Whisky

Freddy-Alan-Gonzalez-Salazar“Whisky, permiso Marion es distinta, sí doble gracias yo no soy un político por favor yo digo whisky nueve ochenta es Sartre comprendido nunca yo Martinis llénalo firmaré con 367 whisky estabilidad relaciones internacionales Marion whisky treinta y cinco Joe permiso Martinis el problema sécalo sécalo permiso whisky gracias permiso Marion…”. Álvaro Cepeda Samudio, Tap Room.

 Por: Alan González Salazar

Dentro del panorama de la literatura colombiana no ha habido una obra más vilipendiada por académicos y escritores que Opio en las nubes, de Rafael Chaparro Madiedo, Premio Nacional de Literatura en 1992, llevada a las tablas tres años después por Fabio Rubiano, quien tuvo la fortuna de compartir los últimos días de la vida de Chaparro y quien prologara esta edición de Colcultura. Chaparro Madiedo padecía una enfermedad extraña y particular que lo acompañó desde sus veinte años: lupus. Esta cobrará su vida el 18 de abril de 1995 en la clínica Santa Fe, en Bogotá.

En sus pocos artículos y cuentos Chaparro configura un mundo que hasta entonces no parecía tener referencia alguna en nuestra ficción, pues refleja la generación Beat, el cómic con sus tintes futuristas, se sirve del expresionismo, la música de los Rolling Stones, de Mick Jagger, John Lennon y, por supuesto, en la focalización narrativa, del cine con sus imágenes delirantes, con sus “bloques” descriptivos en los que abre una brecha de vacío y absurdo existencial, en últimas, en las palabras usadas como droga.

Al igual que los dos ratones parlanchines de La espuma de los días, de Boris Vian, Lerner, el gato tímido y Pink (Floyd) Tomate, van por los tejados ebrios de noche y tedio, inmersos como Amarilla y Sven en el whisky. El orden secreto en el que gravitan los sueños rotos de los desheredados, la frontera en la que se mueven sus personajes variopintos, con su humor corrosivo motivado por la pérdida del sentido de la vida, si tal cosa existe; síntoma de la gran ciudad, la novela refleja nuestra generación evasiva y alucinada, molida por la muerte y la incertidumbre, efecto colateral de la guerra, así, solo quedan “ganas de escribir tu nombre con whisky”.

Amarilla no sé qué voy a hacer estoy verde y no me dejan salir no puedo llorar no puedo salir”.

Ahora bien, el cuento Tap Room, del libro Todos estábamos a la espera, de Álvaro Cepeda Samudio, publicado en 1954, sirvió de embrión, sin lugar a dudas, a una novela singular como lo es Opio en las nubes. Hablo de Tap Room y su enjambre de voces asordinadas, del ambiente de la taberna, pero con referencias, en estilo y visión de mundo, tan directas en la novela de Madiedo, que al volver sobre éstas cuesta disimular el asombro: su estructura, la forma discursiva, dialógica, opera, ¡con cuánta eficacia!, del mismo modo en Opio en las nubes, que ya no resulta ajena a la potente búsqueda de nuestra literatura, se encuentra en estos dos autores (separados por una brecha de tiempo que se pensaría insalvable) simpatía de genio y renovación. Trip trip trip, qué cosa tan seria… y un poco de soledad y whisky.