover el dolor por la masacre del cine de Aurora mientras se proyectaba “Batman”, entre otras, y para poner freno a la ola de asesinatos sin “sentido” según ellos, que ha venido sufriendo la sociedad norteamericana los últimos años.

Esta medida, del todo absurda, responde a la miopía, y a la hipocresía propia del aparato económico estadounidense, a la insensibilidad de su clase política, respecto al sufrimiento humano, pero sobre todo, a la sed de dinero y consumo con la cual ha sido adoctrinado el pueblo norteamericano; pues inmediatamente después de la ola de masacres, se empezaron a vender como pan caliente, morrales estudiantiles blindados, para evitar el impacto de las balas, que muy probablemente se hallen en colegios los tantos millones de hijos de ese país.  Armas de libre circulación y que cualquier persona puede adquirir en almacenes  sin ningún tipo de restricción.

El cine norteamericano, espectacularizante, industrial, genial y también estúpido, le caben ambas calificaciones, ha educado varias generaciones y ha tocado casi todos los temas que atañen a lo humano y lo divino.  Entre sus mejores películas, sobre todo desde tiempos de los 60 hasta nuestros días, su cine ha estado permeado por balaceras, matones, tipos rudos, mafias, sangre, etc. Todo un sinnúmero de violencias que han trasegado Las salas de cine de todo el mundo.

Sin embargo y aun con este arraigo ideológico, no podríamos decir que el cine es el culpable de que la gente se mate entre ellas, no podríamos culpar al genial Scorsese por su “Good Fellas” o a Coppola por “The Godfather” o su “Apocalipsis Now”, no podemos hacerlos culpables por una generación que murió en Vietnam y por  desperdigar por todo el mundo sobre todo en Latinoamérica, una guerra contra el tráfico de drogas.  No, el cine solo muestra aristas de la realidad, las ficcionaliza, las matiza, pero no nos esta ordenando salir a  matar o comprar una pistola. No, el asunto va más allá de ver muertes en la pantalla gigante, es un factor violencia, que signa la economía gringa, una doble moral, intoxicante, asfixiante,  una política del miedo, un currículo de la paranoia, un complejo de superioridad, que sin embargo los hace nimios ante el mundo que masacran con la excusa de la libertad. La política de estado de los Estados Unidos es armamentista, en línea con la Bellum Preventivum, o guerra por si las moscas. El comercio y el mercado de las armas financian la política de senadores, y presidentes, por eso las lágrimas de Obama, en el lugar de la masacre, serán de plástico, porque no ha tenido la valentía de aceptar públicamente la verdad imperante de su patria.

Detrás de la censura existe siempre el pecado, la ignorancia y la propia culpa de no cortar de tajo la raíz del problema. El presidente más nefasto en los últimos 20 años para los Estados Unidos, es uno de los principales fabricantes de armas del mundo, le vende armas a todos los conflictos y se involucra además en ellos, y en casi todos los casos, los orquesta y como desde Vietnam y otros pequeños conflictos, no le ha importado perder, por que quienes pierden son los soldados, es el Estado, es el país, quienes ganan son los especuladores de bolsa, los inversionistas del gremio armamentista(en su mayoría republicanos). Ganan Bush y sus secuaces, pierde el resto del mundo, y Estados Unidos aunque no le guste a muchos, es parte del resto del mundo.

Dicen las malas lenguas, a veces certeras, a veces lengüilargas, que el atentado del 11 de septiembre de 2001, fue una conspiración de Bush, contra su propio país, para implementar una agenda basada en la seguridad nacional, en el miedo, en la xenofobia, en el odio religioso, en el lucro de las armas. Pues para nadie en el mundo era un secreto su sociedad petrolera y económica con el líder de Al Queda, Osama Bin Laden. Dicen las malas lenguas, no nos consta, pero hay que dejarlo de constancia en este escrito por si de pronto sí.

Juan Manuel Santos hace poco se suscribió como presidente en ejercicio, al debate sobre el cambio de la política antidrogas en el mundo, a ello se unieron también México, y otros países que sufren esta problemática, ex presidentes, cantantes, intelectuales etc., generando un bloque político, y de opinión importantísimo al respecto, ya la unión europea, ha dado su bendición al debate, y se suscribe también a la petición Latinoamericana, un presidente de un pequeño país suramericano ha desafiado al imperio (así no les importe) legalizando la producción de marihuana, la distribución, venta y consumo, y va ad portas de implementarlo con otras drogas, Me refiero a José Mujica, presidente del Uruguay, y quizá el mandatario más brillante y contestario de los últimos años en el continente.  Este es claramente un mensaje a los Estados Unidos, para que flexibilice sus política antidrogas, no tanto por el tema del consumo de coca, o el tráfico, si no porque detrás de esta, como siempre, la venta de armas para narcos, ejércitos, insurgentes,  etc, que movilizan la economía, a los gringos no les importa que su gente se trabe con coca o marihuana,  eso los tiene sin cuidado, lo que les preocupa, es que los dólares del narcotráfico, y de las armas queden en los países productores.  Esta semana, en la cumbre de la CELAC, nuevamente Santos pedirá consenso, para debatir con la ONU y la UE, el control del mercado y tráfico de armas en el mundo. Una iniciativa, que ligada a la anterior, pone el dedo en la llaga, a quienes nos han masacrado siempre.

Sin embargo, y aun cuando yo, y casi una mayoría de personas de mi país, no conocen un arma, o no distinguimos una calibre 45 de una calibre 38, y aun cuando no conocemos  en la misma proporción la cocaína, no podríamos diferenciarla de un gramo de talco, somos censurados, señalados y estigmatizados por el “Resto del Mundo”, como los más violentos, los más coqueros y los más bárbaros.

Esta es la realidad del problema hoy. Por eso, aunque insustancial de momento, prohibir escenas violentas en películas violentas, hechas en un país violento, es como vender el sofá de la casa, para evitar la infidelidad.  Pero qué más da, vendamos el sofá, al fin y al cabo lo que nos importa es la platica, ¿no?