Alguien volvió a segar terrenos junto a sus trabajadores, alguien volvió a salir de caza, alguien tomó el tren, otra quiso probar la tristeza de los rieles por estar ahí y nunca poder ir más lejos.

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Por: Gustavo A. Osorio López

Cuatro países, dos idiomas, un autor: tantas vidas.

A principio de octubre, por iniciativa de los trazos de la sangre —lejana ya de él en la corriente de los años— volvieron a leer mucho. Leyeron por horas aunque no para sí mismos. Dejaron la comodidad del silencio para crear un sonido constante: palabras. Leyeron desde sus casas, desde bibliotecas, desde el fondo de sus cuerdas vocales. Leyeron para que nadie escuchara, porque así fue a momentos, pero también leyeron para escucharse; para escuchar los personajes; para sentir que el pasado como el presente se pueden fundir en la voz. Moscow, St. Petersburg, Vladivostok, Novosibirsk, Nueva York, Paris y Londres fueron los lugares; octubre 3 y 4 fueron los días; las horas fueron muchas: 36; la obra fue una: Anna Karenina; el autor: Lev Nikolayevich Tolstoy. De tal magnitud fue el homenaje. No importa quiénes leyeron, todos querían exhalar aire para que él lo inhalara, para devolverle lo que él dio al mundo. Anna Karenina, Vronsky, Stiva, Dolly, Karenin, Kostya, Kitty, y tantos otros personajes, volvieron a existir. Alguien volvió a segar terrenos junto a sus trabajadores, alguien volvió a salir de caza, alguien tomó el tren, otra quiso probar la tristeza de los rieles por estar ahí y nunca poder ir más lejos. No hizo falta mucho para que esto se cumpliera; la iniciativa, quizá, y la perseverancia. Anna Karenina es una novela sobre simples cosas, como: “familia, amor y la esencia del deber”, respondió FyoklaTolstaya, descendiente del autor, cuando le preguntaron por qué habían escogido esa novela. Y quizá eso resume lo que quería Tolstoy: “retrata tu aldea y serás universal”, y eso es su novela: un retrato, una pintura a palabras, una foto que se mueve, una película, es muchas cosas. Winston Churchill una vez dijo: “Todas las grandes cosas son simples y se pueden expresar en simples palabras: libertad, justicia, honor, deber, compasión, esperanza.” A mí me gustaría agregar: Anna Karenina.