Oro y agua en el paraíso intocable: San Cipriano

Una semana para los habitantes de un pequeño paraíso llamado San Cipriano, en Buenaventura, es dura y llena de labores. Todos los días explotan sus riquezas minerales e hídricas; ahora agentes externos intervienen en procesos de extracción que afectan de manera directa a la población y sus intenciones de conservar y aprovechar bien los recursos.

Texto y fotografías: Erika Valencia Toro                                                                                                                                                                                                                              

San Cipriano es una reserva natural que poco parece ser conservada. Sus habitantes son sus mayores consumidores y paulatinamente la están llevando al desborde. La minería artesanal, proceso tradicional con el que se suele extraer décimas de oro de sus ríos, no parece ser suficiente, por lo que se hace necesaria la extracción de mayores cantidades con el uso de retroexcavadoras, que ahora alcanzan las 19 cerca a la zona y que aparentemente resultan más convenientes para la población.

San Cipriano está ubicado en Córdoba, corregimiento de Buenaventura. Cuenta con 8.564 hectáreas, y aproximadamente tres kilómetros de área de conservación.

Después de un largo recorrido por la antigua vía férrea en “moto-brujitas”, vehículo particular de la zona compuesto por una tabla con ruedas y el motor de una motocicleta, en la entrada de San Cipriano se observan hoteles, casas, puestos de venta de cocadas y restaurantes para turistas, y al final del recorrido, una inmensa puerta enrejada a la espera de visitantes que disfruten de la vasta zona de conservación y naturaleza diversa.

A su alrededor se aprecian árboles que se unen creando túneles, coronillos en el suelo, cascadas y charcos con nombres como “Peña Azul”, ricos en agua cristalina y en oro; un tema que poco comentan los pobladores del lugar.

San Cipriano es toda una obra de arte, que tiene como autora a la madre naturaleza, pero en los últimos años ha sido intervenida por entidades como la CVC (Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca), que creó senderos ecológicos que atraviesan charcos, muy importantes para la conservación y sustento del agua. Por otro lado, la empresa antioqueña Hidropacífico también ha estado interesada en las fuentes hídricas con motivos diferentes del suministro para la población.

“Desde hace 25 años se ha invertido allá”, dice Eduardo Niño, coordinador del proceso de administración de los recursos naturales y uso del territorio. Agrega que ahora con la Fundación San Cipriano (organización ambiental comunitaria creada para la adminitración forestal y fluvial), la CVC no tiene por qué liquidar proyectos que no le corresponden.

Líder Riesgo, representante de la Fundación San Cipriano, reconoce la autonomía de esta fundación y la importancia de los frutos que allí se cultivan como el chontaduro, borojó, pe pe pam, entre otros. Dicha autonomía se manifiesta en el manejo y la administración de recursos aprovechados en la reserva. “El total de inversión es de aproximadamente 2’000.000, 2’500.000 pesos al mes y abarca los ríos Escalerete y San Cipriano”, comenta Freddy Arboleda, coordinador de guardabosques. No obstante, es evidente la ausencia de proyectos ecológicos

El río Escalerete se une con el San Cipriano y termina desembocando en el río Dagua. En la parte superior del río Escalerete se encuentra la planta de tratamiento del acueducto que surte a Buenaventura, manejada por la empresa privada Hidropacífico, y a partir de allí, hasta el río Dagua abunda el oro, por lo que hay algo más atrayente que sólo riqueza en agua.

La riqueza mineral en manos de los habitantes

Durante el recorrido en la moto-brujita se logra observar el río Dagua. Allí el deterioro ambiental ocasionado por las retroexcavadoras que estuvieron realizando minería ilegal se evidencia con la existencia de huecos en la tierra, desviaciones del río, etc., que a diferencia con la minería artesanal, es mínimo a pesar de que cuenta con mucha mano de obra. Los habitantes andan por la reserva con sus bateas en las cabezas y con palas en sus manos para extraer el oro en pequeñas cantidades y así evitar daños en los ríos.

Elías Riascos es un habitante que lleva 18 años manejando una moto-brujita. En algún tiempo decidió probar suerte, así como muchos, extrayendo oro donde estaban las retroexcavadoras. Cuando los dueños de las máquinas las paraban, daban aproximadamente una hora para sacar balastro y poder encontrar oro,  oficio llamado barequeo. “Los habitantes se beneficiaban de la mina, porque los de las retro les daban trabajo a ellos ahí”, afirma Riasco.

