La educación inclusiva para las personas con discapacidades o capacidades excepcionales es un derecho en Colombia. El gobierno es quien debe garantizarlo; sin embargo, los centros educativos no cuentan con la infraestructura adecuada ni con docentes especializados. Es por esto que las familias son quienes apoyan el proceso de escolarización e integración a la sociedad.

 

Textos y fotografías: Luisa Patiño Pulgarín, Margarita Rojas Torres, Érika Valencia Franco y Valentina Velásquez Sánchez

Tenía siete años cuando tocó la guitarra por primera vez. Sus padres, Gilberto Urrea y Margarita Morales, no dudaron en inscribirlo en una academia de música por los siguientes años. “Era un hiperactivo tremendo, pero una vez sonó por la radio una canción que se llamaba “Esperanza” y como a mí me gustó toda la vida la guitarra e hice cursos y nunca aprendí a tocar nada, entonces él cogió la guitarra y siguió la canción como si nada”, cuenta orgulloso su padre y actual manager.

Paulo y Gilberto, su padre.

Fue en Guayaquil, Ecuador cuando notaron los primeros comportamientos atípicos en su hijo. No prestaba atención, jugaba solo, no hablaba y cuando lo hacía, decía algunas palabras sin sentido. En ese momento tanto Margarita como Gilberto decidieron llevarlo al médico y sin mucho éxito, les dijeron que lo más probable era un retraso mental. Estando en Pereira, después de múltiples exámenes con psicólogos, médicos y psiquiatras el diagnóstico fue otro: síndrome de Asperger.

Una condición que afecta la interacción social, la comunicación verbal y no verbal y la resistencia para aceptar el cambio. Sin embargo, aquellos que la padecen tienen una buena habilidad intelectual y una vida estable si es tratada a tiempo.

Sus padres comenzaron a ayudar a Paulo Andrés Urrea desde el momento en que lo diagnosticaron. Su madre trabajaba mientras su padre le realizaba todo tipo de terapias en casa para ayudarlo en su proceso:

—Nosotros madrugábamos a las cinco de la mañana a trotar y Paulo tenía una cosa que en psicología se llama ecolalia. La ecolalia es que usted le dice: “Hola, Paulo” y él dice “hola, Paulo”; entonces empezamos a trotar, así a lo militar: “¿cómo se llama?”, “Paulo Andrés Urrea”,“¿cómo se llama su mamá?”, “¡Margarita!”.”¿Su papá como se llama?”. Así trotando y hablando, bregando a sacarle más expresiones. Cuando me contestaba algo, parábamos y le decía si es así o no es así.

Aunque al principio tenían miedo por lo que le pudiera suceder, decidieron seguir con el tratamiento visualizando a su hijo como alguien normal, sin importar la discapacidad u condición en la que se encontraba.

Según la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las personas con Discapacidad, “la discapacidad es un concepto que evoluciona y que resulta de la interacción entre las personas con deficiencias y las barreras debidas a la actitud y al entorno que evitan su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás”.

Ian y su abuela Jeannie Posada.

En Colombia, se estima que más de dos millones de personas poseen algún tipo de discapacidad. No obstante, el gobierno no conoce cifras exactas. El Censo del DANE del 2005 captó a 2.624.898 (6,1 %) personas que refirieron tener alguna condición especial; por otra parte, el Ministerio de Salud a través del Registro de Localización y Caracterización de Personas con Discapacidad (RLCPD) ha identificado a 1.342.222 personas hasta el 2017.

Del mismo modo, no existe un dato oficial en el que se indique cuántas personas en situación de discapacidad habitan en Pereira, Risaralda. Dentro de esta población se encuentra Ian Blandón, un niño de cinco años que, cuando estaba más pequeño, solo decía la palabra “agua”, aleteaba, se sentaba en un rincón con los oídos tapados y se mecía; alineaba los juguetes o se acostaba en el piso y giraba. Fue allí cuando a su abuela, Jennie Posada, la empezaron a invadir preguntas sobre qué sucedía con él. Decidió ir a la EPS y Diana, la fonoaudióloga, relacionó por primera vez los comportamientos de Ian con autismo, específicamente con el síndrome de Asperger.

Ian necesitaba comenzar sus clases y al principio se le buscó un colegio donde hubiese inclusión, lo cual Jennie lo califica como absurdo, pues para ella, “es solo colocar a un niño neurotípico al lado de uno típico y que lo traten de adaptar”. Después, se le consiguió cupo en un colegio especializado en niños con discapacidad; sin embargo, según el neurólogo, esto lo podría retrasar porque él tendía a imitar las conductas; por ello debía inscribirse en un colegio privado y pequeño.

