PÍLDORAS PARA UN PAÍS SIN MEMORIA

La astucia del cineasta es combinar formas multiexpresivas. Un sonido siempre por ahí, unos personajes sin sitio, unos paisajes de postales, unas realidades estremecedoras, un tiempo congelado y otro que se va desenvolviendo con matices.

 

Escribe / John Harold Giraldo Herrera

Memoria, un título seco, que al ver la película nos deja en silencio, aturdidos quizás, con una fuerza narrativa que nos dejará pensando; suele suceder que la película empieza cuando se acaba. ¿Qué es lo que tiene una historia tan galardonada y mentada por la crítica? Todo en ella es curioso y no hay detalle que sirva de relleno o no pertenezca a la fuerza de potenciar idearios. Mientras que la mayor parte suele entretenerse con la magia y el esplendor ramplón de las historias de Disney, Memoria es la producción necesaria e incómoda que habla mejor de nosotros. Con dosis de inverosimilitudes, con ráfagas de suspenso, con gota a gota de situaciones, se ha construido una de las mejores películas de toda la historia de Colombia y su modo de contar se vuelve universal, de culto y admiración.

Los ruidos de un país sobresaltado, que prefiere una melosa manera de estar y de ser, sacuden y golpean porque ese estruendo no cesará, y es lo que le ocurre a la protagonista Tilda Swinton, quien hace las veces de Jessica. O lo peor, no olvidar nada. El caso es que Memoria es una obra para sentirla, escucharla, verla, atenderla, dejarse ir, quedar atrapados, molestos, un tanto inquietos y pensantes. No hay de otra, se trata de la producción con mejores calidades que se haya hecho sobre Colombia. El título pone a gravitar sentidos y su puesta en escena hace que cada paso de los protagonistas, sus miradas y encuentros, sus estar melancólicos, ensimismados o en plena situación de quedo, nos llegue con profundidad.

Es tan curioso que un tailandés sea quien haya podido mediar para transmitir mensajes y emociones, donde lo que se celebra es la participación de los otros, de los donnadie, de quienes aúllan en silencio y gritan como si no existiera un eco de retorno. Ustedes pueden conmocionarse con Encanto, y claro son historias para la diversión. Pero con Memoria son estelas para la cognición. Metida en las encumbradas montañas o adherida al frío de la ciudad, perteneciente a los territorios de lo inhóspito o movilizando en la narrativa de personajes simples y dicientes, Memoria es un golpe inteligente dirigido a un país con huecos en su historia, baches muy grandes en sus formas de gobernar y un tanto frágil para contarse.

La astucia del cineasta es combinar formas multiexpresivas. Un sonido siempre por ahí, unos personajes sin sitio, unos paisajes de postales, unas realidades estremecedoras, un tiempo congelado y otro que se va desenvolviendo con matices. De manera que sigiloso y persuasivo cumple con su cometido: por ninguna parte ni ningún sentido se pueden escapar, se trata de la Memoria, ese mecanismo facultativo nuestro que nos lleva atrás, nos mantiene donde estamos y a su vez nos facilita o impide proyectar.

Los intersticios comunicantes, la manera de envolvernos, pero también de soltarnos, el conectarnos con nosotros mismos, el diálogo intercultural y hasta intergaláctico, nos va rodeando. Respiramos, sí, nos sentimos en asfixia, también; es oportuno que nos quedemos embelesados, no hay lugar a dudas, a veces frenéticos y con desbordes; ese es otro toque, nos da rabia, sentimos alegrías y angustias y se van combinando una a una motivaciones y preocupaciones.

¿De qué se trata? Nada más y menos que del poder de estar respirando en un contexto donde caminamos con cargas y quizás sea menester soltar, o llevarlas consigo, para no repetir la ignominiosa forma del destierro. El recorrido es imperdible, su trayectoria va hacia el corazón de las búsquedas y nos aterriza sin pistas.

Nos quejamos de historias impositivas, de transitar los mismos caminos, y llega un ejercicio de encuentro de universos, con un tailandés que además es arquitecto, a quien le llaman Joe (Apichatpong Weerasethakul); una londinense con ascendencia escocesa, la actriz Matilda Katherine Swinton; la cantante e hija de una física y un filósofo de nacionalidad francesa, Jeanne Balibar; un cucuteño, teatrero y activista: Elkin Díaz; un actor con mucha avidez: Juan Pablo Urrego; una productora y casi maga colombiana Diana Bustamante, y un sinfín de personas más con elementos disimiles pero con la capacidad para haber hecho una obra de arte, que queda para la posteridad. Lo más importante es que esas píldoras no queden encajonadas y que sus perspectivas y proposiciones, más sus muestras de disuasión nos dejen con Memoria.

Ficha técnica

Título y año Memoria, 2021
Director y guion Apichatpong Weerasethakul
País y duración Colombia, 136 minutos
Música César López
Fotografía Sayombhu Mukdeeprom
Actrices y actores Tilda SwintonDaniel Giménez CachoJeanne BalibarJuan Pablo UrregoElkin DíazDaniel ToroAgnes BrekkeJerónimo BarónConstanza Gutiérrez
Prodcutora Coproducción Colombia-Tailandia-Francia-México-Reino Unido-Alemania;

Kick the Machine, Burning Blue, Piano Producciones, Illuminations Films, Anna Sanders Films

 

Género Drama