Mientras los habitantes se beneficiaban de la minería ilegal, para Eduardo Niño, como para varios funcionarios de CVC esto no era problema, además afirmaban que las retroexcavadoras no afectaron a la reserva, ni pretendían entrar, “porque realmente el área extractiva que estuvo todo el momento donde se presentó la gran invasión de personal foráneo y nativo de aprovechamiento minero con retroexcavadoras, se hizo sobre todo en la cuenca del río Dagua (…)”

Aunque los funcionarios de la CVC se niegan a entregar declaraciones, pues según ellos es un tema muy delicado, fueron ellos mismos los que hicieron una denuncia pública, como lo comenta Oscar Gutiérrez Botero, director de noticias del reportero Caracol de la emisora Bahía Estéreo, el cual se mantiene al tanto de denuncias o quejas de San Cipriano: “Hubo una denuncia hace algunos días por parte de la CVC, que se encontraron algunas trazas de mercurio (…) se le pidió a las autoridades colaboración para que si algunas personas estuvieran haciendo esta minería ilegal fueran detenidas o pararan. Por fortuna eso no avanzó”.

Gracias a la acción popular que interpuso el juez segundo administrativo de Buenaventura, Jorge Torres, se pudo frenar aparentemente la explotación minera en el río Dagua, comenta El País en una publicación. Por esta razón es que ya no se observa la presencia de retros antes de llegar a la reserva.

Los habitantes prueban su suerte cerca de la reserva o al interior de la misma. Trabajando cerca cuentan con la limitación de los dueños de las retroexcavadoras y adentro solo cuentan con mucha discreción. No obstante, gracias a dicha actividad, los habitantes sobreviven porque en semana la zona es como un desierto, y no hay ingresos por ningún lado. Es una lucha de suerte, donde en días buenos se pueden lograr sacar varios gramos, y otras veces solo décimas.

“Las personas de acá trabajan la minería artesanal (…) hacen un huequito hasta llegar a la peña. Cuando ya llegan a la peña, miran si hay material que pueda tener oro y a través de la batea le dan vueltas, extrayendo los pequeños fragmentos de oro, luego se seguea como le llamamos nosotros acá y ahora sí se va extrayendo el material del oro”, explica John Freddy Aromia, guardabosques de la reserva, y confiesa: “yo iba a barequear donde trabajan con las retro, nos daban permiso, entrábamos y a veces sacábamos entre 10 y 11 gramos”.

“Hay mucha gente que tiene parcelas por allá, entonces a través de eso aprovechan y así hacen minería artesanal, pero no es gran cantidad lo que cogen”, dice Jordin Valencia Martínez, habitante de San Cipriano y estudiante de Desarrollo de la Agronomía. Pero Jordin no alcanzaba a llegar al gramo.

Los habitantes sin muchos ingresos económicos recurren a varios ejercicios dentro de la minería, desde extraer oro, hasta colaborar con los dueños de las retro. Es evidente la presencia de laberintos abandonados luego de la extracción de oro en los alrededores de Córdoba, además por la vía férrea en donde pasan las motos-brujitas se ven otras perforaciones. “Por la línea férrea hay indicios de que se movían elementos de la parte del ejercicio de la explotación minera. Aprovechaban la línea férrea para subir combustible, entre otros materiales”, expresa Niño.

Las personas que caminan entre semana con sus bateas, van en diferentes direcciones dentro de la reserva, pero es evidente su antipatía cuando ven a un forastero. Tal vez tengan buenas razones, una de ellas es el hecho de ser una zona de conservación ambiental y la minería artesanal que allí realizan puede traer perjuicios ambientales.

Los pobladores creen que los daños sólo son causados por quienes contaminan el río con mercurio, pero existe otra razón fuerte para esquivar a los extraños, como bien lo explica Juan Manuel Cavanzo, un joven publicista con intereses ambientales: “llegaron algunos  reporteros, y tomaban la foto y cuando ¡puf! salían en los periódicos, entonces se molestaban un poco, porque salían ellos con esos titulares: la fiebre amarilla”.

Quejas contra Hidropacífico

El agua para el acueducto de Buenaventura nace en el río Escalerete. Es allí en la parte de arriba donde se realiza la captación, allí se encuentra la planta de tratamiento, que viaja por dos tuberías que se logran ver por toda la reserva; ambas llegan hasta un sitio que se llama Gamboa, y allí es tratada y procesada por Hidropacifico, que se encarga de repartirla.

Esta empresa privada asumió el papel hace aproximadamente ocho años. Una vez se liquidó Acuavalle, Hidropacífico la remplazó. Pero en Buenaventura la inconsistencia en el servicio del agua es muy evidente: se interrumpe el suministro a cualquier hora del día, y se puede demorar horas en restablecerse, una situación extraña para los habitantes, porque de la reserva se puede obtener cantidades de agua suficiente para la prestación de un servicio sin interrupciones tanto en época de sol como de lluvia.

