ANTES DE TOMAR VACACIONES, LEA LA LETRA PEQUEÑA

“¿Cuáles son los cinco lugares a los que ha soñado viajar”, es una pregunta de los asesores de Trinity Holding Group con la que muchos se sienten ya en el avión, pero terminan sin paseo y sin dinero, según algunos quejosos. En las redes sociales y ante la Superintendencia hay denuncias. El subgerente de la empresa invita a todas las personas que estén inconformes a que vayan a la sede para dialogar con él. Hasta el momento 1054 personas se han asociado, pero el representante asegura que solo 9 han manifestado inconformidad.

 

Informe Especial – Ilustra / Stella Maris

Viajar es uno de los mayores anhelos de miles de personas y para lograrlo ahorran, se endeudan o acuden a planes especiales que les garanticen descuentos para las futuras vacaciones. Y en esta última posibilidad muchos creen, por eso abundan las empresas que aseguran tiquetes aéreos y hoteles con grandes descuentos si se abonan a través de pagos por adelantado, o “membresías”, como las denominan.

Trinity Holding Group es una de tales empresas, con presencia en Pereira -registrada en Cámara de Comercio desde octubre del 2020- y en Bogotá, con registro un mes antes, el 4 de septiembre. Sus asesores se ven con frecuencia en los centros comerciales de la ciudad o a la salida de los supermercados de Cerritos. Apuestan a un público con alto poder adquisitivo y, sobre todo, con disponibilidad de tarjeta de crédito.

Fachada de Trinity Holding en Pereira. Fotografía / La Cola de Rata.

 

“Nosotros, por ingenuos o por ganas de viajar, caímos”, relata Leidy Liset Bermúdez, quien pagó 1.250.000 pesos para acceder a unos prometidos beneficios enfocados en programas vacacionales. “Ellos me contactaron a través de teléfono, me citaron para que fuera a la avenida Circunvalar, supuestamente a reclamar un bono que yo me había ganado por mi manejo de tarjeta (de crédito). Eso fue el 19 de junio, yo fui y allá te cuentan qué es la empresa Trinity Holding y te ofrecen una membresía, donde te dicen que vas a ser socio y vas a adquirir algunos beneficios aéreos, terrestres, nacional internacional, hospedaje”. Este es el momento en el que Leidy Liset no sabe cómo obtuvieron su número telefónico. Además, le mencionaron que fue tenida en cuenta por las compras que había hecho en algunos hiperalmacenes que mencionan en detalle al momento de abordarla. David Jiménez Miranda, subgerente de la empresa, explicó que Trinity Holding tiene puestos en diferentes centros comerciales, “la persona pasa, el promotor la aborda, le comenta de qué se trata y la persona entrega su información. Posteriormente se llama y se invita a venir hasta acá. Algunas personas, tengo entendido, al asesor le entrega un referido, de su hermano, por ejemplo (…) Nosotros lo que hacemos realmente es incentivar al turismo, porque nos hemos dado cuenta de que Pereira es una ciudad que atormenta la pobreza mental y no la pobreza económica. Más del 55 por ciento de los risaraldenses no conoce el mar y es lo que nosotros estamos atacando”. Durante la entrevista, el subgerente presentó diferentes documentos cuyas copias no accedió a entregar.

Leidy Liset inicialmente se negó a la propuesta. La cuota ofrecida era de 125.000 pesos mensuales y la rebajaron hasta 46.000 pesos, pidiéndole luego el coordinador al asesor que estaba con ella que le cubriera con unos puntos el saldo restante. Leidy Liset advirtió que tenía una deuda y solo podría pagar a partir de diciembre, a lo que el coordinador le respondió que podría empezar en ese mes, sin ningún tipo de interés y que se podría retirar cuando quisiera con la respectiva devolución de lo invertido, una parte en efectivo y otra en bonos. Incluso, le sugirieron el nombre de una entidad bancaria para tramitar un préstamo para respaldar la inversión.

Para crear complicidades, dice ella, mientras el coordinador se retira supuestamente a indagar si se le hace un descuento, el asesor le pasó “unas boleticas a escondidas”, para que las llenara sin que el coordinador la viera hacerlo. En ese momento aparece el coordinador y con varios argumentos –según el testimonio– la llevan a entregar su tarjeta de crédito para indagar si tiene cupo para “respaldar el ahorro, porque así lo llaman”.  Terminó cediendo la tarjeta para consultar. “Cuando menos pensé me pusieron a firmar váucher y contrato. Supuestamente era a 48 cuotas, en el contrato aparecen que a 24, ahí ya hay un enredo (…)”. Los cobros por parte de su entidad bancaria empezaron de inmediato y no en diciembre como de manera verbal había pactado con el personal que la atendió.

