Boyacá tiene una tradición agrícola, pero se ha enfrentado a grandes procesos de modernización que han modificado las formas tradicionales. Daniela Suárez reflexiona sobre lo que ha cambiado y cómo son las formas de resistencia de los campesinos boyacenses.
Escribe / Daniela Suárez Ortiz – Ilustra / Stella Maris
Un ejercicio de resistencia a la agricultura capitalista en unidades de producción familiar.
Los usos del espacio rural en Boyacá se han caracterizado históricamente por ser agrícolas, debido a que este departamento posee una gran diversidad geográfica que le ha permitido desarrollar una alta capacidad de producción agraria. Por ello, este se ha configurado como “la despensa agrícola de Colombia” junto con Cundinamarca, para el 2020 según “los registros semestrales del Sipsa, sobre los despachos de alimentos de los departamentos a las ciudades, resalta que la región Cundiboyacense es la encargada de colocar casi 20% del abastecimiento” (López, M. 2020) en donde el primer lugar es ocupado por Cundinamarca con un promedio anual de 10,1 millones de toneladas de alimentos y, en segundo lugar se encuentra Boyacá con un promedio anual de 6,1 millones de toneladas de alimentos que se mueven entre regiones.
Es importante mencionar que este departamento posee unas características que hacen parte también de las dinámicas que configuran las formas de producción agrícola que allí se da, principalmente la agricultura capitalista en unidades de producción familiar entendiendo esta como:
Una forma de producción agraria que se caracteriza por la explotación económica de la tierra, en donde la producción no se genera a condición de subsistencia de quién la cultiva sino con la finalidad de ser vendida en el mercado para generar un valor de cambio o un bien monetario. Por lo que, esta se encuentra vinculada estrechamente a las condiciones del mercado, principalmente al desarrollo y al progreso que tienen que ver con la mayor productividad con menor esfuerzo, ideales que se instalan no solo en la estructura agraria a nivel económico, sino que también, se instauran en los ideales morales, sociales y culturales de los y las campesinas.
Las características anteriormente mencionadas tienen que ver con el tamaño de las tierras, la tenencia de la tierra y los sistemas agropecuarios:
En primer lugar, como lo propone Fals Borda (1957) el tamaño de la tierra en este departamento se caracteriza por la pequeña propiedad o minifundios y el tipo intermedio de fincas. La primera posee un área de menos de 5 fanegadas, estas son generalmente viviendas familiares en las cuales se encuentran dificultades para sostenerse con el producido del lote, por lo que casi siempre deciden irse a trabajar a otras partes; las segundas son propiedades que poseen un área entre 5 y 50 fanegadas.
En este departamento como bien lo retrata Borda (1957) también se encuentran en menor medida los latifundios y las haciendas. Los primeros fueron predominantes durante la época colonial; sin embargo, este se ha retirado del área central y montañosa para desplazarse a la periferia, estas poseen un área de más de 200 fanegadas; las segundas poseen un área de 50 y más fanegadas, la gran mayoría se encuentran en las expansiones de tierra plana que se encajonan en las cadenas montañosas andinas
En segundo lugar, la tenencia de la tierra y la propiedad son fundamentales dado que en Boyacá la mayoría de los habitantes de la tierra son sus propietarios. En tercer lugar, encontramos los sistemas agropecuarios para hablar de ellos primera instancia se hará referencia a lo descrito por Orlando Fals Borda en 1957, quien describió que los boyacenses poseen unas formas de trabajar la tierra que podrían mejorarse debido a que las técnicas que allí se implementan son: la agricultura del fuego, el uso de herramientas como azadón, la pica, la pala de cabo, el complejo de arado rudimentario y la agricultura mecanizada. En general, las formas de siembra y cuidado de los animales se caracterizan por ser tradicionales y poco tecnificadas. Para el transporte de los productos se usa un “intermediario” que fijan los precios semanales, obtienen el transporte y conexiones de venta para las ciudades, estas personas obtienen ganancias mayores que los mismos agricultores.
Sin embargo, este último punto ha cambiado de forma considerable, ya que en la actualidad y con la expansión de la revolución verde las formas de producción se han tecnificado desvinculándose de las formas de los sistemas agropecuarios y relaciones con la tierra tradicionales, para localizarse en la expresión capitalista caracterizada por la monetización y explotación de la tierra en búsqueda de productividad y competencia para el mercado. Por lo cual, los campesinos han relegado la tradición a un segundo plano para así priorizar el uso de agroquímicos, semillas transgénicas y certificadas, fungicidas, herbicidas y maquinaria.
