Puente que cruzo: Bertrand Russell

Hace poco más de dos meses veníamos desarrollando una sección dentro de nuestro portal, donde cada jueves publicábamos un ensayo. Ahora, hemos querido reemplazar el Jueves del Ensayo por Puente que cruzo, que se publicará los días jueves y los lunes de cada semana abordando el género del ensayo con mayor periodicidad.  Puente que cruzo hace referencia a una frase del filósofo inglés Bertrand Russell, donde nos invita, en la más espléndida metáfora, a encontrarnos con el mundo del pensamiento y de las ideas. El puente, esa construcción simbólica que lleva de un extremo a otro; que nos aleja de lugares comunes, simples y burdos, y nos acerca a tierras insospechadas, donde todo puede ser posible. El lugar que dejamos puede estar marcado por el sello de la tiranía, la autoridad, las verdades proclamadas; el nuevo lugar es el espacio donde se encuentra la oportunidad de encontrarse con sí mismo y de confrontarse sin miedo ni odios.

Russell

Así, hemos querido comenzar con una reflexión del pensador Bertrand Russell, que le da nombre a la sección. El fragmento que viene es sacado de su libro Historia de la filosofía (Madrid, 2005):

“Al estudiar a un filósofo, la actitud adecuada consiste en no profesar ni adoración ni desprecio, sino más bien una especie de simpatía hipotética, hasta que sea posible ver lo que deba creerse de sus teorías, y solamente entonces un renacimiento de la actitud crítica, que debe parecerse en lo posible al estado de ánimo de una persona que abandona las opiniones que hasta entonces profesaba. El desprecio impide la primera parte de este proceso; la adoración, la segunda. Hay que tener presente lo siguiente: primero, que un hombre cuyas opiniones y teorías valen la pena de ser estudiadas debe haber poseído cierta inteligencia, y segundo, que no es probable que nadie haya llegado a la verdad completa y definitiva en ninguna materia. Cuando un hombre inteligente manifiesta una opinión que nos parece evidentemente absurda, no deberíamos intentar comprobar que está en lo cierto, sino averiguar cómo llegó a tener la apariencia de una verdad. Este ejercicio de la imaginación histórica y psicológica amplía nuestro pensamiento y nos ayuda al mismo tiempo a reconocer cuán necios parecerán muchos de nuestros prejuicios más acariciados en una época de espíritu distinto”.

Todo depende de cruzar un puente.