Cefalea electoral en la izquierda. Por qué votaré por Santos

Frente a la izquierda democrática

…Ahora, frente a la credibilidad de los diálogos se debe tener en cuenta que históricamente Colombia no tiene precedentes respecto la forma como se han abordado estos…

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Por: Harol Gonzalez – El maldiciente.

En 8 años de gobierno de Álvaro Uribe se dio un incremento de 154% en los casos de falsos positivos, el más grande de la historia colombiana; se debe decir además, que el mayor incremento fue en el periodo en el que Juan Manuel Santos fue Ministro de Defensa. También se debe agregar que en el pasado paro campesino se abrió fuego ante las protestas dejando en el 2013, 12 campesinos muertos a manos de las fuerzas militares. Para el paro del 2014 hubo 1 muerto en el primer día del paro. Ni Santos, ni Uribe, ni Zuluaga pierden su condición de asesinos.

Las propuestas de gobierno de los dos candidatos sí tienen diferencias, claro está, en aspectos inocuos. Sea quien sea que gane no cambiará sustancialmente las condiciones de salud, educación, empleo, etc. No se hace política social como en el caso de Uribe entregando más de 9000 concesiones mineras para la explotación extranjera o como en el caso de Santos entregando los escasos climas de páramo a las multinacionales auríferas, dejando atrás temas como la problemática de prostitución infantil alrededor de la mina más grande de Colombia, el Cerrejón.

Es claro que los participes de las elecciones tenemos dos opciones que se muestran aparentemente discordantes por la presencia en el plano político de la insurgencia colombiana; de nuevo las FARC entran a intervenir en el plano político electoral a pesar de no haber sido reconocidas como un actor político, sino como un grupo terrorista, hasta ahora en el marco de los diálogos de paz se les reconoce como actores políticos armados, no como grupos terroristas.

Ahora por parte a la izquierda democrática y algunos sectores a nivel político nacional se afirma que las diferencias entre los programas de gobierno presentados por Zuluaga y por Santos para las elecciones presidenciales no tienen mayores diferencias, por ello, como en el caso del Polo Democrático se descarta una alianza con cualquier sector de la contienda y se afirma que la abstención y el voto en blanco son decisiones respetables a pesar de que varios de los últimos videos del senador Jorge Robledo, afirman que el voto el blanco es inútil y favorecedor de las maquinarias políticas al servicio de los grandes partidos tradicionales y la clase dominante del país.

Entre otras cosas, uno de los promotores del voto en blanco y fundador del partido del tomate, Daniel Quintero, fue señalado en varias ocasiones en los inicios del partido de pertenecer a una facción de la derecha colombiana que promovería el voto en blanco para crear división entre los sectores de opinión y así fortalecer la efectividad de las maquinarias políticas. Efectivamente Daniel Quintero fue candidato del partido Liberal las pasadas elecciones a Senado y Cámara.

Varias personas dentro de la izquierda demócrata colombiana afirmaron que apoyarían a Santos por la posibilidad de la paz, el primero de ellos, desde antes de primera vuelta fue el Alcalde de Bogotá Gustavo Petro, ahora se sumaron personas como Clara López la excandidata presidencial, Aída Abella, el Senador Iván Cepeda, Carlos Gaviria, entre otros.

La afirmación referida a la similitud de los programas de gobierno actualmente enfrentados en segunda vuelta dentro de la izquierda y la ciudadanía en general debe ser tomada con cuidado, pues además de obvia, subestima la posibilidad del desarrollo de los diálogos de paz dibujando el conflicto armado como un elemento sobreentendido que representa una cuantía a la hora de hacer un análisis dentro del senado o la academia, pero que a la hora de tomar partido frente al él, representa simplemente una diferencia superflua cuando debería representar la prioridad dentro de la izquierda democrática.

Es apenas lógico que varios sectores dentro de la izquierda democrática centren sus esfuerzos en la oposición política desde el modelo económico y las consecuencias del mismo a la población, pero entrar a afirmar que el número de muertes o las consecuencias de un mal sistema de salud son más significativas que las muertes a causa del conflicto armado deja entrever un postura instrumental, indolente y en cierto grado desconectada de la dinámica y la intensidad del conflicto armado colombiano, que por demás es el más antiguo de occidente.
Se prioriza una postura partidista y se reduce el análisis a una categoría en donde el conflicto armado no representa una variable que afecte, incluso, el mismo modelo económico.

FRENTE A LA PAZ, LA POSIBILIDAD DE PAZ.

La paz negociada en la Habana es criticada desde todos los flancos; se suele argumentar por parte de varios sectores que citando a Lenin en la URSS, afirman que: “una alianza con la burguesía no representa un fortalecimiento al proceso revolucionario, pues solo la organización y lucha popular será lo que permita lograr los cambios de fondo y el derrocamiento de los oligarcas, que ostentan un poder económico que solo podrá ser ganado por el pueblo si lo arrebata por la fuerza”

Aquí se debe aclarar que el apoyo electoral al “santismo” no representa en ningún sentido el fortalecimiento de ningún sector alternativo que decida apoyarlo; por el contrario representa un acto que política e históricamente podría significar un punto de inflexión frente a juzgamientos futuros, cabe resaltar que una decisión tomada a favor del apoyo a un candidato que no representa los intereses de la mayoría del pueblo colombiano por aquellas organizaciones políticas y sociales, no sería asumida desde una postura partidista sino desde un imperativo ético. No desde el apoyo a un programa de gobierno puntual, sino a la posibilidad de paz.

