El orgullo del hombre ha sido justificado. En virtud de su razón ha edificado un mundo material. Conforme ha ido creando nuevas y mejores ideas para dominar la naturaleza. Se ha ido enredando en las mallas de esos medios y ha perdido la visión del único fin que les da significado: el hombre mismo. Se ha transformado en el esclavo de la máquina y permanece ignorante frente a los problemas importantes de la naturaleza humana: lo que el hombre es, cómo debe vivir y cómo liberar las tremendas energías que existen dentro de él y usarlas de forma productiva.

Etica y psicoanálisis

Erich Fromm

 

Por: Mateo Matías Arango

Nos encontramos en el siglo de las publicaciones -no es en lo absoluto negativo-, donde los escritores proliferan en cada rincón del mundo y sus obras van abarcando una cantidad impensable de lectores. El fenómeno de la publicación <<Publishing>> se ha venido impulsando con fuerza por la invención y renovación constante de aparatos electrónicos -sin dejar de lado la imprenta tradicional- que facilitan el reconocimiento de obras, las cuales se avecinan a vislumbrar la cumbre literaria moderna.

Podemos encontrar variedad de publicaciones en distintos blogs con un reconocimiento aceptable por los lectores. El darse a conocer como escritor se ha ido simplificando a una sola herramienta, las redes, y el auge con que estas cuentan. Es habitual recurrir a páginas web literarias para ascender nuestro oficio. Resulta de muy bajo costo pasarse horas buscando extensiones certificadas para publicar una entrada hecha el mismo día: no digerimos el texto, no lo dejamos padecer en las reglas gramaticales de la academia, nos tomamos más tiempo en nuestra página de fans <<Fanpage>> que en pulir y estructurar nuestros textos.

valery

La libertad del espíritu, obra de Paul Valéry, me marcó bastante el supuesto quehacer literario que creía ejercer con ímpetu, como todo escritor empírico. En el texto de Valery llegamos a un punto donde los valores se han venido transmutando, valores espirituales y materiales. El afán de publicación instantánea es una de las razones primordiales de la transmutación. Coquetean con el escritor, cotizan con su espíritu literario e invierten su oferta en la demanda de éste. Algunos confían plenamente en su trabajo elaborado. Otros sólo se consagran de manera mediocre, una inversión sin interés.

Paul Valéry describe a los productores espirituales como artistas, escritores y demás, siempre y cuando se desempeñen en esta corriente de humanidades. Los consumidores son descritos como los lectores voraces, la audiencia, los espectadores. Siguiendo esta exposición de productor/consumidor y aplicándola en el siglo XXI, observamos nuevamente la transmutación de los valores. Los productores, desesperados por labrar su ámbito artístico, van mutando en consumidores: ingieren la facilidad de publicación sin una ambición a futuro o un fin estrictamente literario.

Los valores espirituales se van ausentando del productor al discutir y transigir sus cualidades como negocio material. No estoy crucificando la necesidad de muchos, se sobreentiende la presión del vivir del oficio y no somos la excepción de la España barroca donde muchos de los escritores acudían a ser líderes de la eucaristía para sustentar el día a día. Quienes osan vivir del arte son presionados por la fuerza exterior en materia económica y ejercen de manera recíproca sus dotes sobre una cantidad indeterminada de escuchas y espectadores.

Se abre una pluralidad de necesidades donde el hombre sujeta sus capacidades, ideologías y talentos a una industria, quedan expuestos al mercado. Aclaro que tampoco estoy poniendo a las formas de publicar como victimarias. Paul Valéry las justifica al realzar el verbo como principio de todo comercio e industria, no hay mercado ni intercambio sin lengua y el lenguaje poético no es indiferente a este enunciado.

No dispone de fechas o periodos para lanzar sus creaciones a los espectadores. Todo viene en desmedida, el arte de la organización va en declive. Ahora un artista literario carece del cálculo de los calendarios, puede publicar dos o tres entradas en una semana, perdiendo la disposición en la cronología. Las producciones de obras del espíritu han venido siendo más precoces y comerciables.

sennetNos hemos convertido en La Cuenca, un lugar donde no hay diferencia de espíritu por el intercambio de valores y las competencias que esto requiere. Hay otro factor, la flexibilidad del tiempo, un rasgo tratado en un importante ensayo escrito por Richard Sennett y publicado por Anagrama, La corrosión del carácter. La obra de Sennett analiza de forma rigurosa e histórica las variantes del trabajo en el capitalismo dándonos como ejemplo a una lista de personajes y sus vivencias, en este punto nos situaremos solo en dos de ellos: Rico y su padre.

