En busca de las semillas nativas: nuestras raíces. La preocupación por la constante desaparición de semillas nativas, incentiva a agricultores del departamento de Boyacá a la tarea de su recuperación

Arturo Ruiz, papicultor de Ventaquemada, camina con tranquilidad entre las hectáreas de cultivos de papa. Foto: Sebastián Contreras Arturo Ruiz, papicultor de Ventaquemada, camina con tranquilidad entre las hectáreas de cultivos de papa.Foto: Sebastián Contreras Arturo Ruiz, papicultor de Ventaquemada, camina con tranquilidad entre las hectáreas de cultivos de papa. Fotos Sebastián Contreras

Arturo Ruiz, papicultor de Ventaquemada, camina con tranquilidad entre las hectáreas de cultivos de papa. Foto Sebastián Contreras

Por: Laura Acevedo, Juliana Acevedo  y Sebastián Contreras

La papa es un alimento básico de la canasta familiar colombiana, es un producto rico en nutrientes: solo en la cáscara hay más de 60 fitoquímicos y vitaminas que contribuyen favorablemente, entre muchas otras cosas, al fortalecimiento del sistema inmunológico, a que las arterias se mantengan limpias y a la generación de nuevas células.

Es un ingrediente flexible en la preparación de alimentos comunes en la gastronomía de Colombia y el mundo: papa guisada, puré de papa, croquetas, chips, papa rellena, horneada, cocinada, picadita en las lentejas, en las sopas, y las famosas papas a la francesa, entre otras. Según el DANE, anualmente cada colombiano se come aproximadamente 65 kilos de papa, siendo uno de los alimentos indispensables en el plato de los colombianos.

Los productores de papa diferencian su producto unos de otros por el costal, este es el que utiliza @grosemillas Boyacá. Foto: Juliana Acevedo

Los productores de papa diferencian su producto unos de otros por el costal, este es el que utiliza @grosemillas Boyacá. Foto: Juliana Acevedo

Sin embargo, en Colombia uno de los alimentos más reconocidos, oriundo de Boyacá, es la arepa boyacense, una arepa hecha de maíz dulce y rellena de queso cuajada. Se presume que en Ventaquemada, municipio del mismo departamento, se elabora la mejor arepa boyacense del país e incluso se realizó la arepa más grande del mundo en este frío y hermoso lugar. El departamento de Boyacá es una región colombiana con alrededor de 1’287.061 habitantes, y uno de los principales productores de papa del país. Al llegar a sus hermosos páramos llenos de niebla y con temperaturas de hasta dos grados bajo cero, se pueden encontrar hermosos cultivos de papa que harán pensar en un delicioso cocido boyacense o un apetitoso ajiaco.

Ventaquemada se ubica a media hora de Tunja, la capital del departamento; y, al igual que en la mayor parte de este, su principal producto agrícola es la papa. Allí se encuentra la vivienda de Pedro Briceño, director de la Cooperativa Integral de Productores de Papa de Ventaquemada (Coimpaven), un cultivador y defensor de las buenas costumbres agrícolas y del mercado en el ámbito de la papa.

Foto: Sebastián Contreras Director de la Cooperativa Integral de Productores de Papa de Ventaquemada – Coimpaven

Director de la Cooperativa Integral de Productores de Papa de Ventaquemada – Coimpaven 

Pedro lleva muchos años apoyando e intentando ayudar a sus colegas, difundiendo y enseñando lo que considera buenas prácticas para la intervención agrícola, enfocadas en la papa. Él expresa que “si en Colombia hubiese más gente que se sentara a analizar qué es lo que siembra y come, hoy en día la agricultura sería más sana”

Papas de colores

En el municipio se conservan variedades de papa nativa que se creían perdidas, siendo el caso de las extrañas y hermosas papas de colores, con vetas moradas, amarillas, negras, y más. Algunos agricultores se han inclinado por conservar las semillas de estas e incluso intentar recuperar otras variedades que para algunos son desconocidas.

