Stanisław Jerzy Lec (Lemberg, 6 de marzo de 1909 – Varsovia, 7 de mayo de 1966) (nacido Barón Stanisław Jerzy de Tusch-Letz) fue un escritor, poeta y aforista polaco. De familia noble judía, es uno de los más importantes aforistas del siglo XX. Cuenta Florian Smieja, su traductor al español, que aunque tenía grandes esperanzas en su poesía lírica, fueron sus aforismos los que le dieron renombre internacional. Su humor es sutil y mordaz, a veces recorrido por claras posiciones políticas. Se le considera uno de los más importantes escritores polacos de la post-guerra y uno de los aforistas más influyentes del siglo veinte. Algunos aforismos de Lec:

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–A los silencios no se les puede quitar la palabra.

–Las más de las veces pierden la libertad los que la desean.

–Grande es el poder de la nada; no se le puede hacer nada.

–La disciplina del arte demanda libertad.

–Los que tienen horizontes más amplios suelen tener peores perspectivas.

–Donde se prohíbe reír, tampoco se permite llorar.

–Ahora que has traspasado la pared con la cabeza, ¿qué harás en la celda vecina?

No os dejéis imponer la libertad de expresión antes que la libertad de pensamiento.

La estupidez no dispensa de pensar.

¡Ojalá tuviera tantos oyentes como escuchas!

También los animales de cuatro patas se ponen de pie sobre las traseras. ¡Qué no se hará por comida y por miedo!

De la mesa del señor caen a veces comensales.

Se puso a cuatro patas como un perro, como a un perro lo mataron.

Aviso para perros: “Cuidado con levantarme la pata” .

La libertad de los esclavos se mide por la longitud de la cadena.

Al derribar las estatuas, respetad los pedestales. Siempre pueden ser útiles.

¿Quieres ahogar la voz de tu corazón? Conquista el aplauso de la multitud.

¡El hombre no está solo! Alguien lo vigila.

Cuando griten: “¡Viva el progreso!”, pregunta siempre: “¿El progreso de qué?”.

–El que sobrevivió la tragedia no era el héroe.

–Seamos discretos. No preguntemos a la gente si vive.

–Hasta la eternidad duraba más antes.

–Aquel hombre compensa su falta de talento con falta de carácter.

–El sueño de los esclavos: un mercado donde se pudiera comprar a los señores.

–¿Es deber de un hombre, cuando encuentre algo valioso en sí mismo, avisar a la comisaría más cercana?

–No te extrañe que el que no huele bien quiera que se le echen flores.

–El caníbal no desprecia al hombre.

–Las cárceles son difíciles puntos de partida.

–El mártir verdadero es aquel al que hasta ese título le niegan.

–A veces es más fácil conceder un premio que la razón.

–Quizá Dios mismo me haya escogido para ateo.

–A veces me da asco pensar que puedo morder en la sardina a un Jonás de la Biblia de los enanos.

–Prefiero el letrero: “Prohibido el paso” a “No hay salida”.

–La vida le toma demasiado tiempo a la gente.

–Todos los dioses fueron inmortales.

–¡Qué viva! Es tan sólo un grito de tolerancia.

–Al hombre verdadero se le reconoce aun desnudo.

La única posibilidad que había allí de respirar era dando vivas constantemente .

Algunos ven por los ojos como por una mirilla.

Lleva un estandarte con colores de camuflaje.

¡Libertad, igualdad, fraternidad! – ¿cómo se conjugan?

El hombre – persona non grata.

Inútilmente se esfuerzan por transformar este mundo de divino en humano.

Cuando quiere soñar con la libertad, se pone un gorro de noche en forma de gorro frigio.

¡Cómo ayuda la ceguera a dar en el blanco!

Todo el mundo se hace su soga al cuello en el color que más le gusta.

Habla sabiamente, el enemigo escucha.

La ventana al mundo se puede cubrir con un periódico.

La superpoblación mundial ha llevado a que en un ser humano viva mucha gente.

El mundo no está loco en absoluto, aunque no está hecho para la gente normal. Está hecho para los normalizados.

En la selva llevan cascos cubiertos con una red de camuflaje con hojas trenzadas. Yo llevo gorro frigio cosido con cascabeles de bufón.

La Tierra: ¡ese punto debajo de un signo de interrogación!

Exigid un resguardo cada vez que hagáis una reverencia.

También los culos llevan máscaras. Por razones obvias.

Cada clase tiene su propia burguesía.