…el problema con Monseñor Ordóñez como se le llama en los subterfugios, es un tema que va más allá de camándulas y crucifijos, y es cuando estas convicciones morales se llevan por delante el orden jurídico establecido no solo en la constitución, que según entiendo, es la hoja de ruta con la cual debe manejarse esta patria, sino también por el diagnóstico de la realidad, que en casi todos los casos sobrepasa las estadísticas y las leyes.

 

Por: Miguel Ángel Rubio Ospina

Dicen por ahí, que mientras más se aborrece algo, más cerca se está de  quererlo o acogerlo. En otras palabras, que del odio al amor, o del amor al odio, solo hay un paso.  Pero permítanme hacer una excepción  y una aclaración pertinente.  Yo no siento ni odio, ni mucho menos algún tipo de cariño por el procurador Ordóñez, primero porque no lo conozco, y segundo porque aunque no conocer a nadie no es condición sine quanon para tener afectos por alguien, sus posturas radicales, los odios que difunde y las incendiarias palabras que lanza cada que puede contra las libertades individuales, más que odiarlo, me hacen es despreciarlo

El problema con el señor Alejandro Ordóñez no son sus ideas religiosas. Cada quien tiene su orilla, su vera espiritual, en la cual se siente cómodo, en mi caso prefiero el ateísmo por razones que no vienen al caso mencionar; el problema con Monseñor Ordóñez como se le llama en los subterfugios, es un tema que va más allá de camándulas y crucifijos, y es cuando estas convicciones morales se llevan por delante el orden jurídico establecido no solo en la constitución, que según entiendo, es la hoja de ruta con la cual debe manejarse esta patria, sino también por el diagnóstico de la realidad, que en casi todos los casos sobrepasa las estadísticas y las leyes.

Ordoñez, famoso en Bucaramanga por quemar libros y por su sectarismo conservador, hoy, detenta un cargo que, después del Presidente de la República, es el de más responsabilidades políticas y judiciales en Colombia. Procurador general de la nación, o  jefe del ministerio público.   Procurador que fue reelecto, con todas las artimañas, que la misma ley que él defiende con la cara de una moneda a camándula y espada, por otro lado mancha con prebendas burocráticas, y ego te absolvo a senadores, y otros políticos que sin ser de su partido, tienen rabo de paja, o mucho qué perder, si el manto benefactor de este procurador no los defiende.

Él se olvida por momentos que es un personaje público, y como persona pública, sus consideraciones deben ir medidas por lo que el consenso general quiere, no solo la ley en papel, sino la ley reguladora de la convivencia social, esa que todos sabemos y que nadie a escrito. Esa que debería prevalecer y que él, no como Alejandro Ordóñez  sino como procurador general de la nación, está en la obligación de defender.

Insisto en que sus convicciones religiosas no son el problema. Este país es el país del sagrado corazón, ¿que más podría esperarse entonces de un país así? El problema es lo que Ordóñez causa cuando opina respecto de algunos temas. Uno de ellos, quizá el más polémico al que le ha tocado enfrentarse, es sobre la legalización del aborto, hoy aprobado por el Congreso, en tres casos específicos.  Cuando el embarazo es producto de una violación, cuando este pone en riesgo la vida de la madre, o cuando el  feto tiene evidentemente malformaciones, que le harán sufrir una vida difícil en este mundo.

Sin embargo Ordóñez  desde los estrados  de la Procuraduría,  sale vehementemente por medios a condenar estos derechos ganados en años de debate, lucha política, y movilización, dando a entender que si a una mujer la violan es porque ella se lo ha buscado. No acata o no quiere acatar nuestro procurador, que al decir esto, y condenar el aborto, está agravando un problema que hoy pasa de ser un desliz adolescente, a un problema de salud pública.

Porque en este país,  cada año, aumentan más los índices de embarazos adolescentes en todos los estratos socioeconómicos; cada vez más, vemos niños ya no jugando a papá y mamá, sino asumiendo ese juego ya en serio, sin saber a ciencia cierta, qué es lo que realmente quieren. Cada vez, hay más sueños frustrados, adolescentes que han echado su vitalidad, su imaginación, sus deseos personales, a una suerte de limbo o espera, porque tienen que criar hijos no esperados, no planeados, no planificados, artistas que lavan carros, ingenieros que empacan mercados, científicos que venden cualquier cosa, porque sostener un hijo cambia por completo el proyecto de vida soñado en la adolescencia

En un país donde se regalan preservativos, donde sin ningún costo cualquier persona puede reclamar y pedir asesoría en métodos de planificación familiar, donde los sexólogos y médicos especialistas en salud sexual, informan con lujo de detalles todo cuanto tiene que ver con la sexualidad responsable, desde qué es un ciclo menstrual, hasta cómo se forma un bebé en el vientre de una mujer, todo con minuciosa información; donde solo poner planificación familiar en Google, abre miles de portales donde se puede conseguir información al respecto. ¿Qué pasa entonces en nuestra sociedad que aun sabiendo esto, sigue trayendo niños al mundo, sin siquiera un proyecto de país decente qué ofrecerles? Jóvenes desinformados no son,  hago parte de una generación en la que una gran mayoría de mis coetáneas mujeres tienen un hijo, y son menores de 30 años,  hago parte de esos profesores jóvenes, menores de 30 años, que tienen que ver cómo sus estudiantes menores de 18 años van a clase con sus vientres anchos, sin saber siquiera si van a poder acabar el ciclo de secundaria.

Y que prima, en estos jóvenes, que hoy pueden realizar a plenitud su vida sexual, aparentemente sin tapujos, para que no planifiquen, no usen preservativos? ¿Desinformación? No. Prima un precepto religioso, moral, doble moralista, que personas irresponsables, como Ordóñez, difunden mediados por el odio y por una cierta rancia moral que ya hoy, no hace parte de nuestra escala de valores. El cuerpo, Señor procurador, es territorio donde solo decide quien lo posee  y el debate sobre el aborto, tarde que temprano se abrirá a ser libre, soberano e inconsulto. Los sepulcros blanqueados tendrán que tragarse ese sapo.

La doble moral, decimonónica y de principios del siglo 20 con la que Ordóñez saca pecho en el Congreso, permite que un personaje de siniestras ideas sea hoy el mayor proveedor de cuotas burocráticas, al punto de que Roy Barreras, defensor del aborto, en la legislatura pasada, con argumentos que Ordóñez no pudo rebatir, hoy es su máximo defensor, máxime cuando el presidente del Senado es quien más ostenta cuotas burocráticas en el ministerio público.

Este es el panorama actual de un procurador que más que sentencias judiciales, lo que dicta son sermones dogmáticos, un procurador tahúr, que juega al son que le toquen, pero que no acepta cuestionamientos, que puede demandar una revista por proponer una visión estético erótica de la religión, pero que protege a congresistas cuyos pecados son más graves que una fotos. Y lo peor, suena para candidato a la presidencia de la república. Quiera ese mismo dios del que es adalid y en el que no creo, que  no llegue a la casa de Nariño. Así de paradójico y extremo es el asunto.

DIC 9 DE 2012.