Existen tres tipos de semillas, las semillas nativas: que son las semillas que han sido utilizadas desde hace cientos de años y su origen está arraigado a la evolución agropecuaria, sin modificaciones de mano del hombre; las semillas híbridas: que son  modificadas bajo el proceso de polinización con otras semillas de la misma especie; y las semillas transgénicas: que son modificadas genéticamente con otras especies de fauna o flora (aún en investigaciones en la semilla de papa).

Por: Laura Acevedo

La transgénesis, en la semilla de papa, es un tema que sigue en investigación. En Colombia, la Polilla Guatemalteca es la plaga que más afecta los cultivos de papa, desde que el gobierno dejó entrar un cargamento de papa desde Guatemala que traía el insecto, cuentan algunos campesinos. Por consiguiente, se están llevando a cabo investigaciones  en el mundo para crear una semilla que permita la germinación de un cultivo que repela esta gran plaga. Colombia es el país con mayor avance en esta investigación con dos entidades que se han encargado de su desarrollo: la Universidad Nacional de Colombia y la Corporación para Investigaciones Biológicas (CIB), de Medellín.

Por: AgroBio- Asociación de Biotecnología Vegetal Agrícola

Suministrada: AgroBio- Asociación de Biotecnología Vegetal Agrícola.

“No queremos que la papa sea transgénica porque es un producto de la canasta familiar y no se sabe que contraindicaciones pueda traer el hecho de consumir diariamente estos productos, nosotros como campesinos, vendemos salud”, dice Cesar Pachón, vocero de Dignidad Papera. Sin embargo, la semilla transgénica de papa hasta ahora no está aprobada en ningún país del mundo y su proceso de investigación es un enigma. Aunque hay una gran posibilidad de que sea una semilla comercial y registrada en Colombia en un futuro cercano, por ahora se seguirán sembrando las semillas nativas y, principalmente, las semillas híbridas.

Las modificaciones híbridas se han creado con el fin de generar semillas de papas más resistentes a plagas, cambios climáticos, y cultivar papas más grandes para la industria (mismo fin de las semillas transgénicas en otros productos agrícolas). El objetivo ha sido cumplido pero esto ha generado un desplazamiento de las semillas nativas que siempre cultivaron los campesinos colombianos, llevando al desconocimiento de algunas clases de papas nativas o a su desuso.

 

 

  • Chips de papa nativa, servidos en un restaurante típico de Ventaquemada
  • Chips de papa nativa, servidos en un restaurante típico de Ventaquemada
  • Cortesía: Pedro Briceño Hilera de papas listas para recoger.
  • Cortesía: Pedro Briceño
  • Hilera de papas listas para recoger.

 

 

En las tiendas de abarrotes, supermercados, y hasta en la tienda de la esquina, se pueden encontrar papas como la R12 o Diacol Capiro, Pastusa Suprema o ICA Única, siendo generalmente las más compradas; todas estas derivadas de semillas híbridas. Y sólo algunas clases de papas, producto de semillas nativas, han logrado mantener un puesto en el mercado, como son la Tuquerreña o Sabanera, Criolla o Yema de huevo.

Los campesinos han sido obligados a utilizar semillas híbridas dejando de lado sus cultivos originales o en pequeñas medidas, debido a las nuevas exigencias del mercado. Pedro dice que es mejor que les enseñen y ayuden a buscar el mercado, y no a cómo sembrar. “Nosotros llevamos años haciéndolo, pero cada día se nos cierran más los mercados. Llega uno y se estrecha, no hay precios de sustentación y muchos de los productos los pagan menos que el costo de producción”.

 

El mercado de la papa

Existen varios puntos que han desmejorado la oportunidad de mercado para los pequeños productores de papa, entre ellos los constantes y brutales cambios climáticos de los últimos años que han dañado grandes cosechas y no han permitido florecer otras. Por consiguiente, algunos campesinos no están cultivando nada debido a la falta de agua. Filiberto Rodríguez, cultivador de papa en Tunja, dice que “si esto sigue así vemos acercarse un problema de seguridad alimentaria. Hay que buscar soluciones, los distritos de riego no dan abasto porque no se renueva el agua”.

