El cainismo de don Simón Bolívar

El padre de la patria, el que tiene un monumento en cada plaza de nuestro país, no es como lo pintan. Don Simón Bolívar no solo fue un libertador, sino tambien un dictador. Un maquiavélico que sacrificaba a quien fuese necesario con tal de llegar a ver su sueño cumplido. Es este un capítulo oscuro en la vida de un prócer que arriesgó todo para decir con honda reflexión: “Los tres mayores necios que ha habido jamás son Cristo, El Quijote y yo”.

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Por: Diego Firmiano

“Usted tiene el arma, yo la verdad”

Anónimo

Los métodos de don Simón Bolívar para hacerse del poder no fueron muy diferentes de los usados por los dictadores del siglo XX: deshacerse de sus más leales colaboradores. Uno de ellos fue Manuel Piar, un general venezolano que había tenido victorias consecutivas contra el fuerte ejército español que dominaba a América, fusilado, según Bolívar, porque: “el general Piar había formado una conjuración destructora del sistema de igualdad, libertad e independencia”.

Pero los motivos del magnicidio de Piar no fueron precisamente los que el Libertador se apresuró a proferir en su manifiesto, sino que la causa real fue el ego de este, el deseo de poder, la esquizofrenia nerviosa de verse reemplazado por medio de un golpe de estado y no llegar a ser el jefe de las fuerzas independentistas en Venezuela. El delirio romántico, que luego lo llevaría al pesimismo.

Un año antes, Manuel Piar junto con el general en jefe del ejército de Venezuela Santiago Mariño, habían amenazado al Generalísimo con llevarlo a una corte marcial, juzgarlo y fusilarlo, por haber abandonado Ocumare de la Costa, un enclave marítimo, que el Libertador no supo defender sino huyendo hacia Bonaire.

El grupo de subordinados que lo rodeaban sabían del controvertido liderazgo de una de las figuras más destacadas de la emancipación americana y su insaciable ansia de poder, pero lo consideraban por el momento un “mal necesario” hasta derrocar a los chapetones.

Inicialmente, don Simón Bolívar se había servido del liderazgo de Piar (que además fue ascendido a general por sus compañeros de armas y luego ratificado por el Libertador) sin importar que este fuera pardo, y que abogara por la independencia y el derecho social y político de los mestizos.

Primero lo halagó con dulces palabras en una carta:  “… La patria lo necesita a Ud. hoy como lo que es y mañana habrá de necesitarlo como lo que por sus servicios llegare a ser”. Pero al ver el aprecio que le tenían sus subalternos, las conquistas y victorias que mantenía frente al contingente español, empezó a sentir celos, y nacieron asperezas que chocaban frontalmente con el carácter del dictador, que hoy es el padre de la patria que honramos en cada plaza.

Así fue que el 24 de julio de 1817 don Simón Bolívar realiza un consejo de guerra para imponer su liderazgo, y manda a matar a conspiradores, antipatriotas y adversarios, entre ellos a Piar, acusándolo de querer matarlo para instaurar una pardocracia, o una clase étnica que se hiciera con el poder y destruyera el sueño de la “gran nación”.

Este fue sin duda, el primer crimen racial en la nueva América de los americanos. Crimen que los historiadores han querido limpiar de los registros de las hazañas y el liderazgo del caudillo de nuestra independencia, aunque ignorando por otro lado que Martin Piar era “hermanastro” del fundador de la “Gran Colombia”, ya que cuando éste escucha la descarga de los fusiles que lo ajustician, dice con tono lastimero: “he derramado mi propia sangre”.