C. TANGANA

C. Tangana se alza con el triunfo de entreverar algunas raíces de la canción española y las nuevas vertientes del hip -hop y el pop.

 

Escribe / Alexander Noreña – Ilustra / Stella Maris

El pasado 9 de marzo de 2021, en una sorprendente entrevista por Andreu B., quien dirige el programa Late Motiv de Movistar, no solo nos permitió ver a esa leyenda del rock español que emerge del estacato del tango al rasgueo de las guitarras, sino que nos dejó en la retina una suerte  de metáfora del tiempo al ver a Andrés Calamaro que, entre otras cosas, lucía entregado a una especie de solipsismo, atenazado por una suerte de presencia sublimizada, y oculto en unos lentes oscuros, cuyas palabras agonizaban en el viento, con ese claro ronquido que aserenata las noches más oscuras, debo decir entonces que, lo sublime o lo inmortal de su presencia, me llevó a recordar algunas canciones que aún sobreviven al tiempo (Flaca, Loco, La parte de adelante…)

Pero este ícono del rock no resultó ser el objetivo principal de la entrevista. Con él, Jorge Drexler, otra suerte de milagro, entendiendo la dicha que supone ver dos ídolos juntos, pero aún debo advertir que estos dos no eran la razón principal de este encuentro; no obstante, la presencia de estos significó la unión no solo de dos generaciones que parecieran irreconciliables, en tanto sus expresiones musicales, como por las letras que emergen en medio de la armonía, la melodía y el ritmo de la música.

C. Tangana se alza con el triunfo de entreverar algunas raíces de la canción española y las nuevas vertientes del hip -hop y el pop. Él es un cantante madrileño que sorprendió a la crítica en el 2020 después del estreno de su álbum El madrileño, que cuenta con la dirección de Drexler y una suerte de músicos prodigiosos, pero Antonio Álvarez Alfaro (C. Tangana o Crema como se le conoció en sus primeros años de fama) supone una forma de mezcla entre la letra sugestiva, directa y profunda, y las nuevas formas de sentir el mundo, de expresarlo. Elementos estos que bien se pueden detallar en la participación del artista en NPR Music – Tiny Desk (Home) Concert, el pasado mes. Sin embargo, C. Tangana ya era conocido en el medio por sus letras y su colaboración con otros músicos como Rosalía, Farruco, French Montana…

Su grupo Agorazein, proyecto que emprendió en el 2005, se convirtió, en poco tiempo, en uno de los más importantes exponentes del rap madrileño, esto lo catapultó a los medios como una suerte de artista revelación, al grado de lograr la vinculación musical en el show E’lite transmitida por Netflix. Ahora bien, todo esto parece el cuadro perfecto de un triunfo innegable, pero en los ojos de Tangana no estaba pisar el estrado de la banalidad con que a veces se cubre la fama; por tanto, decidió alejarse de los medios y emprender su propia mutación, un tanto por el desprecio de las redes sociales y otro por la pandemia, logró domar ciertas raíces del flamenco, para llamarlo Newflamenco, como en su momento Astor Piazzola dotó al tango de la estampa del Newtango. En todo caso, con este nuevo trabajo (El madrileño) Álvarez se ponen en la balanza entre la tradición y lo contemporáneo, y es que, como diría Morrison, la música toda, emerge de esos sonidos primigenios con que los hombres aprendimos a comunicarnos.

Además, vale la pena destacar que, en dicha entrevista, estas tres figuras, tan disímiles en sus géneros musicales, estaban tan unidos por ese hilo del presente que se tensa gracias a las expresiones del pasado, tal como es el caso de Andrés Calamaro con el tango, Jorge Drexler con el legado de Vicente Espinel y la décima redondillas y lo que devine de la figura del cantautor, y por supuesto C. Tangana, con el traqueteo de las palmas que supone la marcación del tiempo con que se toca el flamenco, por eso resulta inevitable no escuchar la canción “Nominado”, donde aparecen estos tres artistas.