El portal web  SCImago Journal & Country Rank (SJR) ubica a Colombia dentro de los cinco primeros países de Latinoamérica con mayor cantidad de publicaciones en el área de ingeniería, además, muestra un incremento considerable del número de artículos académicos publicados en los últimos años…

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Por: Leonardo Ardila Osorio y Edgar Leonardo Cubides

Se conoce como artículo académico al texto resultante de una investigación desarrollada bajo el marco de una rama del conocimiento, que cumple con ciertas normas metodológicas y teóricas. Un artículo académico se elabora a partir de una estructura textual, comprendida por una secuencia de secciones que van desde un resumen, una introducción, una discusión, hasta llegar a las conclusiones de la investigación o de la teoría propuesta. En Colombia, los artículos académicos son realizados por grupos de investigación calificados según su experiencia académica, se publican en revistas especializadas, certificadas y acreditadas por su rigurosidad científica, y generan prestigio e incentivo para el investigador.

Para el contexto universitario, el artículo académico representa, entre otras cosas, un punto de referencia y una bitácora de aprendizaje. Los estudiantes y docentes de las universidades, recurren a la lectura y al análisis de este tipo de  publicaciones, con el fin de extraer o citar fragmentos claves del autor. El portal web  SCImago Journal & Country Rank (SJR) ubica a Colombia dentro de los cinco primeros países de Latinoamérica con mayor cantidad de publicaciones en el área de ingeniería, además, muestra un incremento considerable del número de artículos académicos publicados en los últimos años, con relación a los que se publicaban a finales de los años noventa y comienzos del presente siglo.

Es importante aclarar que la intención de este texto no es analizar las causas del masivo incremento de los artículos académicos en Colombia, tampoco se busca hacer comparaciones de los países con más o con menos publicaciones, ni mucho menos enfatizar en la elaboración rigurosa de un artículo académico. Hay algo más inquietante y mucho más enardecedor relacionado con este tipo de publicaciones: ¿Cuáles son las razones que animan a los docentes a redactar artículos académicos en Colombia?

Analizando los resultados obtenidos en el estudio del SJR, el auge de la publicación de artículos de este tipo durante las últimas tres décadas expone el interés que tiene el sector académico en la formalización y estandarización de los resultados tecnológicos, generados a partir de las investigaciones y discusiones desarrolladas alrededor de las ingenierías. A partir de esta idea se puede suponer que el argumento principal para incentivar a la redacción de artículos académicos por parte de la academia es el querer competir en aquella nueva guerra conocida como “globalización”, en la que los países disputan un status, se miden a sí mismos con relación a otras repúblicas que también exhiben los frutos de su avance en una especie de vitrina diseñada bajo unos parámetros que todos los concursantes de esta contienda siguen estrictamente.

La anterior es una idea un tanto vaga y superficial que encierra la esencia de lo que promueve la escuela científica hoy en día. El fin no es realmente compartir el conocimiento, el objetivo se visualiza como una lucha de poder donde se pretende exponer la cantidad de resultados con los que cuenta cada contrincante y esto se evidencia con mucha frecuencia en las instituciones de educación superior en Colombia, esta es la suposición planteada para la escuela académica en Colombia y se utiliza como el puente introductorio para abarcar las razones de por qué se redactan artículos académicos en el país. Ya se consideró un motivo principal de por qué se publica, pero ¿cómo se incentiva a la mano de obra para que colabore con el fin de alcanzar dicho motivo?

El escritor y profesor de la Universidad de Caldas, Pablo Arango, redactó en el año 2009 un curioso artículo para la revista “El Malpensante”. En este se expone cómo los formalismos y protocolos, tanto académicos como políticos, generan un “estímulo” en los docentes universitarios para que estos desarrollaran contenidos investigativos que luego serían llevados a revistas especializadas, todo esto con el fin de demostrar el avance de diferentes disciplinas del conocimiento. El estímulo en cuestión se refleja en los salarios de los docentes, en resumidas cuentas: a mayor cantidad de artículos académicos escritos por un docente mejor salario recibirá. Este accionar fue producto del decreto 1444 del año 1992 que, en palabras del profesor Arango: “El decreto decía que a los profesores que publicaran ‘trabajos, ensayos y artículos de carácter científico, técnico, artístico, humanístico o pedagógico […] libros de investigación, libros de texto […] materiales impresos a nivel universitario’ se les subiría el sueldo en distintas proporciones”.