El problema del agua en Buenaventura no es algo nuevo, primero con Acuavalle y ahora con Hidropacifico la situación se ha vuelto incluso más crítica. Para la mayoría ésta ha sido una mala empresa, que con su corrupción ha llevado a los bonaverenses a padecer la incomodidad de estar sin agua.

Esta situación ha desencadenado una serie de reclamos por parte de los ciudadanos con respecto al monto de sus facturas, porque se les cobra un servicio que no se les está prestando de manera satisfactoria. Al respecto, el político Luis Arbey Arias comenta: “es una insolencia de Hidropacífico querer dañar la historia crediticia a los usuarios enviándolos a Datacrédito, cuando la prestación del servicio es pésima. Si los reportan luego no tendrán manera de acceder a ningún sistema crediticio”. Esta situación se ha hecho pública, como lo muestra el diaro El País en un artículo publicado el 6 de julio de 2010.

La imagen de la empresa es negativa para la mayoría de los habitantes, como duramente lo expresa Jordin: “ellos solamente están interesados en recaudar su dinero y llevárselo para Medellín.”

Juan  Carlos Avendaño Pinto, instructor y locutor comercial de Buenaventura para Caracol Radio y locutor de Radio Buenaventura, expresa que “Hidropacífico piensa primero en su economía como entidad privada que es”.

Juan Carlos, como muchos otros habitantes que no están de acuerdo con la administración del agua, explica: “Hidropacífico nació hace alrededor de 10 o 12 años, cuando durante la Alcaldía de Jaime Mosquera Borjas, se hizo una licitación la cual fue tildada de ser un poco enrarecida, manifestando inconformidad los habitantes de esta ciudad en razón de que la adjudicación se hizo en un tiempo récord aproximadamente en 15 días, cosa que no es muy normal en una licitación. Debido a esto, la empresa ha tenido una mala imagen desde sus inicios”.

Cuando Hidropacífico entró como empresa nueva, traía consigo nuevas ideas, formas de facturación y administración. Juan Carlos Avendaño explica este cambio, y comenta que ese paternalismo que tenía Acuavalle de prácticamente perdonar deudas y cobrar precios bajos, cambió después con Hidropacífico. “Quienes pagaban quizá una factura mensualmente de 3.000 o 4.000 pesos al mes, saltaron a 20, 25, 30.000 o 40.000 pesos”.

Eduardo Niño comenta: “los recursos que llegan para el acueducto los invierte el Estado, e Hidropacifico no hace más nada, no hacen sino recaudar y recaudar plata, ese es el peor negocio que ha habido en Buenaventura, que Hidropacífico tenga los canales del servicio”.

Ante este panorama, se presentó hace poco en el Concejo Municipal un proyecto que consiste en obras complementarias, de captación y distribución, el cual está proyectado para mediados del año entrante. Se piensa invertir en otra tubería para que haya mayor distribución de conducción y se hará a través de la “Doble AA” (Sociedad de Acueducto y Alcantarillado de Buenaventura).

“Aquí existe la sociedad de acueducto y alcantarillado de Buenaventura, que es la empresa administradora de los recursos de inversión; ellos se la trasladan a los contratistas respectivos para que le hagan la obra, con lo cual Hidropacífico cumpliría con la operación(…) Eso ya pasa a manos como parte de recursos del Estado del Fondo Nacional de Regalías, y el presupuesto va en más de 17 millones la primera fase, y la segunda es como de 32 millones de pesos”.

Dice Eduardo Niño, funcionario de la CVC, que ahora último Hidropacífico solo ha ayudado en la reserva con dos guardabosques, entre ellos se encuentra Orlando Valencia Carabalís. Para Orlando, el problema del abastecimiento de agua para Buenaventura viene desde varios años atrás: “hace unos 8 o 10 años se viene intentando cambiar la tubería de 20, que es la tubería que estaba obsoleta, y este es el momento que no se ha podido cambiar esa tubería. Si en estos momenticos se cambiara una tubería de 20 pulgadas por una tubería más gruesa, Buenaventura se podría decir que tendría agua las 24 horas, y haciendo buen mantenimiento a la planta… ”

El panorama parece complicarse, debido a la reciente captura del exalcalde José Félix Ocoró Minotta, investigado por varios delitos. Ocoró es ficha política del detenido ex congresista Juan Carlos Martínez, sentenciado por parapolítica.

Buenaventura y con ella San Cipriano, no se reponen de las condiciones de extrema pobreza, desgreño administrativo y abandono estatal, que ya parecen ser el emblema de una región rica en recursos y con uno de los más bellos paraísos que pueda conocer un colombiano dentro de los límites del país.