Retracto del contrato firmado por Leidy Liset Bermúdez. Fotografía / La Cola de Rata.

“Cuando me di cuenta que había caído en una trampa, fui a dialogar con ellos, porque yo me asesoré, y ellos me dijeron que tenía 45 días para retractarme”. El término legal para un retracto de un negocio de este tipo es de cinco  días hábiles. Luego de firmar el contrato tampoco le dieron el regalo con el cual fue seducida en la llamada inicial, afirma. El subgerente mostró varias tarjetas que, según dijo, le son entregadas a las personas que escuchan la propuesta durante media hora. “Es que su tiempo es valioso, nuestra propuesta también lo es, por eso entregamos estas tarjetas regalo avaladas por compañías reconocidas”. Las tarjetas vienen precargadas con diferentes valores.

“Esto es como una fiesta, usted va a una fiesta, conoce a la mujer de su vida, tiene hijos, en esa fiesta le fue bien; si por otro lado usted va a la fiesta y llegando a la fiesta lo roban, y encima de todo la pasa feo allá porque se encontró con una persona que no es de su agrado, usted la va a pasar mal. Entonces hay casos puntuales de cosas que son verdaderamente ajenas a nosotros, y sí, soy consciente de que hay un par de quejas. Para mí no es malo que existan 9, 10, 15, 20 quejas de 1054 afiliados, porque más quejas tienen otros tipos de entidades, incluso bancarias, y la gente sigue la vida común y corriente”, comenta el subgerente, quien afirmó tener título como especialista en gestión de control de calidad. Para ejemplificarlo, mostró los resultados de una investigación que les realizó Incocrédito -entidad que hace seguimiento a la seguridad en el manejo de las tarjetas de crédito, entre otros-, debido a una queja de un usuario, en la cual resultaron favorecidos al no haberse cometido irregularidades, según quedó consignado en el informe mostrado. La empresa no facilitó una copia del informe por ser de uso restringido.

Al referirse a las publicaciones que en redes sociales ha hecho Leidy Liset, “…la empresa está tomando medidas con ese tema de ella, porque está incriminando y utiliza palabras directas… no se tomó el trabajo de colocar supuestos, sino que señala con veracidad y con rigor que nosotros somos unos estafadores”. Incluso la invitó a poner la denuncia por estafa ante la Fiscalía. “Con ella principalmente me gustaría reunirme cuanto antes, si es posible hoy, para ver en qué la compañía la está estafando”.

Un hecho paradójico, que se pudo comprobar al revisar dos de los documentos contractuales archivados en la empresa, pertenecientes a dos personas distintas, es que cada asociado o miembro firma al menos ocho veces, además de poner su huella dactilar en diferentes documentos relacionados con la negociación, incluido el contrato. “Aquí no se le vende nada a nadie que no quiere algo, ni se le obliga, ni se le coacciona, ni se doblega a; simple y llanamente se le muestra, se le hace publicidad a nuestros servicios y si la persona decide, pues lo toma… Hay personas que no lo han tomado”, dice Jiménez.  Añade, eso sí, que “es mejor arreglar las cosas por vía amistosa que llegar hasta un lío judicial”

Leidy Liset manifiesta que en los reclamos posteriores los asesores se pusieron agresivos, afirmando que “los había hecho perder el tiempo”. Luego de dialogar con varias personas terminó acudiendo al retracto dentro de los términos, para así echar atrás el contrato. Para ello envió tal petición a la oficina jurídica de Trinity en Bogotá, vía correo electrónico. “Ellos me contestaron que no me iban a devolver ningún dinero, porque el contrato no se había hecho por internet sino presencial, que yo había podido leer antes de firmar, pero ellos no cuentan con el enredo que le hacen a uno allá”. Este retracto, según un documento mostrado por la empresa, fue negado, aduciendo que no cumple con requisitos previos exigidos para tal tipo de contrato. La decisión no le ha sido comunicada a Leidy Liset. En otros casos, según el mismo subgerente, se ha llegado a acuerdos, incluso con la devolución del dinero invertido, “a pesar de que por ley no estamos obligados a devolverlo, porque las personas están pagando con un dinero ajeno, que en este caso fue facilitado para que esta persona dispusiera de él. (…) El 95 por ciento de las operaciones (se dan de esta forma), entonces nosotros nos basamos en varios decretos presidenciales, dados por la emergencia sanitaria y no estamos contemplando la posibilidad de devolver recurso económicos en dinero físico, sino lo hacemos como lo hace cualquier otro almacén de cadena. Si se quiere desvincular se le hace una nota crédito y se le devuelve en servicios (…) Nosotros somos una empresa con bastante sentido humano, si alguien dice que tiene dificultades, se le pasa al Comité y hay casos en los que se devuelve dinero en efectivo, aún siendo una política no optada por nosotros (…)”.

