Creo oportuna la publicación del cuento de Chejov en un momento en el que se busca la paz en el país, al tiempo que los medios de comunicación reportan resultados de encuestas en los que (según ellos), el 67% de los colombianos no apoyan los diálogos con la insurgencia con el argumento del “no a la impunidad”, argumento pobre e hipócrita de una opinión de medios que reportan cifras anuales cercanas a: 12.000 homicidios, 45.000 hurtos, 250 secuestros efectuados por delincuencia común, 26 muertes por cada 1.000 recién nacidos y muchas otras cifras estadísticas criminales, criminales porque se le pueden atribuir a un Estado conscientemente Fallido (al que no se le puede aplicar el concepto de “ignorancia invencible”).  Carlos Alberto Romero Piedrahita, profesor de la UTP (traductor del presente texto).

 

Tomado de www.ajedrezdeataque.com

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Por: Antón Pávlovich Chéjov*

Poblado Bizcochos-Comidos

Estimado Vecino:

Maxim… (olvidé su patronímico ¡excúseme por favor!) discúlpeme y perdóneme, a mi que soy un viejo  vejestorio humano, por atreverme a importunarle con esta lastimera jerigonza. Ya pasó un año entero desde que usted se dignó arreglarse en nuestra parte del mundo, cerca a mí, un infeliz hombrecito, y aún no nos hemos presentado. Permítame apreciadísimo vecino, siquiera por medio de estos jeroglíficos de viejo, presentarme con usted, apretar mentalmente su mano científica y felicitarlo por haberse mudado de San Petersburgo a nuestro territorio indigno, poblado por hombrecillos y pueblo campesino, es decir, por elementos plebeyos. Hace tiempo buscaba la ocasión de conocerme con Usted, lo ansiaba porque la ciencia en cierta manera es nuestra madre, lo mismo que la civilización y por eso de corazón respeto a las personas cuyos nombres famosos y honra, coronados por las aureolas de la gloria popular, los laureles, las órdenes, bandas, cinturones y diplomas truena como el rayo y el trueno por todas las partes del universo mundo de todo lo visible y lo invisible, es decir, todo lo que hay bajo la luna. Yo amo ardientemente a los astrónomos, poetas, metafísicos, docentes, químicos y otros baluartes de la ciencia, entre los cuales Usted se encuentra por todos sus hechos inteligentes y las ramas de la ciencia, es decir los productos y las frutas. Dicen que Usted ha publicado muchos libros mientras se ha sentado con la pipa, la brújula y una cantidad de libros extranjeros con dibujos engañosos. Hace poco estas pobres tierras mías, estas minas fueron visitadas por el padre Gerásimo y con su acostumbrado fanatismo salió y maldijo sus ideas respecto a la procedencia del hombre y otros fenómenos del mundo visible, se sublevó y se enardeció contra su esfera mental y su horizonte idealista cubierto de faros y aerolitos. Yo no estoy de acuerdo con el padre Gerásimo con relación a sus ideas inteligentes, ya que vivo y me alimento sólo con la ciencia que la providencia ha dado al hombre género humano para rescatar de las profundidades del mundo visible e invisible los metales preciosos, los metaloides y brillantes, pero de todas maneras perdóneme a mí, padrecito, un insecto apenas visible, si me atrevo a refutar a mi manera antigua algunas de sus ideas respecto a lo natural de la naturaleza.

El padre Gerásimo me informó que, como que usted compuso una composición en la cual se permitió expresar unas ideas no muy verdaderas con respecto a la gente y a su estado primitivo y a su ser pre-generacional. Usted se permitió inventar que el hombre procede de tribus de monos, micos, orangutanes y demás. Perdone a este viejo, pero yo, con Usted, en relación a este punto importante, no estoy de acuerdo y se lo puedo demostrar. Si el hombre, dominador del mundo, el más inteligente de los seres que respiran, procediera del tonto e ignorante mono, entonces tendría cola y voz salvaje. Si nosotros procediéramos de los monos entonces a este momento seríamos llevados por los gitanos por todas las ciudades, y nosotros nos pagaríamos dinero por mostrarnos los unos a los otros, bailaríamos por órdenes de gitanos o estaríamos encerrados en jaulas en zoológicos.

¿Acaso estamos completamente cubiertos de pelo? ¿Acaso no vestimos ropa, lo cual no es propio de los monos? ¿Acaso amaríamos y no despreciaríamos a la mujer, si ella oliera siquiera un poquito al mico que todos los martes vemos en los patios del prefecto? Si nuestros ancestros procedieran de monos, no hubieran sido sepultados en cementerios cristianos; mi bisabuelo Ambrosio, por ejemplo, que vivió en tiempos idos bajo el gobierno polaco fue enterrado no como mono, sino junto con el abad católico Joaquín Shostakom, cuyos escritos sobre el clima templado y el intemperante consumo de bebidas alcohólicas se conservan aún donde mi hermano Iván (el mayor). Un abad es un obispo católico. Perdóneme a mí, un ignorante, por inmiscuirme en sus asuntos científicos y por hablar a mi manera de viejo y por imponerle a Usted mis ideas insulsas e insustanciosas, que en los científicos y gente civilizada se guardan en el estómago antes que en la cabeza. No puedo callar y no soporto cuando los científicos incorrectamente piensan en su cabeza y no puedo no oponerme a Usted. El padre Gerásimo me informó que Usted incorrectamente piensa sobre la luna, la cual nos remplaza el sol en las horas de tinieblas y oscuridad, cuando la gente duerme, y usted conduce la electricidad de un sitio a otro y tiene fantasías. No se burle de este viejo, que es tan bobo para escribir. Usted escribe, que en la luna viven y habitan gente y tribus. Esto no puede ser nunca, porque si en la luna viviera gente, entonces nos taparían la luz mágica y embriagadora con sus casas y nubes de sembrados.

