Años inolvidables

Cayendo en la rutina: bien sabía Dos Passos que en el fondo de sus memorias, fuera de toda periferia, se encontraba el ejercicio libre de desahogarse de los dolores más íntimos de su vida.
John Dos Passos al lado de Hemingway. Foto cortesía,
John Dos Passos al lado de Hemingway. Foto cortesía.
Por: Kevin Marín
No sé, no entiendo, no voy a entender por qué, casi siempre que se habla de Años inolvidables se alude a la figura del grande, el laureado, el honorable y sanguinario Ernest Hemingway (1899-1961).
Se comenta en este libro del norteamericano John Dos Passos hartísimo sobre Hem -como lo solía llamar el autor-, que pareciera ser él quien lo escribió, por allá en el 66, es decir, cuando ya estaba en la tumba (me atrevería a entonces a creer que por esto se le llama inmortal; escritor inmortal).
Mis porqués: el personaje de Hemingway no aparece hasta después de la mitad del libro y las relaciones aunque casi bellas y hasta fantásticas son muy escuetas y dejan en el lector un montón de dudas que serían casi imposibles de resolver. Es más, Dos Passos no habla tanto de Hem como si vivieran una relación entretejida (no importa si agradable o desagradable), sino como Hem mismo vivía y pasaba los días cuando estaban juntos: en España, en el Caribe, en Key West, en un café cualquiera.
Las hazañas de Hemingway tan dignas de admiración -valentía nada más-, como de repudio (como el que sentí) cuando viajó a África de safari  o cuando se adentraba a la mar a matar un par de delfines, y que supusieron en Dos Passos y en varios de sus amigos más cercanos el posible camino para escribir El viejo y el mar, hasta el momento ínfimo en que sus relaciones comenzaron a romperse porque Dos Passos se rió de una estatua de busto completo que un  “pésimo escultor” le había hecho a Hem al lado de su casa cuando su fama ya estaba a término medio de llegar a las nubes.
Anosinolvidables
En fin, no quiero continuar  hablando del Nóbel de literatura porque pareciera que me estuviera atrofiando y paradójicamente escribiendo sobre lo que estoy criticando.
Lo que más me interesa contar: las bellas memorias de John Dos Passos cuando gozaba de un juventud que pareciera que no terminaría nunca, este escritor setentón narró con gran orgullo sus interminables viajes por oriente, Europa oriental como voluntario en el período de la posguerra, donde estimularía aun más su amor por la arquitectura y la pintura europea y conocería a un sin fin de personajes de la vida pública, escritores, políticos y también a personajes que marcarían un lugar importante en su vida privada. Años inolvidables es, en últimas, el libro de apreciaciones hacia un cantidad sin límites de amigos, encuentros con grandes personajes, pensamientos políticos, hasta con pintas humorísticas como el  encuentro con los dadaístas en un bar francés.
Lo que más resaltaría de la actitud del narrador es esa búsqueda por conocer la verdad, cueste lo que cueste, de ver lo que un gran muro de países le oculta: cómo se vive, cómo sienten las personas en otros lugares del mundo (especialmente contrarias a un país como Estados Unidos, como son la  antigua Unión Soviética y gran parte de los países de Asia), hasta tener armado todo un arsenal de soluciones sobre sus dudas políticas, es decir, hasta adentrarse en la mayoría de pueblos de Rusia, que estaban sumidos en la profunda miseria, o peor: en el profundo olvido e indiferencia.

En el libro se puede apreciar una cantidad considerable de asuntos históricos y culturales: Guerras mundiales, guerras civiles, el ascenso de los Bolcheviques al poder, la llegada de la república en España, procesos legales contra los comunistas, masacres, injusticias, actividades tradicionales que se daban, o dan, en todos los lugares que visitó como buen trotamundos.

Cayendo en la rutina: bien sabía Dos Passos que en el fondo de sus memorias, fuera de toda periferia, se encontraba el ejercicio libre de desahogarse de los dolores más íntimos de su vida.