Ahora, frente a la credibilidad de los diálogos se debe tener en cuenta que históricamente Colombia no tiene precedentes respecto la forma como se han abordado estos, pues la confidencialidad de los mismos incluso ahora oficia de nicho para interceptaciones, situación que reafirma cierta hermeticidad dentro del proceso.

No se debe ignorar el hecho de que por parte de sectores de la ultraderecha en cabeza de Álvaro Uribe se produzcan videos descontextualizados y cortados en donde jefes guerrilleros afirman que no dejarán las armas, se realicen interceptaciones ilegales, se haga una férrea oposición a los diálogos, al tiempo que Álvaro Uribe afirma que los paramilitares no tienen victimas en el conflicto, mientras el ex coronel Luis Fernando Borja afirma ante la justicia haber cometido 57 falsos positivos. Esto, inevitablemente configura un importante elemento para el análisis frente a los diálogos.

La paz vendida como apaciguamiento en la clase media colombiana le hace pensar que el fin de una guerra civil interna que lleva más de 50 años y por ende la entrega de las armas por parte de las FARC será la solución a los problemas de fondo del país. Aquí se deben rescatar las posturas que nacieron cuando se anunciaron los diálogos de paz hace más de un año: “la paz no se firma en la Habana, la paz se hace en Colombia y para ello se debe asumir la misma como una construcción histórica; construcción que debe reconocer mínimos rangos de memoria, reconocimiento y reparación a las víctimas, derecho a la verdad” entre mucho otros elementos que los uribistas no están dispuestos a asumir.

FORZAR EL MOMENTO HISTÓRICO

Las FARC llaman a nivel electoral a la construcción de un frente unido. En lo que a mí respecta la construcción de un frente unido no es una postura para elecciones, sino una exigencia histórica de la izquierda colombiana en todos sus matices. Por ello la postura del apoyo al santismo no está relacionada con el apoyo a su programa de gobierno, sino a definir responsables sobre el éxito o fracaso de los diálogos, desarrollo de los acuerdos y construcción de la paz.

Estos responsables no solo se resumen a los actores políticos implicados en los acuerdos y su participación como partidos o movimientos políticos, sino también en la responsabilidad que adquieren frente al desarrollo de los acuerdos y las garantías de participación del pueblo colombiano en la construcción de la paz. Abarcan también el hecho de la repetición de un posible genocidio ad portas de un proceso electoral en donde participe la izquierda unida, esto es: debe tener responsables sea por ingenuidad o por un crimen de Estado más.

Ahora, en el caso del fracaso de los diálogos tanto el gobierno colombiano como las FARC y el recién sumado ELN tendrán responsabilidades, pues los argumentos que utilicen para justificar la destrucción de las mesas tanto el gobierno como las guerrillas determinará en mayor cuantía la intensificación de dos opciones como lo son: el sustento y popularización de la ultraderecha, argumentando su píe de fuerza en la existencia de las guerrillas o por el contrario llevará al pueblo colombiano a hacer oposición, lo cual significaría un enorme reto de la izquierda democrática en el país.

Se debe forzar el momento histórico del fracaso o éxito de los diálogos. La idea de apoyar a Santos electoralmente no solo crea cefalea, sino repudio, pero más allá de los posibles acuerdos se sustenta incluso en la posibilidad de no regresar a un periodo mucho más intenso de asesinatos y desapariciones en donde se presume se descubrió la fosa común más grande del mundo después de las halladas en el Holocausto nazi, esto en el gobierno de Uribe. Hemos sido éticos y nos han asesinado, es hora de ser estratégicos.

EEUU como es sabido tiene intereses en el fin del conflicto colombiano pues este le genera cierto freno a las operaciones financieras y desarrollistas planeadas en el país; es una responsabilidad más allá del conflicto y los diálogos lograr los niveles de organización necesarios para hacer oposición. Electo cualquiera de los candidatos se realizará, claro está, pero se debe trascender de la oposición mecánica en la comodidad de las sillas del congreso a la posibilidad de que no sigan asesinando impunemente a nuestros compañeros.

La guerra por parte de la izquierda revolucionaria se ha desarrollado, intensificado y argumentado, más allá de las causas del modelo económico y la organización oligárquica de las relaciones de poder, en el hecho histórico de que cuando alguna opción diferente tiene opciones de poder democrático- electoral siempre ha sido asesinada. Igualmente y más allá de los casos históricos como los de los candidatos presidenciales de la izquierda, a diario mueren tanto de un bando como de otro, silenciosos y periféricos anónimos que se nos pierden en la cotidianidad y en las viseras.

Harol Gonzalez – El maldiciente.