Una esperanza

Con base en el informe del Laboratorio de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DescLAB) 2018, Pereira se encuentra junto con Manizales y Armenia en la lista de los Departamentos y municipios con desempeño excelente en inclusión.

En el país, tanto para Ian como para Paulo, la educación es obligatoria y una condición especial o discapacidad no es excusa para desestimarla. El artículo 24 de la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD) establece el derecho a la educación inclusiva de las personas con discapacidad, respaldado en tres mandatos básicos: garantizar la educación de las personas con discapacidad sin discriminación; disponer de un sistema de educación regular que sea inclusivo y, finalmente, que ese sistema esté en todos los niveles educativos y a lo largo de toda la vida.

Ian practica danza, teatro e inglés.

Actualmente Ian estudia en un colegio cerca de su casa, donde cuatro de sus terapeutas le expusieron su condición a sus compañeros y docente, quien en un comienzo se le dificultaba sobrellevar los comportamientos de Ian y decía que: “es que él no me juega con los otros niños”, “hoy se portó muy mal, le pegó a los demás”, “hoy me encendió a patadas porque lo quise parar del piso”. Por eso, recurrieron a medicarlo para controlar su agresividad, aunque finalmente la profesora decidió que no le suministraran más medicina al ver que se ponía muy bajo de ánimo y no era el mismo.

Según el informe del DescLAB 2018, las personas con discapacidad enfrentan un alto riesgo de exclusión del sistema educativo regular en Colombia. De acuerdo con cifras del Sistema de Matrículas Estudiantil (SIMAT), donde se registran a los niños y jóvenes que ingresan a las instituciones, en el 2017, del total de 10.135.110 personas matriculadas en el sistema educativo regular, el 1,92% (194.901) eran estudiantes con discapacidad.

En Pereira, alrededor de 4.589 niños, niñas y jóvenes están reportados en el SIMAT con discapacidad y 638 tienen talentos excepcionales. En mayo de 2019 se le presentó a la ciudad el programa de educación inclusiva para dicho año, en alianza con la fundación Progresa. Según la secretaría de Educación esto se viene realizando desde hace algunos años. Sin embargo, hay quienes se cuestionan por dicho proyecto, pues en el portal Eje 360 el concejal Carlos Alberto Henao aseguró que “esta misma fundación operó el programa en Pereira en el 2015 y fueron varios los problemas que se presentaron, entre ellos trabajadores a los que no se les pagó la totalidad del contrato”.

Con su madre Alexandra.

En total son 93 personas encargadas (entre coordinadores, pedagogos, psicólogos y fonoaudiólogos) divididas en 173 colegios oficiales que hay en la ciudad y donde se debe llevar a cabo el proceso de adaptación e inclusión. No obstante, queda un interrogante: ¿es suficiente personal para brindar el apoyo adecuado a más de cuatro mil niños?

De acuerdo con la plataforma digital pereira.gov.co,

la Secretaría de Educación logró identificar las discapacidades que presentan los estudiantes, encontrando: Auditiva (Usuario de Castellano y de Lengua de Señas Colombianas), Física Movilidad, Intelectual, Lesión Neuromuscular, Mental – Psicosocial, Múltiple, Síndrome de Down, Sistémica, Trastorno del Espectro Autista, Trastorno Permanente de Voz y Habla, Visual Baja, Visión Irreversible, Visual –Ceguera, entre otras.

En los talentos se identificaron: Capacidades excepcionales, doble excepcionalidad, científico, actividad física, ejercicio y deporte, artes y letras, Ciencias Naturales y básicas y Ciencias Sociales o humanas.

Para muchos estudiantes en situación de discapacidad, la educación en Colombia resulta ser básica y general. Tanto la ley estatutaria 1618 de 2013, “por medio de la cual se establecen las disposiciones para garantizar el pleno ejercicio de los derechos de las personas con discapacidad” como el Decreto de Educación Inclusiva, velan porque cualquier persona sea admitida en instituciones de educación preescolar hasta instituciones de educación superior.

Sin embargo, muchos centros educativos no cuentan con la accesibilidad de los edificios e instalaciones, la información y las comunicaciones, los ambientes, los materiales pedagógicos, entre otros.

En su estudio de grabación, Paulo trabaja rodeado por los múltiples diplomas que le han ameritado su destacada trayectoria musical.

Abriendo puertas profesionales

Mientras tanto en la Universidad Tecnológica de Pereira, alma máter de Paulo, Martha Villabona, encargada del área formación para la vida y desarrollo humano, controla los procesos de acompañamiento integral a la comunidad en situación de discapacidad.

