Apuntes sobre la ópera prima de Laura Gómez Hincapié
Encuentro meritorio que el primer film de un cineasta sea sobre sí mismo, sobre sus raíces y su sentido en el mundo que habita y lo habita. A simple vista puede parecer un poco narcisista esta cuestión. Pero ¿acaso el artista no es el narcisista por excelencia?
Escribe / Andrés Galeano – Ilustra / Stella Maris
Sucedió hace poco un evento cinematográfico en mi ciudad que me llenó de emoción. El lanzamiento nacional de “Utopía”, ópera prima de Laura Gómez Hincapié, cineasta y amiga quien presentó este film junto a su distribuidor y productor, Harold Ospina Hincapié, también amigo y gran conocedor de la escena cinematográfica local y nacional.
Como todo en la vida y más en el arte hay mucho detrás del producto terminado. Mucho esfuerzo, mucho desvelo y mucha complicidad cósmica; elemento clave con el que contó Laura Gómez en este proceso creativo que llegó a buen puerto. Laura supo hacer bien la tarea. Muy seguramente sus viajes e instancias por Argentina, Cali y otras ciudades la instruyeron para esto. Lo cierto es que, supo ver el monstruo por dentro para ver cómo funcionaba y así domarlo a su antojo. Aprendió, del modo más riguroso, cómo se hace para que una peli impacte desde el inicio y no pase desapercibida en un mundo donde el streaming gana más terreno. Ella supo hacerlo, apoyándose en otros, tocando puertas, espacios, fondos y recurriendo a distintos mecanismos del marketing, como una Vaki.
Con todo esto logró que su primer hijo de largo aliento naciera con el privilegio de ser visto en distintas salas de cine independientes del país. En Pereira, por ejemplo, lo vimos en Cine en Cámara, uno de los tantos proyectos que el gran gestor cultural Geovanny Gómez aportó a la ciudad y que hoy abandera Mauricio Ramírez, otro amigo amante del cine y de la poesía, que también es cine, que se escribe.
Comienzo celebrando el carácter socrático de Laura Gómez con este, su primer film, después de otros proyectos como “Kilometro 7”. Y digo socrático porque antes de aventurarse a hacer ficción o a documentar cualquier otra cuestión en el mundo, opta por revisarse así misma poniéndose en el ojo del huracán. CONÓCETE A TI MISMO. Para los griegos clásicos esto era clave. Solo quien se conoce se domina y solo quien se domina puede dominar la Polis. ¿Y en qué consiste este dominio? En el manejo de las pasiones y en el conocimiento pleno de lo más oscuro y divino que subyace en uno mismo. He aquí que Nietzsche haya dicho siglos después: Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo un abismo, también éste mira dentro de ti”[1]
Lo más seguro es que a Laura no se le haya pasado por la cabeza Sócrates o Nietzsche. La mayoría de veces el arte, cuando se hace no se piensa, solo se hace y luego se asumen las consecuencias. Pero encuentro meritorio que el primer film de un cineasta sea sobre sí mismo, sobre sus raíces y su sentido en el mundo que habita y lo habita. A simple vista puede parecer un poco narcisista esta cuestión. Pero ¿acaso el artista no es el narcisista por excelencia? Vuelvo con el filólogo de Röcken “los poetas carecen de pudor con respecto a sus vivencias: las explotan”[2]
Reafirmo lo dicho. La cineasta, en esta, su primera película documental trabaja con el YO, como fuente de materia prima. Aunque, viéndolo desde la óptica freudiana, en esta peli hay más ELLO, que Yo. Pues Laura va más atrás. Al punto en que logra verse desde afuera, para analizar, con la pasividad de una milennials sin afanes: la familia, el país y el mundo que le tocó vivir en esta línea de tiempo, donde nació siendo mujer. O donde se fue haciendo mujer, para parafrasear a la gran Simone de Beauvoir[3].
