Publicamos un aparte de la investigación “Crisis urbana: el desborde de lo popular en Pereira (1950-1970)”, ganadora de la convocatoria de  estímulos del IMCFT de Pereira en el 2014. Una mirada a un periodo casi desconocido en la historia de la ciudad.

leningrado

Primeros pobladores construyen la entrada al barrio Leningrado, sector de Cuba. La Violencia desplazó a miles de campesinos hacia los centros urbanos, abarrotando así las periferias de las ciudades. Foto cortesía

 

Por: Jhon Tascón, Anderson Paúl Gil y Alejandro Bedoya

A los fenómenos del desempleo y la informalidad durante la mitad del siglo 20 en Pereira, se ligaban el de ilegalidad y la mendicidad. Ya desde el año 1951 era recurrente que desde El Diario se diera aviso público de los operativos policiales en la lucha contra el contrabando y adulteración de licores en la ciudad, a modo de ejemplo:

“Gran fábrica clandestina de licores fue descubierta esta mañana en la ciudad. Dentro de la condena de investigaciones que han venido realizando el detectivismo y los funcionarios del resguardo en lucha para acabar con el contrabando de licores  en Caldas y principalmente en Pereira, hoy fue hecho el sensacional descubrimiento de una fábrica clandestina y el decomiso de gran cantidad de aguardiente  fabricado y de los materiales y aparatos, lo mismo que la captura de los comprometidos. La fábrica se encontraba en Frailes ubicada en la jurisdicción de Santa Rosa”.[1]

Con la dispersión de los elementos socio-económicos que componían la ciudad de Pereira en la década de los años 50, el riesgo de pululación de la mendicidad en el centro de la ciudad aumentó considerablemente, producto de una débil estructura social y económica que permitiera la inmersión de todas las personas a una dinámica urbana. Para ese mismo año, el Alcalde Municipal de PereiraJorge Roa Martínez– consideraba que debido al espíritu generoso de los pereiranos la ciudad había sido invadida por incontables mendigos en las calles y tiendas de comercio, que interferían y mortificaban con su presencia a los ciudadanos, por su actitud de abandono social y falta de aseo, por lo que decide decretar:

“Artículo 1. No se permite la mendicidad pública. Artículo 2. Los mendigos se internarán por ahora en el Asilo de Ancianos. Artículo 3. Los niños-mendigos serán internados en el Hospital Infantil. Artículo 4. La Policía dará estricto cumplimiento al presente Decreto.”[2]

Sin embargo, dichos decretos restrictivos, poco o nada sirvieron para resolver la situación de pobreza extrema que se estaba presentando en la ciudad, puesto que para el año de 1956 por Acuerdo No. 37, la administración pública dispuso la construcción de una casa para aislamiento de mendigos.[3] Para el año de 1966 El Diario de Pereira narraba la ola de mendicidad de todas las edades y colores que se estaban apoderando de la ciudad:

“Diariamente vemos niños semidesnudos, tirados sobre las aceras, solicitando a los transeúntes una moneda, para mitigar el hambre. No sabemos de dónde afluyen tantos limosneros. Pero lo cierto es que la inmensa mayoría de ellos no son pereiranos. El espectáculo que nos presenta la ciudad en relación a la avalancha de pordioseros, es algo que conmueve y contrista el corazón. Porque, a pesar de que muchos de ellos practican la mendicidad como una profesión, hay otros que en realidad de verdad sí necesitan acudir a la caridad pública para poder subsistir. La mendicidad conlleva otros problemas, lo hemos dicho ya, como son la insalubridad, la prostitución, el robo, etc. Sería muy importante que las autoridades competentes, pusieran mayor atención a esta difícil situación por demás vergonzosa, y que implica descrédito para quienes han venido ocupando el primer puesto en materia de civismo en Colombia.[4]

La preocupación de la prensa local también pasaba por denunciar las escenas que a diario se vivían en las calles de la ciudad:

“Pereira, que hasta hace poco conservó el título de ser una de las ciudades más aseadas de Colombia, ostenta hoy en día el de la ciudad mugrosa por excelencia. Las canecas de basura obstruyen todos los andenes; las calles no se barren, los parques no son atendidos y las dos irrigadoras en servicio, solo sirven para regar a las gentes. Por carreras y avenidas se ven cantidades abrumadoras de basura sin que nadie disponga su recolección. La octava en toda su extensión, es un pésimo camino de herradura. En verano el polvo es un enemigo de primer orden, y en invierno el barro es verdaderamente aterrador. De igual modo un 80% de los andenes de la ciudad, se encuentran en mal estado y constituyen un verdadero peligro para los peatones, las cajas de contadores de agua carecen de tapas y los accidentes son constantes.  Otro punto digno de tenerse en cuenta es la mendicidad, la noche pasada, para no ir muy lejos, las entradas de 14 establecimientos comerciarles servían de dormitorio a mujeres con 2, 3 y hasta 4 niños cubiertos con periódicos.[5]