Foto: Sebastián Contreras Filiberto Rodríguez, agricultor de papa de la ciudad de Tunja

Filiberto Rodríguez, agricultor de papa de la ciudad de Tunja. Fotografía / Sebastián Contreras

“La producción ha bajado, porque hemos sido perjudicados por el fenómeno del Niño. En un lote que sembrábamos, sacábamos dos mil bultos, pero por el verano sacamos solo mil. Lo único bueno es que mucha demanda poca producción aumenta el precio. Los pequeños cultivadores no siembran, los que sembraron, por falta de agua y por la polilla, se les murió todo”, cuenta William Gutiérrez, gran cultivador y distribuidor en su almacén @grosemillas.El uso de semillas también se ve gravemente afectado, no sólo por los fenómenos climáticos, sino por las regulaciones que intentan instaurar las entidades públicas pertenecientes al sector de la agricultura colombiana. “Al inicio no nos iban a dejar seguir produciendo nuestra propia semilla y teníamos que empezar a adquirir la certificada. Todos sabemos que hay una multinacional llamada Monsanto, que es la encargada de distribuir las semillas en todo el país, y considero que nosotros también podemos producir nuestra semilla libremente, no que tengamos que depender de otros países.

Prácticamente el país que tiene las semillas es el que tiene en sus manos la soberanía y la seguridad alimentaria de los demás países del mundo, entonces por eso nosotros debemos tener nuestras propias semillas, conservarlas; y tenemos que seguir trabajando para recuperar algunas que ya se perdieron”, relata Rosa Elvira, productora de papa en Ventaquemada.

 

Rosa Elvira, papera del municipio de Ventaquemada. Mujer luchadora. Foto: Sebastián Contreras

Foto: Sebastián Contreras

“La semilla que más se siembra es la Ica Única, pero esta semilla es modificada y en la primera siembra da muchas ganancias, en la segunda menos, en la tercera menos y así, incluso ha presentado malformaciones”, narra Filiberto.

No sólo Rosa y Filiberto están inconformes con las regulaciones y las entidades gubernamentales colombianas. También Pedro explica que “las semillas nativas se pueden usar en Boyacá y no pasa nada, pero lléveselas para otra parte y no puede, son propiedad del ICA”.

El Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), es el encargado de la regulación de semillas y siembra en el país. Pero según los campesinos, contrario a una herramienta y ayuda para ellos, esta entidad se ha tornado un mal para la producción y comercialización de sus productos.

Fredy Rodríguez, vocero de Dignidad Agropecuaria, manifiesta que “las semillas certificadas son una mafia, unos pocos, como las entidades gubernamentales (ICA), que lo único que buscan es la mermelada; si uno tiene dinero, tiene palanca. No nos dan incentivo ni capacitaciones para mejorar nuestras semillas, nosotros podemos hacerlo. Un campesino creó una variedad de semilla, Papa Parda Superior, un campesino como nosotros sin estudios de agronomía y pudo hacerlo. Le ha demostrado al gobierno, al ICA, que sí se pueden mejorar semillas”.

El uso de las semillas y la regulación de estas, por parte de las entidades gubernamentales, no es el principal punto de quiebre en el mercado de los pequeños papicultores, existen otras entidades que no permiten su libre producción, aunque ligadas a las anteriormente nombradas.

Los fungicidas (agroquímicos), son utilizados a nivel mundial, tanto en las grandes hectáreas de siembra como en las pequeñas parcelas, para fumigar las cosechas y así evitar grandes pérdidas a manos de plagas. Existen “cuatro variedades de fungicidas: la banda roja, que es la más fuerte en los venenos, la 4; sigue la amarilla, la 3; azul la 2 y verde la 1 (la menos potente). Nosotros estamos dejando de vender la roja porque para exportación no permiten la banda roja (…) Todas las normas de exportación las da el ICA, entonces uno tiene que poner cuidado en lo que le echa al cultivo, la papa la examinan antes de exportarla en laboratorios  y los venenos de nivel 1 y 2 son más costosos”, explica William Gutiérrez, de Agrosemillas.

