Aforismos bajo el sol

Presentamos esta selección de aforismos del docente y ensayista cartaginés -que no cartagüeño- Cristian Cárdenas.

Por Cristian Cárdenas Berrío

Sí, maestro Arciniegas, América es un ensayo. Pero con páginas de sangre y verde, pero con folios de rojo y selva.

 

***

 

En no pocas ocasiones la ebriedad no es una fuga de la realidad, sino la comprobación de la existencia.

 

***

 

El alcohol, más que un escape, casi siempre es un encuentro.

 

***

 

El cuento -insisten los teóricos- debe poderse leer en una sola sentada, de un solo tirón; a  mí me suena más que sea en una sola “tirada”.

 

***

 

Nada más indicativo de la precariedad de nuestra condición que entrar en un baño público.

 

***

 

El erotismo surge al ficcionar el amor. El amor, al imaginar la genitalidad.

 

***

 

Nunca he entendido el debate sobre el plagio en arte. La historia de la literatura es una larga crónica del robo a mano armada.

 

***

 

El hombre es una animal narrativo, sola basta ver nuestro saludo: “Bien o qué…?”. En esa conjunción final se encuentra el origen de la vida como relato.

 

***

 

La necesidad de tener dos trabajos, la aventura de responder a dos jefes, requiere de un álgebra delicada: capitalismo dixit.

 

***

 

Nada más lejos del macho alfa promedio que la idea de la descendencia. No, este semental aspira a fundar una raza.

 

***

 

En realidad, una mujer libre y dueña de sí no constituye un desafío para la libertad del macho. La verdadera angustia le surge frente a la imposibilidad de domesticarla.

 

***

 

La definición de lo nuestro pasa por la urgencia de lo propio. Pero lo único nuestro ha sido la épica como forma, nunca el héroe. Asesinatos, ajustes de cuentas, sangre, vísceras… en últimas, Aquiles arrastrando el cadáver de Héctor alrededor de Troya, constituyen, en no poca medida, la identidad nacional.

 

***

 

El escribir siempre moldea al escribiente.

 

***

 

Solo las madres comprenden que todo embarazo es vitalicio.

 

***

 

La lluvia son nubes exhaustas de ser cielo.

 

***

 

Nada tan extenuante como el ejercicio diario del escepticismo. Tener el deber cotidiano de realizar la hazaña vital de Nietzsche y de ese sultán de las «Mil y una noches», al decapitar a Dios cada aurora.

 

***

 

La conciencia de la escritura consiste en comprender que en el principio fue la página en blanco, como la ballena de Melville; y al final será la polisemia -siempre frágil, nunca acabada- de esos trazos que llamamos palabras. Tortura doble, ambas fatigantes, ambas obsesivas. Todos los que escribimos somos el capitán Ahab.