Carolina MartínezGran incertidumbre tenemos todos los colombianos frente al proceso de paz, que se adelanta en La Habana Cuba, entre miembros de las Farc y del gobierno colombiano.

Por: Carolina Martínez

El consenso que existe actualmente, es que la mayoría de los colombianos le estamos apostando a la Paz, ya que preferimos un país en paz a uno sometido a una guerra que ya suma más de cinco décadas y un sin número de víctimas, aunque vale la pena aclarar que todos los colombianos somos víctimas del conflicto armado.

Como si se tratara de una receta que tiene mil y un consejos para prepararla, pero que se sabe bien cuál es el plato fuerte, así mismo se está cocinando la paz, sin embargo el postre es lo que nos tiene preocupados, ya que lo que se viene es un post conflicto al cual se le está apostando, pero no con los mismos ingredientes, ya que en este plato se tiene que servir con más delicadeza, pues su ingrediente principal son las víctimas.

Con la Ley de víctimas y la aplicación de la justicia transicional, es necesario empezar a entender el dolor de quienes han sufrido de manera directa los flagelos de la guerra, sin embargo no se puede dejar de lado a quienes no son víctimas directas del conflicto, sino que son víctimas indirectas; ya que todos los colombianos somos víctimas de esta absurda guerra, que de a poco nos ha ido llenando de miedo y de odio, que es en sí lo que se tiene que acabar, para poder hablar entonces de paz.

Ahora bien, hay que analizar con lupa todo lo que se viene encima, pues las cantidades de verdad, justicia y reparación integral, de las cuales se beneficiarán quienes sean reconocidos como víctimas, no son pocas; por el contrario el capital monetario y humano que se tiene que invertir en esta parte del proceso es muy alto; es por ello también que fuerzas oscuras, están y estarán interesadas en intervenir de manera negativa, buscando con esto que el proceso se fracture y por ende no llegue a esa reconciliación que es a lo que ahora se le está apostando.

Al ser, entonces, todos, víctimas del conflicto armado, bien sea de manera directa o indirecta, todos tenemos cabida dentro del mismo; es ahí entonces en donde los gritos de paz y de ¡Basta ya!, son los que más se deben de tener en cuenta dentro del proceso.

Sin embargo, hay que entender que no todas esas voces se van a poder sentar en la mesa de negociaciones, pero vale la pena recalcar que organismos con el Ministerio de Justicia y Derecho y el Ministerio de Agricultura, a través de la Unidad de Restitución de Tierras, están cumpliendo una gran labor al representar a esas víctimas directas en el proceso; logrando así cumplir con los pilares fundamentales de la ley de 1448 de 2011 que son: verdad, justicia y reparación integral. Ya que con una víctima que se sienta bien representada dentro de este proceso, se puede inferir que el trabajo se está haciendo bien y que por ende vamos por un buen camino, por el camino que nos lleve a ese perdón que es el que más se espera con este proceso de paz.

Pero así como es importante la presencia de las víctimas dentro del proceso, es igual o más importante la no re-victimización, puesto que no hay nada más doloroso que el recuerdo de un hecho atroz que acabó con la esperanza de una familia, de un pueblo entero; además hay que entender que estas personas que acuden por ayuda, una ayuda a la cual tienen derecho, son ciudadanas del común y del corriente, no son mendicantes de dádivas estatales y que por lo tanto tampoco solo son parte de las estadísticas.

El otro factor importante por el cual hay que empezarse a ocupar ahora es sobre qué va a pasar con aquellos miembros de las fuerzas públicas que son victimarios, y con los mismos guerrilleros, cuáles serán sus castigos, pues no es para nada descabellada la propuesta del Fiscal General de la Nación, frente a la creación de tribunales especiales para el juzgamiento de este tipo de delitos, que en sí son delitos de lesa humanidad.

En este largo proceso que hasta ahora empieza y que tiene muchos matices, habrá que sanar heridas profundas y seguir mirando hacia adelante, sin olvidar a aquellos que se han ido de nuestro lado, por esta absurda guerra que de a poco nos ha ido acabando.

Mientras más voces se encuentren dentro del proceso, más diversidad habrá en los diálogos actuales y en los venideros, pues así es la única manera de diversificarlos, y de entender que Colombia es un país diverso y que por ende el conflicto se analiza de manera diferente en cada lugar del territorio colombiano.