 William Gútierrez, además de ser productor de papa también es propietario de una tienda de fungicidas. En la imagen se puede ver como expone el fungicida con franja amarilla.

William Gútierrez, además de ser productor de papa también es propietario de una tienda de fungicidas. En la imagen se puede ver como expone el fungicida con franja amarilla. Foto: Sebastián Contreras

Si bien en Colombia es difícil para los pequeños y medianos productores agrícolas la exportación, la reglamentación implementada por las empresas de agroquímicos, como normas de importación o exportación, ha puesto más obstáculos a los procesos para realizar esta labor de mercado cerrando otra puerta hacia él.

En Colombia “Bayer es la más conocida, junto a Syngenta”, comenta Gutiérrez. Estas empresas se encargan, no sólo de vender los agroquímicos “necesarios” sino, de inspeccionar los cultivos que están para la exportación y determinar qué agroquímicos deben ser aplicados y con qué nivel de toxicidad (1, 2, 3, 4), dejando una receta, casi médica, de qué, cómo y cuándo.

 

“Papa nunca hemos podido exportar porque las especificaciones son muy duras de cumplir, lo único es papa criolla a España, allá comprar papa criolla es como comprar almendras, las venden en un tarrito por quince dólares. Con quince dólares acá usted se compra el bulto completo”, relata William.

Foto: Laura Acevedo Flor de la planta de papa.

Flor de la planta de papa. Foto / Laura Acevedo

Vender a otros países es bastante difícil para los campesinos colombianos, pero también lo es para la venta de sus cosechas dentro del propio territorio. Existen muchos intermediarios a la hora de vender y sacar sus productos a un gran mercado: los almacenes, los distribuidores, el transporte y la exhibición en las góndolas de los grandes mercados o almacenes de cadena del país, gastos que marcan un alto precio de venta al público y uno muy bajo en la venta de los cultivadores. “Nosotros vendemos las papas a Súper Inter en Pereira, una carga puede costar 50.000 pesos y uno entra allá y compra un kilo de papas por 1000 pesos y si uno hace la cuenta se hacen como 200 o 300 mil pesos. Todo el dinero se queda en el intermediario”, refiere William.

Foto: Sebastián Contreras Bodega de @grosemillas Boyacá, Ventaquemada.

Bodega de agrosemillas en Ventaquemada, Boyacá. Foto / Sebastián Contreras

Vender papa a las grandes empresas como McCain o Margarita también tienen condiciones, pero el problema realmente preocupante es el precio de compra comparado con el precio de producción, que es bastante alto por los precios de los agroquímicos, abonos y otros elementos requeridos para la siembra y cosecha. Al respecto, William comenta: “el precio del dólar nos ha afectado mucho, lo que antes costaba 10.000 ahora está a 20 o 30.000 pesos. Cuando yo empecé en el almacén hace 12 años uno compraba abono por 30.000, ahora cuesta 86.000 y ustedes compran un paquete de papas Margarita y sigue costando 1000 o 2000 pesos”.

Teniendo en cuenta todos los problemas para sacar las papas al mercado, tanto internacional como nacional, los líderes de cooperativas han tratado de generar nuevas oportunidades de mercado donde puedan vender sus productos, crear marca, usar sus semillas nativas y utilizar sus prácticas de cultivo sin restricciones o requerimientos.

“Tratamos de que haya mercados especializados donde la gente reconozca nuestros productos. Hago parte de un grupo de investigación, de especializarse en mercado, en innovación de productos. Si no hacemos esto quedamos fuera del mercado, nos invade lo internacional”, dice Pedro.

Un paro contra el gobierno

El 19 de marzo de 2016 se llevó a cabo en las principales ciudades del país una movilización por parte de estudiantes y campesinos para hacer frente al Gobierno. El objetivo de esta marcha es denunciar que las promesas hechas  a los campesinos, después del paro campesino de 2014, no se han cumplido y otros grandes problemas en los que las entidades gubernamentales son protagonistas.

 La concentración de los diferentes gremios en que asistieron a la marcha se realizó en la Plaza de Bolívar.