En este sentido, la propiedad de la tierra juega un papel fundamental en el desarrollo de la revolución verde ya que si:
Los productores son propietarios y eso les permite trazar planes de largo plazo, incluir mejoras en sus predios y adquirir préstamos. Es decir, se facilita la transferencia de tecnología desde los centros de investigación hasta los productores, porque tanto ellos como los científicos cuentan con las mismas posibilidades materiales para implementar las innovaciones tecnológicas. Existe disponibilidad inmediata de la tecnología y poder de compra para utilizarla rápidamente (León, E & Rodríguez, L. 2002. Pp5)
De manera simultánea se ha generalizado el monocultivo como forma de uso del espacio, eliminando la producción diversificada de cultivos asociados y la rotación de cultivo, esto ha generado una perdida en la soberanía alimentaria ya que no solo se han reducido de manera preocupante gran variedad de productos agrícolas como nabos, los cubios, variedades de papa endémica, entre otros.
En el departamento de Boyacá se producen aproximadamente 96 productos agrícolas, transitorios, anuales y permanentes que se comercializan en semestre A y B, dentro de los que sobresalen la papa, cebolla bulbo, cebolla junca, tomate chonto, zanahoria, arveja, caña panelera, habichuela, maíz, pepino cohombro, remolacha; frutas como naranja común, manzana, ciruela, durazno, pera, tomate de árbol, lulo, granadilla, feijoa, guayaba y uchuva.. (Gobernación de Boyacá, 2016, pp222).
Sino que también, además de las brechas ya existentes en materia de la calidad de vida rural, se suma una preocupación frente a la capacidad de acceso a alimentos ya que la producción de huertas para consumo familiar se ha minimizado al punto que hay una dependencia con el mercado agrario y sobre todo con la posibilidad de venta del producto que se siembre.
Adicionalmente, se evidencia que hay una influencia en este modo de producción agraria que tiene que ver con la comercialización y distribución de estos productos al mayoreo en el caso de Boyacá, como lo es el ejemplo de Coomproriente una central de abastos ubicada en el municipio de Tibasosa que surte sobre todo a las regiones de Santander y el Llano, que a pesar de ser un ejercicio de cooperativa no posee ningún tipo de influencia del Estado su carácter netamente privado le brinda autonomía en el ejercicio del abastecimiento alimentario en cuanto a la regulación de precios, organización del espacio y funcionamiento interno
En esta plaza se genera un modo de comercialización particular que se caracteriza por que los puestos o locales solo deben vender entre uno y cuatro productos máximo, por lo que la plaza se divide en zonas dedicadas a determinados productos esto genera una relación directa con la producción en donde se promueve el monocultivo a través de la venta no diversificada, asimismo es receptor de grandes cantidades de importaciones de productos como el plátano, la manzana y el ajo.
En el nivel de comercialización, se ha generalizado una estética alrededor de los productos agrícolas, en la cual el consumidor sobre todo en las ciudades exige y busca adquirir productos más homogéneos en cuanto a la presentación de estos, queriendo siempre que estos se encuentren sin manchas, con formas definidas y sin variaciones. Por ello, dentro de los lugares de comercialización se adquieren productos con determinadas exigencias que responden también a las modificaciones hechas por las tecnologías a los productos agrícolas poniendo estás como un determinante de la “calidad” de los productos.
Por todo lo anterior, es fundamental tener en cuenta la estructura agraria actual que desde una mirada económica y productiva se nutre de un sentido dialéctico en donde el todo es inmanente a las partes. Allí, las producciones sociales y espaciales se encuentran en una relación fluida y recíproca determinadas también a través de un devenir histórico, para este caso una era caracterizada por las dinámicas del modo de producción capitalista en su expresión neoliberal. Las plazas de mercado convencionales y los flujos que se mueven entre producción, comercialización y distribución tienen que ver también con una relación histórica que cuestiona ¿Cómo se han producido? Y ¿Cómo se reproduce la organización del espacio en el modo de producción capitalista?