Al ver que no había posibilidad de arreglo, acudió a denunciar ante la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC), en la sede ubicada en la Casa del Consumidor (calle 14 con carrera quinta, esquina), donde según ella un abogado le expresó que la respuesta de Trinity Holding no se ajustaba a la norma. A Leidy le propusieron además una oferta para el manejo publicitario de su negocio, algo que no está dentro del perfil de las actividades económicas con las que Trinity Holding aparece en Cámara de Comercio, que son las de operador turístico y agencia de viajes. Ante esto, Jiménez comenta que es una empresa con la que tienen un convenio la que ofrece ese servicio de marketing y mercadeo, no propiamente ellos. Añadió que no está facultado para revelar el nombre de tal empresa.

Indagados los funcionarios de la SIC sobre las denuncias conocidas contra Trinity Holding Group informaron que no pueden dar declaraciones porque el proceso apenas inicia en la etapa investigativa. Solo dijeron, bajo reserva, que todos los días reciben dos quejas dirigidas contra esta empresa, incluso algunos días son muchas más. Eso sí, pidieron que todos los que se sientan afectados se dirijan a la entidad para hacerles el acompañamiento legal y, por último, le pidieron a la ciudadanía que lea con mucho cuidado los contratos antes de firmarlos.

 

Buscando un fantasma

Trinity Holding Group es una entidad con registro principal ante la Cámara de Comercio de Bogotá con matrícula 3280245 y con Registro Nacional de Turismo 87864. Sobre el papel todo es legal en la empresa que aparece como una SAS, lo que dificulta aún más la búsqueda. Su representante es el gerente general, Jorge Hernando Lozano Niño, y el suplente es David Jiménez Miranda, quien figura como subgerente. Ninguno de los dos presenta antecedente alguno y su huella en internet apenas puede calificarse como fantasmagórica. El otro socio es el empresario Carlos Luque, de Bucaramanga.

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En Pereira tiene la matrícula 18179450 de octubre 23 de 2020 y activos registrados por 61.200.000 pesos. La sede inicial en 2020 fue en la torre empresarial del Centro Comercial Arboleda y este año se trasladó a un local en la avenida Circunvalar, donde trabajan varios empleados, la gran mayoría de ellos asesores que contactan a las personas a través de llamadas o mediante la entrega de volantes en sitios estratégicos. Para lograrlo, emplean mujeres muy atractivas o en otros casos hombres seductores. De hecho, Leidy Liset afirma que el asesor que la atendió en su momento fue siempre galante con ella, incluso hasta le pidió su contacto.

En su perfil en Computrabajo afirman lo siguiente: “Empresa enfocada a la promoción de servicios turísticos, tenemos como objetivo princípal (sic) incentivar la importancia de tener una cultura vacacional y el aprovechamiento de nuestros tiempos de ocio. Manejamos todo tipo de viajes ,laborales ,vacacionales en grupos grandes /pequeños /familiares o individuales”. Trinity Holding Group no tiene página web, tampoco un perfil en redes sociales. El subgerente de la empresa afirmó que en el momento la están preparando, con “el aval internacional de un motor de búsqueda para compras inmediatas en el sitio web. La página existe, está en construcción…”.

Algunos de los comentarios que aparecen en redes sociales sobre Trinity Holding. El subgerente de Trinity considera como “muy cobarde atacar por una red social, que (mejor) viniese aquí (…) detrás de la pantalla de un celular todos somos valientes y todos señalamos y todos juzgamos”. Fotografía / Facebook.

Tres de los que se sienten afectados en su patrimonio -entrevistados por este medio- comentaron que las personas que los abordaron siempre son muy persuasivas, incluso halagadoras para seducir a los posibles clientes. Por ejemplo, Juan David Giraldo, otro de los denunciantes, comentó que fue abordado al interior de un centro comercial por dos mujeres jóvenes exuberantes, altas, de apariencia costeña, ante quienes se sintió hasta apenado por no ceder inicialmente a sus pedidos de vincularse a la oferta. “Se le sientan a usted a pelarle las piernas ahí”. A él le ofrecieron un bono para pasar dos noches en un hotel campestre en Quindío. “Cuando se acerca uno por el bono lo embaucan (…) el bono en realidad es ficticio (…) es un volante”, añade. Juan David pagó con tarjeta de crédito varios millones de pesos. A pesar de que luego pidió cotización para un plan vacacional en el país, luego de recibirlo no obtuvo respuesta adicional alguna. “Ellos no contestan mensajes de correo ni de whatsapp. Escribo para hacer cotización y no me contestan”. El subgerente afirma que Giraldo es beneficiario de un contrato, pero la firmante del mismo es otra persona. Para el efecto, mostró un contrato a nombre de Carolina Giraldo, persona a la que se le han respondido los mensajes enviados por correo electrónico, según se pudo comprobar.