El profesor Arango realiza en su artículo una breve narración de los sucesos posteriores a la difusión de dicho decreto y, como toda dicha en este mucho, no duró lo suficiente. Arango expone que muchos lograron sacar ventaja ante semejante oportunidad y que esto mismo generó una gran cantidad de contenidos académicos sin fundamento y sin “alma”, un producto frío que no lograba su cometido inicial, el cual era dar a conocer el avance de una disciplina.

Por su parte el politólogo Alejandro Cortés Arbeláez discrepa de estos argumentos en un artículo publicado en el portal web “El Colombiano” en el año 2014. En este Cortés plantea un razonamiento el cual confronta las razones de Arango, primero describe su posición ante la postura de Arango: “Arango se va lanza en ristre en contra de las ciencias sociales, pues señala que en esta área se han escrito, desde que se promulgaron estos decretos, una gran cantidad de textos que no tienen ningún valor académico”, para luego proponer un ejemplo contra los argumentos del profesor: “Puedo dar el ejemplo de las excelentes investigaciones que se hacen en el Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia (IEPRI), y en el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia (IEP)”.

Si bien el politólogo Cortés enfrenta varias de las ideas del profesor Arango hay un elemento en el cual ambas partes encuentran un concepto mutuo: en la academia se han desarrollado contenidos confusos, textos que luego de un extenso discurso dejan al lector con un desorden de ideas, resultado de una mala regulación de los productos generados a partir de los quehaceres académicos.

En el portal web “Las2orillas”, en la sección “Nota Ciudadana”, el señor Gustavo Yepes Londoño hace un aporte fundamental para aterrizar un poco más los conceptos planteados a lo largo del presente documento. Con el título “Guía para convertirse en un profesor exitoso”, Londoño realiza una recapitulación de cómo la motivación de ejercer la profesión se ha convertido, para algunos docentes universitarios, en una máquina de formalismos, protocolos y alianzas que elaboran más pantallas que esencias, donde predomina es la construcción de un salario que escala relacionado con la cantidad de “publicaciones huecas” que consiguen ser publicadas exitosamente.

Dicho y hecho. El tema principal cuestionado en estos párrafos se materializa en una necesidad, en una ambición que no contribuye al progreso de las diferentes disciplinas que se pueden hallar en la academia; el conocimiento es poder siempre y cuando se pueda pagar el precio que este demanda. El docente universitario ha mutado, su sistema de crecimiento ha mutado o en palabras de Londoño: “debe recordar siempre que no importan sus aportes en materia de originalidad y creación de conocimiento sino la posibilidad de añadirles adjetivos como internacionales, reconocidos en los índices dominantes, indizados (ahora se usa, entre nosotros, una mezcla de idiomas: indexados)”.

La calidad en un producto es subjetiva de acuerdo a su usuario final. Muchos podrán encontrar más calidad en un artículo de un blog de internet que en un artículo académico de una revista especializada, esto se debe a que el concepto de calidad varía entre la audiencia y esto afecta a todo tipo de contenido, tanto a aquellos que se crean sin seguir normas o directrices formalizadas como para aquellos que las siguen a pie de letra. En el caso de los artículos académicos desarrollados a partir de la motivación expuesta anteriormente su calidad se evidencia en su concepción misma, recuerde que el contenido es mucho menos importante que el formato, según Londoño.

Concluyendo, es claro cómo la contribución científica se ha vuelto un negocio, la práctica docente ha desviado su camino debido a las necesidades que muchos pueden llegar a tener y también gracias a los eventos oportunos que algunos “avivatos” han aprovechado a tal punto que la ambición ha roto el saco. La esencia de la honradez intelectual se encuentra cubierta con una niebla espesa de contenidos vanos que se multiplican rápidamente gracias a que en teoría “son válidos” y lo seguirán siendo mientras no se cuente con controles más rigurosos a la hora de validar productos escritos que buscan ser publicados en Colombia.

Quizás la solución no es controlar el problema, quizás la solución es arrancar el problema de raíz, aunque no se puede negar que no en todos los casos se encuentran situaciones como las que plantea el profesor Arango en su artículo. Se debe tener en cuenta que, como expresa Cortés, no se debe mirar únicamente el punto negro en la hoja blanca.

 

Artículos en la web

Arango, P. (2009). La farsa de las publicaciones universitarias. El Malpensante, 97. Recuperado de http://www.elmalpensante.com/articulo/1031/la_farsa_de_las_publicaciones_universitarias.

Cortés, A. (2014). ¿Publicar para qué? Universidad EAFIT. http://www.elcolombiano.com/publicar_para_que-LGEC_307590.

Londoño, G. (2015). Guía para convertirse en un profesor exitoso. http://www.las2orillas.co/guia-para-el-profesor-universitario-exitoso/.