Aquí se abre un camino muy interesante. Como un buen trabajo de grado hay una pregunta transversal que transita todo el film. La Utopía. La búsqueda de un ideal, de un proyecto a futuro que a todos beneficie. No olvidemos que este término Utopía fue acuñado por Tómas Moro, en el siglo XVI para plantear una sociedad perfecta y justa, según los preceptos católicos. Recordemos también que este proyecto nunca llegó a buen puerto, todo lo contrario. Desde el renacimiento para acá todo empezó a venirse a pique. Y hoy en día vivimos las secuelas de un mundo industrializado que intenta mantenerse en pie, con la amenaza de una catástrofe ambiental nunca antes vista, y con la alerta de una conquista de androides que, primero nos quiten los trabajos, y luego, las cabezas.
Pues bien, este no es el caso. Para la autora la pregunta por la Utopía desborda lo social y distópico. Su interés se centra en la cuestión de la Identidad. Volvemos al Yo visto desde el Ello freudiano. Su pregunta es por ¿Quién es? Pero para responderla sabe que debe entender primero ¿Quién ha sido? Y quiénes fueron los artífices de eso que he sido hasta ahora. En otras palabras. Su familia. Entendiendo esto Laura Gómez emprende la aventura cinematográfica, que abarca muchos factores, entre estos el acopio de archivos, digitales y análogos; armándose con casetes donde ella-versión-niña jugaba a ser la presentadora estrella de MTV nunca contratada. Con esto deja claro que no es un capricho lo que hace, sino que, por el contrario, está condenada a hacerlo. Es otro héroe trágico que no tiene más remedio que traducir lo que piensa y siente, a través de cualquier medio artístico, en su caso, el gráfico y visual.
Es pues ella la protagonista de su ópera prima. Es ella, con cámara en mano, quien se revisa y se interpela, tomando lo más fresco y atractivo que tiene sobre la mesa. Su padre. Fernando Gómez y su madre, Ruby Hincapié Velásquez, ambos ex militantes del partido Comunista colombiano y ex miembros de la UP. (Unión Patriótica) Partido político exterminado por grupos de extrema derecha, auspiciados por fuerzas oficiales del Gobierno, a finales de los ochenta y principios de los noventa. (Herida que nunca sanará)
Gran parte de la peli se mueve alrededor de estos dos personajes, principalmente sobre el padre, Fernando, quien resulta ser encantador ante la cámara. Quizás por su manera ingenua de ver el mundo actual o quizás por su ferviente devoción al Socialismo y al fantasma de la Unión Soviética. Un héroe de mil batallas que ahora lucha por no olvidar ninguna de sus luchas.
En algún momento algún espectador desprevenido podría pensar que el protagonista en esta peli es el padre. Pero no. Él es el rey del tablero de ajedrez que a Laura le tocó jugar en esta línea de tiempo. Es su rey. Su sol. El centro donde giran los demás astros. Incluyendo el más bello. Su madre, la luna. El polo a tierra de una casa minada de otras dos lunas. Don Fernando es la subtrama que sostiene gran parte del film y nos lleva a pensar en esa canción de Charly García, titulada “Los dinosaurios”.
“Los amigos del barrio pueden desaparecer
Los cantores de radio pueden desaparecer
Los que están en los diarios pueden desaparecer
La persona que amas puede desaparecer”
¿A dónde fueron a parar los ideales socialistas que por décadas alimentaron los sueños de muchos revolucionarios? ¿En qué se han transformado? ¿Persiste aun el germen revolucionario? Muchos dirán que no. Que quedó el ismo hecho moda. Otros dirán que sí. Que el espíritu revolucionario persistirá en las juventudes, mientras siga existiendo opresión a los pueblos. Cada quien lo mira desde su prisma idiológico. Lo cierto es que -Y lo vimos en el Estallido Social, aquí en Colombia y hace poco en las revueltas en Chile, en Francia y en Ecuador. Los jóvenes, y el pueblo cuando llega al límite, explota, y da la vida si es necesario por defender sus derechos. Esto Laura lo expone bien, sin comprometerse. Sin soltar la cámara que nos muestra retazos y heridas que aun no terminan de cerrar. Aquí Laura, como narradora que explora su propia existencia, no se reafirma. Solo pregunta, escucha y trata de entender otras generaciones y otros puntos de vista.