Los discursos emitidos en los periódicos no sólo buscaban poner el problema de la mendicidad en el ámbito de la opinión pública, además se utilizaban como forma para ejercer presión sobre la administración y los funcionarios públicos encargados del tema:

Y ni hablar de los mendigos trasnochadores, es bien doloroso, por decir lo menos, el aspecto que presentan todas las noches, las mujeres y los ancianos que acompañados de una tropa de niños pequeños, se estacionan permanentemente en las aceras y frentes de los almacenes, en donde organizan sus dormitorios a la intemperie y usando como frazada los periódicos y cartelones que se encuentran o que arranca de las paredes. Esto, claro está, resulta detestable y más en una ciudad que como la nuestra, se enorgullece de ser la capital cívica y por ende la capital caritativa de Colombia. Una pésima, una lamentable situación se deben llevar los forasteros, al contemplar este repetido espectáculo de dolor y de miseria. Nosotros nos permitimos llamar la atención de las autoridades pero en forma muy especial del señor inspector de permanencia, don Federico Sánchez, en la seguridad de que este funcionario, con la buena colaboración de la policía, hará despejar esas gentes, a quienes deben obligarse que abandonen sus “residencias” de las aceras y que vayan  a refugiarse en el asilo y en otros sitios adecuados.[6]

En general la crisis que presentaba la  ciudad de Pereira era algo propio de todas las ciudades colombianas en proceso de expansión y masificación. En ciudades como Bogotá, Medellín o Cali, como ya lo ha expresado el cineasta de la pornomiseria Carlos Mayolo, se hacía visible la proliferación de:

Casos de abandono de familia, vagancia infantil, delincuencia precoz, demencia, mendicidad y analfabetismo. Y en un plano más amplio se trata de una gigantesca masa humana que no participaba, ni en los beneficios de su Nación ni en las decisiones políticas y sociales. Víctima de un conjunto de circunstancias, no podían hacer nada significativo para alterar sus condiciones de vida. Su desidia a veces, a veces su estado de ignorancia forzoso, a veces la urgencia dramática de ganar el sustento, a veces todos estos factores juntos y otros, impiden al hombre, a la mujer y al joven marginal hacer oír su voz (Mayolo, 1970).

En cuanto a población pobre que habitaba la ciudad en los años 50 y 60, la zona centro –carrera 5 a 10 y calles 15 a 23– es decir, la plaza de Bolívar y sus alrededores, y los barrios San José, Los Alpes, Avenida Circunvalar y San Luis, tenían menos del 2% de hogares pobres, mientras que en los extremos de la zona sur-occidente y norte de la ciudad donde se encontraban –y se encuentra actualmente– localidades como Ciudad Jardín, Boston, Providencia, Alfonso López, El Río, San Judas, Jesús de la Buena Esperanza, Cuba, Libaré, se contaba con el 84% de hogares pobres y en miseria, barrios piratas, de emergencia y por autoconstrucción. Esto según lo expuesto por Arturo Calle en su libro de 1964 Conflictos familiares y problemas humanos: La familia en zonas de rápida urbanización, estudio sociológico en tres barrios populares de Pereira (Colombia).

 

[1] Gran fábrica clandestina de licores fue descubierta esta mañana en la ciudad. El Diario. Pereira. 07,mar,1951. p,01

[2] Jorge Roa Martínez (Alcalde), Pereira, 09-Sep-1950, AAMP, Decretos, Archivo Central Alcaldía Municipal. Pereira-Colombia.

[3] Evelio Gómez Botero (Presidente del Concejo Municipal), Pereira, 24-Ago-1956, ACP, Acuerdos, archivo Central Alcaldía Municipal. Pereira-Colombia.

[4] Idea Libre, 30, Ago., 1966.Página tres. Biblioteca del Banco de la República.

[5] Pereira  carece hoy por completo de calles transitables, andenes en muy mal estado, la más desaseada de Colombia, la mendicidad. El Diario. Pereira. 02-abr.1954. p, 02

[6] Mendigos trasnochadores. El Diario. Pereira. 16-mar-1953. p, 06.