Edilberto Celis es un trabajador de plaza mayorista, comenta que recibió una llamada por teléfono diciéndole que se había ganado un mercado. Asistió a la sede junto con su esposa para reclamar el premio y se vio envuelto en lo que todos los entrevistados denominan como una estrategia para enredarlos. A pesar de negarse de manera reiterada, al final pidió que firmaba el contrato si este diera inicio a fines de año. Lo grave de su testimonio –además de que fue también urgido a hacer un desembolso con tarjeta de crédito– es que mientras uno de los asesores le hablaba otro se llevó la tarjeta, fuera de su mirada, para consultar si tenía fondos y regresó con un váucher. Lo demás es la misma mecánica: no sabe en qué momento terminó firmando algo que había negado debido a que tiene otra deuda en el momento. Aunque recibió el bono –un volante– cuando fue a reclamarlo “estaba en ceros”, según sus propias palabras.  Edilberto tampoco sabe cómo consiguieron su número. Pero en la empresa reposa documentación donde no solo aparece repetidamente la firma y huella de Edilberto, también la de su esposa. El subgerente afirmó desconocer detalles de lo que se prometió en el momento de la firma del contrato porque no estaba allí presente.

Otro hecho particular en el caso de Edilberto, quizá el más afectado debido a su ocupación económica, es que ha sido el más insistente para que le devuelvan el dinero cubierto con su tarjeta de crédito, pero siempre ha tenido como respuesta diferentes disculpas o promesas incumplidas cuando se dirige a la sede de la Circunvalar, asegura. En una de esas visitas como reclamante le exigieron que abriera una cuenta bancaria en la misma entidad en la que le pidieron a Leidy Liset tomar un crédito para cubrir lo que ellos llaman “ahorro”. La decisión de que abriera una cuenta con acceso a fue a petición del subgerente Jiménez. “Yo mismo le pedí que fuera a Davivienda y abriera una cuenta de ahorros y le hicieran acceso a la app, porque él me dijo que necesitaba el cupo de la tarjeta Éxito, que la cuota de manejo, que los intereses…”.

Otro de los denunciantes, cuyo proceso ya está en manos de la SIC, es Juan Alberto Salazar, profesional en un hospital. Según manifiesta, fue llamado a su teléfono celular para informarle que “dado el buen manejo de mi tarjeta de crédito me había hecho acreedor a un bono del cual podía obtener un premio de 50.000 a 200.00 pesos en productos del almacén Éxito o un hospedaje en un hotel ubicado en el Quindío, llamado Casa Finca Manantial, dos días pagos para 4 personas. Todo esto por el solo hecho de ir a conocer la empresa y los servicios ofrecidos, siempre me aclararon que no eran ventas”.

A Juan Alberto le ofrecieron comprarle una deuda pendiente con otra entidad similar, con la promesa de que “en menos de 15 días devolvían el dinero y yo podía pagar o abonar el dinero a la nueva membresía (de Trinity Holding), que ellos hacían el trámite para que la otra entidad hiciera la devolución del dinero, aunque no en su totalidad”.

“La empresa Trinity Holding Group a través de sus asesores abusaron de mi buena fe. Me indujeron a error, usaron mentiras y como si fuera poco, en el contrato no consignaron ninguna cláusula para la recuperación del dinero”, concluye Juan Alberto. Como en los otros casos reseñados, tampoco tuvo el regalo prometido por asistir a la sede de Trinity. Y la millonaria inversión –más de cinco millones de pesos– está embolatada, según sus propias palabras.

Para terminar la entrevista, el subgerente Jiménez invitó a las personas denunciantes a conversar con él. “La verdad es una moneda de dos caras. Yo conozco una cara, pero me gustaría hablar con todas las personas que usted ha comentado, una a una, y que expongan el caso, porque toma tiempo. Toca buscar contratos, toca hacer unas llamadas, por decir algo, por correo y demás”. Por ahora, la regional de la SIC está enviando las denuncias a Bogotá y asesorando a quienes se sienten engañados, según sus palabras.