Es aquí donde quiero detenerme para jugar a ser el director suplente. Ese necio crítico que, cruzado de pierna y tocándose la barbilla, dice al del lado: yo lo hubiera hecho así y azá. Es horrible tal cuestión, pero también entiendo, que con flores y palmaditas en el hombro no podemos crecer. Necesitamos la crítica para que vean lo que no vimos. Para que abran trochas que podamos recorrer en la siguiente carrera y proyecto.
Resalto, en primera instancia el diseño sonoro. Magistral. Tanto la captura del audio como el juego atmosférico y musical. Algo muy positivo a la hora de captar la atención y agudizar las emociones en el público. Resalto por igual la propuesta gráfica hecha por la misma Laura Gómez. Con esta no solo se consigue generar transiciones entre bloques testimoniales, sino que se le imprime un sello propio, vanguardista e intimista al film, de principio a fin.
Y expongo a la vez lo único que me hizo ruido, o más bien lo que me faltó desde el guion, la dirección y el montaje. Un momento secuencia límite. Solo uno. Aunque fuera corto. Un momento cúspide verdaderamente álgido, que me hubiera hecho estremecer de mi cómoda silla. Cómo suelen hacerlo los grandes docu-dramas. Pienso ahora en “The Act of Killing” de Oppenheimer, en los documentales de Herzog o en otros proyectos de falso documental, como “El agente Topo” de la chilena Maite Alberdi. Aquí se tuvo con qué y no se explotó. El pusilánime exterminio de un partido político, como la UP. La pandemia del Coranoviirus. El estallido social en nuestro país. La perdida de memoria del ser más amado sobre la faz de la tierra. Se tuvo todo esto para, en algún momento, habernos tocado el corazón con las manos sucias. Pero no sucedió. Hubo timidez. Demasiada diplomacia detrás de cámara. Faltó riesgo. Vísceras. Riesgo. Pensé, por un momento que todo estallaría cuando Ruby, con su bella elocuencia, confrontan al padre junto a Laura en el comedor, pero no sucede. Pensé que pasaría cuando don Fernando nos cuenta de su camarada asesinado, pero tampoco sucede. Nos quedamos con el registro de la crónica que se enuncia y se expone. Pero no se nos lleva al abismo. Simplemente nos lo muestran por la ventana.
Esto, aclaro, es solo una observación subjetiva, un sinsabor que me quedó al retirarme del recinto. Me faltó ese momento en que uno, retiene la respiración y susurra entre dientes “hijuputa” Ese momento, que suele darse al finalizar del segundo, formando un pico o cresta poderosa e inolvidable ante un mar de sucesos, que al concatenarse pueden parecer planos. Pero bien, esto es solo mi apreciación. Algo irrelevante para un hecho tan magnífico como es el nacimiento de una película de una paisana amiga. Hace poco hice un cortometraje de acción drama de 16 minutos. Se titula “SOMOS CAOS” y lo terminé gracias a la producción de VIRTUAL NETWORK / CASA ESCUELA CECOC y al apoyo incondicional de LOS VENENOSOS ACT. Salió lindo, pero qué cosa más difícil. En estos proyectos se van años y mucho dinero. Nada qué hacer. Estamos tocados por la gracias de la locura y en este barco ebrio de Rimbaud lo único que nos queda es seguir haciendo y seguir aplaudiendo a los que hacen. Felicito a Laura Gómez por este primer hijo de largo aliento. Felicito a todo el equipo de producción y postproducción por el profesionalismo y el detalle. Que esta Utopía fílmica empiece a romper fronteras y que sea, la primera de muchas películas venideras. Dios ha muerto. Nos quedó el cine.
[1] NIETZSCHE, Friedrich. Más allá del bien y del mal. Sección cuarta. Aforismo 146
[2] NIETZSCHE, Friedrich. Más allá del bien y del mal. Sección cuarta. Aforismo 161
[3] BEAUVOIR, Simone. “No se nace mujer, se llega a serlo”