Según Martha, en el primer semestre del 2019 se matricularon 36 personas con discapacidad. “Ese número varía, a veces se incrementa y a veces disminuye”. La institución actualmente cuenta con 13 ciegos, 8 personas con discapacidades variadas —como retardo mental (RM), un “niño cristal”, personas con tumores cerebrales, discapacidad cognitiva y motora—, y 15 sordos. Entre las personas con discapacidad auditiva se encuentra Maicol Rodríguez, un joven de 19 años, estudiante de tercer semestre de la Licenciatura en Etnoeducación, a quien el proceso para el ingreso a la universidad fue difícil.

Jeimy Pulgarín, intérprete asignada de Maicol, traduce de él lo siguiente:

—Es complejo el ingreso a la Universidad para nosotros. Siempre nos dicen: “es que es difícil, no pueden”, porque nosotros tenemos que concursar igual que los oyentes. Las pruebas ICFES, realmente no nos favorecen porque estas pruebas no están diseñadas para una comunidad sorda, sino para una comunidad general.

Debido a lo anterior, personas como Maicol estudian carreras como la Licenciatura en Etnoeducación o Administración de Turismo Sostenible porque cierran con puntajes bajos. Así mismo lo evidenció Paulo al momento de presentar la prueba de Estado, según sus padres: “él no era tan bueno en raciocinio ni comprensión y el ICFES nos tenía levantados del piso porque no son pruebas que piensan en ellos. Sin embargo, le fue muy bien”.

Al momento de comenzar con las clases, desde Bienestar Universitario se brindan cinco apoyos socioeconómicos de acuerdo al estrato y situación de discapacidad. Los cuales son: la reliquidación de la matrícula; la monitoría social, donde ellos trabajan dentro de la universidad; el bono alimenticio, donde se les otorga el almuerzo o cena; el bono de transporte y el auxilio de fotocopias. Además del acompañamiento que se le dan a los sordos y a los ciegos con los intérpretes y los monitores de lectura. Existe también una ley que les permite omitir el segundo idioma como requisito de grado.

Paulo fue un alumno sobresaliente cuando cursó la Licenciatura en Música. Entró en el 2007 sin mayor dificultad, porque para ese entonces ya todo el mundo lo conocía como “un buen músico”. Para sus padres, una de las mayores preocupaciones era la aceptación por parte de sus compañeros y profesores:

—En la universidad siempre pensábamos que por su condición iba a ser un poquito discriminado, pero empezamos a ver que por el contrario Paulo desde que entró causó furor por lo que sabía—, dice su padre.

En la actualidad, tiene 30 años y a pesar de tener algunas dificultades en el lenguaje y el manejo del dinero, su vida sigue adelante, “porque del autismo nunca se sale, siempre será autista, pero por lo menos con una superación integradora en la sociedad”, afirma Gilberto. Sus padres lo han acompañado durante su proceso como músico y arreglista. Ha ganado 15 concursos nacionales, entre ellos el Mono Núñez y El Príncipe de la Canción.

Para Gilberto, el trastorno del espectro autista es ausencia, es decir, “el que lo padece está solo en su mundo”. Así mismo, opina que el asperger es “el mal de los genios, ya que ellos vienen con un don”.

Aunque los gustos de Ian cambian constantemente, estos son algunos de sus juguetes favoritos.

Del mismo modo, Jennie cuenta que la neuropediatra le recomendó que buscara los famosos con Asperger:

—Eso me da la tranquilidad que tengo ahora, porque por ejemplo Tim Burton es Asperger y el tipo es multimillonario, Bill Gates, Einstein, Beethoven… todos han sido muy solitarios, todos han sido Asperger. Si todos pudieron, ¿el mío por qué no?

Los terapeutas le han dicho a Jennie que Ian puede llegar a tener casi una vida normal, incluso casarse y tener hijos; es por esto que vive para su nieto y le dedica todo su tiempo. Ian es visionado por su abuela como un hombre activo y productivo; con probablemente dos carreras y siendo un ingeniero inteligente.

Los niños, jóvenes y adultos con discapacidades han sido encasillados. Se les pone un límite a todas las acciones que realizan; sin embargo, son ellos los que demuestran que no existen barreras que no puedan superar. Con lágrimas en los ojos, Margarita cuenta que el camino fue difícil pero que se siente orgullosa de su hijo:

— Él es así, pero se puede superar, vamos para adelante con la ayuda del señor. Y muy para adelante que salió Paulito. Yo me siento muy contenta porque lo veo tan bien, lo veo tan profesional, que lo quieren tanto. Es una bendición.