Del Día D, el 1 de diciembre, al Día 90, el 1 de marzo, la mayoría de los integrantes deben estar concentrados en las ZVTN; del Día 90 al Día 120, el 1 de mayo, el 30% de las armas deben ser entregadas en una primera cuota, la segunda cuota tiene plazo hasta el Día 150, el 1 de junio y el último 40% el Día 180, el 1 de julio…

 

Por Diego Firmiano

En las zonas veredales establecidas por el gobierno, los guerrilleros llegan como un éxodo masivo desde diferentes partes del país. Los combatientes, que son delgados y con el cabello cortado al rapé, traen consigo, estufas, muebles, cuadros y mascotas. Las combatientes vienen con sus esperanzas reflejadas en el rostro, además del fusil, que se convirtió en su esposo desde el día que aceptaron la revolución armada. Son 26 zonas de paz o ZVTN (Zonas Veredales Transitorias de Normalización), establecidas por el gobierno y emplazadas a lo largo y ancho del país.

Arriban en piraguas, en jeeps militares,  a lomo de mula y algunos a pie, con el objetivo de terminar un conflicto sin pie ni cabeza que ha durado más de medio siglo. Sueñan con convertirse en un movimiento político que materialice sus ideas revolucionarias, ideas por las cuales han visto caer a muchos de sus compañeros y también a miles de civiles atravesados por las balas de los ejércitos en disputa.

Estas zonas de paz son la tierra prometida para los excombatientes. El gobierno les ha garantizado una suspensión de las órdenes de captura, reincorporación a la vida civil y un Estado social de derecho donde no podrán ser molestados, o violentados bajo ninguna forma, a pesar de sus historiales de guerra.

La aglomeración de todo lo que en otrora fue el cuerpo beligerante de las Farc debe sujetarse al cronograma de tiempo que se trazó según siglas militares. Del Día D, el 1 de diciembre, al Día 90, el 1 de marzo, la mayoría de los integrantes deben estar concentrados en las ZVTN; del Día 90 al Día 120, el 1 de mayo, el 30% de las armas deben ser entregadas en una primera cuota, la segunda cuota tiene plazo hasta el Día 150, el 1 de junio y el último 40% el Día 180, el 1 de julio, cuando las Naciones Unidas (ONU) tomen las armas y las procesen para cerrar una etapa de guerra en el país.

Los opositores, que no creen en santos ni en milagros, opinan que es irreal que un grupo terrorista deje las armas sin ningún tipo de compensación más que una paz metafísica, que, en esencia, favorece a los empresarios y a los ricos, ya que los pobres deben seguir sembrando la tierra, esperando subsidios del gobierno y haciendo filas en los hospitales.

Su escepticismo versa en la aplicación de la justicia ordinaria a lo que el gobierno insiste en llamar “crímenes menores” y a esa duda se suma que ahora se prevea pagarle a más de 5.000 hombres y mujeres $663.945 (90% del actual salario mínimo) durante 24 meses desde la terminación de las ZVTN, por concepto de sueldo de paz. El corpus negociador estatal se defiende alegando que son “mentiras” contra el proceso y acusan a los medios de comunicación y a la extrema derecha política de ensañarse contra el sueño de millones de colombianos de vivir sin guerra.

Este tejemaneje entre actores políticos y guerrilleros es el show que presenciamos con impotencia millones de colombianos a la espera de algún resultado práctico. Para un gran sector del país la paz es solo una idea kantiana. El porcentaje de votantes habilitados en el pasado plebiscito no paró de demostrarlo.

Sin embargo, más que desmovilización u oposición, lo importante es que nuestro pasado como nación sea zanjado y se inicie una nueva era de sosiego y oportunidades. Esta guerra solo ha servido para convertir en billonarios a los millonarios, y es una verdad evidente que cuando estalla una guerra el país enloquece y la gente enloquece si quiere sobrevivir también.

La historia la escriben los vencedores, pero en este capítulo de la historia colombiana, todos sabemos, no hay vencedores ni vencidos, sino muertos y más muertos, sangre y políticos demagogos. El verdadero milagro es que aun creamos en las instituciones a pesar de la corrupción alarmante en las esferas políticas que nos gobiernan. A desmovilizar pues el odio y la corrupción, y que los políticos también sean incluidos en este intrincado proceso de paz.