El sistema de producción agraria capitalista se compone de varios elementos como la propiedad, el tamaño de la tierra, la producción, la distribución y comercialización cada uno con unas características específicas que entre ellas conforman una red de interacciones que determinan y que permiten la armonización, el funcionamiento y la permanencia en el tiempo del sistema. Sin embargo, no se debe dejar de lado que alrededor de este se tejen una serie de contradicciones que tienen que ver no solo con la estructura económica sino también con la calidad de vida y las formas de relacionamiento entre personas, tanto como entre personas y la naturaleza.
Pues si bien, la revolución verde como máxima expresión de la producción agraria capitalista ha permitido el incremento en cuanto a las cantidades de alimento producido, no ha generado cambios significativos en cuanto a la eliminación de las inequidades con respecto a la posibilidad de acceso a ellos que es a grandes rasgos la mayor dificultad, además de esto se ha generado un monopolio a nivel mundial alrededor de la producción de implementos agroquímicos y semillas transgénicas generando grandes inequidades en el mercado entendiendo que este se encuentra cooptado por grandes empresas como: Monsanto, Novartis, Aventis y Dupont, poniendo a los productores en desventaja y a la disposición de una voluntad restringida de compra de dichos elementos. Sumado a ello, los pesticidas, herbicidas y fungicidas no dejan de ser tóxicos y con el consumo continuado de alimentos impregnados de dichas sustancias se incrementan también los riesgos a la salud de los consumidores.
La apuesta agroecológica de El Convite Campesino en Boyacá, una alternativa a la agricultura capitalista en unidades de producción familiar:
El Convite Campesino se configura como una organización campesina que busca la construcción un sistema de producción agraria agroecológico que permita contribuir desde su proceso a la construcción de soberanía alimentaria en el departamento de Boyacá. Allí se tejen una serie de relaciones a través de un proceso comunitario y campesino que se da a partir de una relación distinta con la naturaleza rescatando los conocimientos tradicionales del agro, haciendo un contra a la ilegitimidad de los saberes ancestrales que la producción agraria capitalista ha promovido a través de su discursividad.
De este modo, se generan una serie de acciones que no van de la mano con el discurso de “mayor productividad con menor esfuerzo”, pues la agroecología reconoce que hay una serie de biotecnologías diversas que permiten una producción agrícola diversificada, con gran valor nutricional y de una economía campesina sin agrotóxicos (agroquímicos), pero que requiere de un trabajo constante de varias manos que busca no solo la realización del agro con la naturaleza reconociendo que esta también es un ser merecedor de cuidados, y apostando a la economía del cuidado no solo con la tierra sino también con el consumidor al ofrecer productos orgánicos. Estos saberes no se quedan en una relación utilitarista del espacio, sino que por el contrario dan lugar al tejido de una relación de comunidad, que comparte sentires, experiencias y saberes en un intercambio constante.
Un ejemplo de ello se encuentra en Arcabuco, Boyacá en la finca Agroecológica Santa Juana que hace parte de la organización de El Convite Campesino, la cual cuenta con varias unidades básicas de producción como:
- Unidad de bioinsumos: En esta unidad se realiza la producción y almacenamiento de agro-insumos como el humus de lombriz y el Bocachi.
- Unidad de huerta: Está posee una concepción no hegemónica del espacio por lo cual está construida de manera circular y conformada por cultivos asociados, permitiendo la diversidad de productos y su crecimiento protegido por la interacción biológica, asimismo su mantenimiento se realiza de forma manual haciendo uso de los agro-insumos fabricados.
- Unidad pecuaria: Basada en el libre pastoreo y alimentados orgánicamente.
El funcionamiento de esta finca, tiene que ver con una economía circular que no genera desperdicios sino que los transforma a través de las biotecnologías en elementos útiles para la producción, por lo cual se genera una relación de sinergia entre todas las unidades del lugar buscando una sostenibilidad y armonización del proceso, de la misma manera los cultivos y su diversificación dan lugar a la recuperación no solo de los saberes ancestrales sino también a los alimentos endémicos junto con ellos la tradición alimentaria a lo largo de ello fortaleciendo los encuentros y las reflexiones frente a la transformación de un modo de producción basado en la explotación y el utilitarismo por uno construido desde las apuestas del cuidado, del trabajo conjunto y de las solidaridades.