La concentración de los diferentes gremios en que asistieron a la marcha se realizó en la Plaza de Bolívar de Tunja. Foto / Laura Acevedo

Uno de los principales puntos de discusión han sido los problemas que ha generado el Tratado de Libre Comercio (TLC) para los campesinos colombianos, ya que este ha traído distintas complicaciones de mercado respecto a las importaciones realizadas. “De una u otra manera, sentimos vulnerados nuestros derechos como productores. Ya que, tal vez, los TLC en otros países han sido factibles, considero que en nuestro país pueden ser factibles para algunos sectores de la economía, para algunas líneas productivas, siempre y cuando estemos preparados. Uno de los más grandes inconvenientes, es que el país no se preparó para la firma de los Tratados de Libre Comercio, y muchos menos se preparó a los productores, uno de los sectores directamente implicados”, comenta Rosa.

En 2014 se importaron 29 mil toneladas de papa precocida congelada, mientras que sólo se exportaron 1.200 toneladas, siendo este un panorama muy desalentador para los ‘papicultores’. Como ya se había mencionado antes, los procesos para la exportación en Colombia son muy estrictos mientras los países importadores están completamente preparados. Según Rosa, “no se tienen las condiciones para trabajar y mucho menos para competir con la producción de otros países que cuentan con alta tecnología, que tienen costos de producción mucho más bajos que los nuestros, y que además tienen unos mercados asegurados; y que en el mismo país son apoyados sus productos de origen, cosa que no pasa en nuestro país”.

Exigencias de los campesinos, estudiantes y otros gremios.

Exigencias de los campesinos, estudiantes y otros gremios. Foto: Juliana Acevedo

Filiberto comenta que cuando se hizo el TLC no se socializó al campesino sobre cómo iba a ser el asunto y los agarró sin preparación la comercialización de productos como: la leche, los cereales, el frijol y el maíz. Desde la entrada de estos tratados al país el campesino ha luchado por conservar su lugar en el mercado, siendo esta lucha poco atendida por parte de las entidades gubernamentales respectivas, como es el caso del ICA, entifad a la cual se le indagó para conocer su punto de vista sobre esta problemática, pero que al cierre de esta publicación no manifestaba.

“El tema de la regulación de semillas están en mesa de negociación, nuestras semillas nativas nos las han querido acabar, y ellas son resistentes a muchas plagas y cambios climáticos; el Gobierno nos ha querido meter semillas que se degeneran demasiado. A raíz del paro agrario, nosotros recibimos muchas condiciones del Estado, nos prometieron ayuda y este es el momento en que no se han manifestado, se atreven a ayudar a unas organizaciones pero más por asociación política que por ayudar al campesino. Hay organizaciones que solo han ayudado a dos o tres familias y acá en Boyacá somos alrededor de 14.000 familias productoras. Y no tenemos ninguna inclinación política, solo queremos sembrar. Si el Gobierno no nos soluciona nada nos veremos obligados a volver a Paro”, expresa Filiberto, con gran preocupación por su situación y la de sus colegas.

 

El tema de las semillas y el mercado campesino en Colombia es muy preocupante debido a que no se le da la importancia que le corresponde. Mientras parece avanzar el interés por las semillas transgénicas y la producción con estándares internacionales, los campesinos, no sólo de Ventaquemada o del departamento de Boyacá, luchan por subsistir y llevar a los hogares colombianos productos nacionales de tradición.El debate en este asunto comienza a moverse entre las promesas no cumplidas por el gobierno de turno, la entrada de multinacionales que impactarán la industria nacional y el medio ambiente; y el olvido de los problemas que enfretan y  enfrentarán los campesinos, que son un parte esencial de la seguridad alimentaria. Todo en medio de una agenda de paz y posconflicto. No obstante, es importante pensar, en este nuevo escenario, en las palabras de un humilde campesino como Filiberto, para quien “donde hay hambre, no va a haber paz”.

Foto: Juliana Acevedo En esta imagen se puede apreciar a algunos miembros del gremio papero.Foto: Juliana Acevedo
En esta imagen se puede apreciar a algunos miembros del gremio papero.