Enrico, el padre de Rico, ha trabajado toda su vida de una forma lineal para sustentar a su familia, un trabajo acumulativo. Rico contradice todo el esfuerzo de su padre al decir que él siempre ha sido esclavo del tiempo. La generación de Rico es atemporal, el tiempo no tiene mayor relevancia. El rasgo atemporal va muy emparentado con nuestro tiempo. Nuestros esfuerzos ya no son acumulativos como los de Enrico. Trabajamos para el presente sin un fin a futuro, ¨nada a largo plazo¨.

En el terreno de las publicaciones Rico y el padre se entreveran, publicamos con la idea de acumular y acumular entradas para el espectador sin un fin a futuro, todo esto disuelve la lógica de los acontecimientos. Primero, tergiversa la estética literaria que tenían clara nuestros antecesores. En una entrada de Buenos Aires Poetry dan a conocer dos cartas de Rimbaud escritas en 1871: la primera a Izambard, el 13 de mayo, y la segunda a Paul Demeny, el 15 del mismo mes. Las cartas de Rimbaud exponen su doctrina sobre la estética poética. Citaré algunos fragmentos:

Según Rimbaud, después de los griegos, la poesía se convirtió en una simple diversión y en un pasatiempo. Los poetas no fueron más que escritores, funcionarios… Desde la época de los griegos hasta el movimiento romántico sólo se encontraban hombres de letras y versificadores, pero no verdaderos poetas. La poesía no era otra cosa que prosa rimada, un juego de sociedad, un avachissement de innumerables generaciones de imbéciles, ya que la poesía murió con la llegada del cristianismo. 

Arthur Rimbaud

Arthur Rimbaud

La anticuada concepción del escritor que produce su propia obra es completamente falsa. El escritor no es más que el vehículo para la voz del Eterno; él mismo tiene muy poca importancia, ya que se limita a ser la expresión inconsciente de alguien que habla por su boca. “Es falso decir yo pienso; habría que decir alguien me piensa”. El poeta no sabe por qué se le ha elegido precisamente a él; su voluntad no interviene en la elección.

¿Qué importa que esos medios sean venenosos y produzcan inevitablemente la inestabilidad mental? Son los fertilizantes que preparan la tierra, el estiércol, y de esa materia venenosa y en su putrefacción brotarán las flores más hermosas.

Cambiando el termino <<Cristianismo>> por el de <<Publishing>> damos a entender que -sin generalizar- el promedio de escritores empíricos ha venido tomando el oficio literario como un pasatiempo. El darse a conocer no es una actividad propia del espíritu hoy día. El concepto de conocerse a sí mismo de Sócrates ha cambiado. No nos conocemos a nosotros mismos con cautela para dar paso a la obra, por el contrario, nos queremos dar a conocer para efectuar una próxima obra. Un juego de sociedades que va de generación en generación

El ego ha sepultado al artista, ya no es el vehículo de la obra, es más importante relucir la gracia y la reputación que la calidad y el estilo de sus propias obras. No es un crimen querer publicar, ni mucho menos el trabajo de las editoriales y blogs de la web en querer dar soporte a un escritor. El problema en sí es el escritor que no forja su carácter literario antes de querer publicar y dar mucha importancia al afán de sobresalir en los medios que producen inestabilidad mental si no se tiene una ya forjada.

Sennett señala la caída del carácter en base a la flexibilidad de los trabajos. No hay líder, el hombre ya no se lidera a sí mismo por las variaciones del capitalismo moderno. Su futuro es inconexo, una ilusión óptica. La jefatura que se le atribuía a la espiritualidad ya no existe. Somos facilitadores de cualquier obra que hayamos ejecutado en un tiempo relativamente corto. No asumimos la responsabilidad del trabajo, de nuestro propio trabajo, lo que conlleva a desorientarnos y creer en falsos logros.

Otra cuestión tratada por Sennet: los horarios de medio tiempo en nuestras labores. Dando ejemplos del ensayo, las labores flexibles constan de medio tiempo y una posición indefinida, el trabajador solo se da a la obligación de aprender una lista de deberes básicos sin poder explotar sus capacidades al límite:

En este escenario, los mercados no respaldan las actitudes inmóviles porque son demasiado dinámicos como para permitir “hacer las mismas cosas cada año, o, simplemente hacer la misma cosa”. Es así como nacen nuevas estructuras de poder y control que en la búsqueda de flexibilidad y su huida de la rutina, han alterado el significado del trabajo poniendo el acento en tres aspectos: la reinvención discontinua de las instituciones, la especialización flexible y la concentración sin centralización

Si entramos en materia podemos suponer que el escritor cuando no dedica tiempo completo a su labor va perdiendo el talento o no aprende más de éste. La flexibilidad del tiempo suprime la creación de una narración vital, el carácter. Nos empeñamos en fragmentar nuestro pensamiento en la publicación de la semana y no construir un todo conciso, esa narrativa coherente de lo que queremos dar a conocer.