Esta forma productiva es un sistema integral y reciproco en el que las partes interactúan y dan lugar a un ejercicio de tensiones, y posturas de transformación que no solo toman lugar a nivel económico sino que generan una apuesta también por superar los valores impuestos por la producción capitalista tradicional en los que imperan la competencia, la individualidad y la ruptura de los lazos sociales, por el contrario, en esta se tejen las acciones colectivas permitiendo un fortalecimiento de las interacciones sociales y por tanto del tejido social esto genera también una resignificación de lo comunitario.
Por otra parte, se debe destacar que esta apuesta posee grandes dificultades en cuanto a su masificación no solo a nivel productivo sino también en cuanto a la distribución y comercialización, ya que se ha configurado una desigualdad en cuanto a ¿Quiénes pueden acceder a los alimentos orgánicos? Y un obstáculo que se debe superar que tiene que ver con la ampliación de estos mercados hacia la clase popular. Esta tarea, no solo tiene que ver con una apuesta por la necesidad de incrementar la difusión de información, la pedagogía y la acción-participativa en cuanto a la agroecología, sino también con la creación de redes amplias de producción, distribución y comercialización.
Además de ello, una gran apuesta para la difusión e implementación de estas prácticas por medio de los aparatos del estado para generar una transformación del modo producción con mayor fuerza. Allí, es necesario abrir campo desde las instancias de participación ciudadana encaminadas al desarrollo agrario y el medio ambiente como los Comités Técnicos Interinstitucionales de Educación Ambiental (CIDEA) desde las Propuestas Ambientales y Educativas (PRAES) y los Procesos Comunitarios de Educación Ambiental (PROCEDAS).
Cambiar el modo de producción en la estructura agraria implica la generación de una estructura configurada por elementos menos estáticos, más flexibles que permitan la heterogeneidad y la reciprocidad de los sistemas desde una relación dialéctica que privilegie los procesos, los flujos y las relaciones existentes en la agro-ecología, desde una posibilidad de ampliación de escalas para que este se desdibuje de lo local y se tejan relaciones regionales, nacionales e internacionales. Un proceso configurado desde el holismo, y la exploración de futuros posibles con la construcción de apuestas superadoras del sistema como la construida por El Convite Campesino.
La producción agraria capitalista y la agroecología se intersecan en un interés de apuesta al mercado, sin embargo, las partes que allí interactúan en las diferentes etapas que las componen se desenvuelven de maneras alejadas y con objetivos distintos. Por lo que se puede evidenciar la estructura agraria como escenario de lucha política y de confrontaciones sociales, entendiendo la dialéctica como la forma en que la esta se entreteje, de modo que los procesos que aquí se construyen tienen que ver también con construcciones, desconstrucciones y reconstrucciones debido a que hacen parte de procesos en medio de los cuales las disputas, tensiones y rupturas son inevitables.
Si bien, el mercado de la agroecología a hoy no representa una amenaza directa para el modo producción capitalista del agro, la ampliación de su incidencia y su fortalecimiento como un proceso que reconfigura el tejido social junto con la acción colectiva puede masificar su implementación tanto como la diversificación de redes de producción agroecológica que permitan generar contradicciones mucho más fuertes y desestabilizantes para la reconfiguración de la estructura agraria actual.
REFERENCIAS:
Fals Borda, O (1957) “El hombre y la tierra en Boyacá” Editorial Antares. Bogotá; Colombia.
López, M (2020) La región Cundiboyacense se consolida como la despensa de alimentos a nivel nacional. Revista Agronegocios. Recurso en línea, recuperado de https://www.agronegocios.co/agricultura/la-region-cundiboyacense-es-la-despensa-de-los-alimentos-a-nivel-nacional-2965367
Agencia de noticias UNAL (2020) Agroecología renace en Boyacá para cultivar productos saludables. Agronet. Recurso en línea, recuperado de: https://www.agronet.gov.co/Noticias/Paginas/Agroecología-renace-en-Boyacá-para-cultivar-productos-saludables.aspx
Gobernación de Boyacá (2016) Plan de Desarrollo. Tunja, Boyacá. Recurso en Línea, recuperado de: https://www.boyaca.gov.co/images/planes/plan-de-desarrollo/pdd2016-02-D-Productivo.pdf
León, E & Rodríguez, L. (2002) Cuadernos Tierra y Justicia No.4 Ciencia, tecnología y ambiente en la agricultura colombiana. Recurso en Línea, recuperado de: http://www.mamacoca.org/docs_de_base/Fumigas/Cuaderno_04.pdf