Sin lluvia la gente no puede vivir, y la lluvia cae abajo hacia la tierra y no hacia arriba, hacia la luna. La gente viviendo en la luna caería abajo a la tierra, y esto no ocurre. La mugre y las aguas sucias se verterían hacia nuestra tierra desde la luna poblada. ¿Puede haber acaso gente en la luna, siendo que ella existe sólo en la noche y en el día desaparece? Y los gobiernos no llegarían a permitir que la gente viviera en la luna, ya que en ella, a causa de la gran distancia y por lo inalcanzable que es, podrían esconderse de los crímenes muy fácilmente. Usted se ha equivocado un poquito. Usted compuso y publicó en su muy inteligente composición, como me lo dijo el padre Gerásimo, que como que en el faro más inmenso, en el sol, hay manchas negras. Esto no puede ser, porque esto no puede ser nunca.

¿Cómo pudo usted haber visto manchas en el sol, si el sol no se puede ver con los ojos humanos simplemente y, además, para qué haber manchas en el sol, siendo que sin ellas puede alumbrar? ¿De qué material húmedo son hechas estas manchas mismas, si ellas no se queman? ¿Puede ser que, según Usted, haya peces también en el sol? ¡Discúlpeme por ser tan punzante y por enardecerme tan tontamente! Yo soy terriblemente entregado a la ciencia.

Un rublo del siglo diecinueve no tiene ningún valor, la ciencia lo eclipsa ante mí con sus anchas alas. Cada descubrimiento me desgarra y me atormenta como un alfiler en la espalda. Aunque soy un ignorante craso y un terrateniente retrógrado, soy también un viejo granuja que se ocupa de la ciencia y los descubrimientos, que con mis propias manos produzco y lleno mi cabeza disparatada, mi cerebro bárbaro, con ideas y con muchos grandes conocimientos. La Madre Naturaleza es un libro que debe verse y leerse. Yo he hecho muchos descubrimientos de mi propia invención, descubrimientos que ningún reformador aún ha inventado. Le diré, sin vanagloriarme, que no soy de los últimos en lograr formación gracias a mis callos y no a la riqueza de mis padres, es decir, padre, madre o albacea, los cuales muy frecuentemente perjudican a sus hijos por medio de su riqueza, lujos y mansiones de seis pisos con timbres eléctricos. Mire Usted lo que mi insignificante cerebro ha descubierto: yo descubrí que nuestro gran ardoroso y luminoso sol, el día de la Santa Pascua temprano en la mañana, ordenada y vistosamente juega con todos los colores y produce con su milagroso centellear una impresión juguetona. Otro descubrimiento: ¿Por qué en invierno el día es corto y la noche es larga, mientras que en verano es lo contrario? El día en invierno es corto porque, a semejanza de todos los otros objetos visibles e invisibles, se contrae por el frío y por eso se oculta pronto; la noche, al encenderse los faros y candelas, se expande toda vez que se calienta. Después yo descubrí, además, que los perros comen hierba en primavera lo mismo que las ovejas, y que el café para la gente pletórica es dañino porque produce mareos y enturbia los ojos y todas las demás cosas. Son muchos los descubrimientos que he hecho además de éstos, aunque no tengo diplomas y certificados. Visíteme, querido vecinito, por Dios. Descubriremos algo juntos, nos ocuparemos de la literatura y Usted le enseñará a este profano muchos números.

Yo hace poco leí a un científico, quien decía que el hocico del León no es en nada parecido al rostro humano, como dicen los científicos, y sobre esto también hablaremos. Viaje acá, haga la caridad! Venga mañana por ejemplo. Nosotros ahora estamos en vigilia pero para Usted prepararemos algo gustoso. Mi hija Natashenkale pide a Usted que traiga algunos libros interesantes, ella es una cínica emancipada y vive rodeada de tontos. La juventud ahora, le cuento a Usted, se deja conocer, por Dios! Dentro de una semana llegará mi hermano Iván (el mayor), es un buen hombre pero, aquí entre nosotros, es un déspota y no le gusta la ciencia.

Esta carta se la entregará mi mayordomo Troflan exactamente a las ocho de la noche. Si llega más tarde abofetéelo sin ninguna ceremonia. Si llega tarde quiere decir que se detuvo en la taberna.

La costumbre de visitar a los vecinos no la inventamos nosotros y no terminará con nosotros y por eso visítenos y traiga sus calculadoras y sus libros. Yo mismo lo visitaría pero me da pena y no me alcanza el valor. Perdone a este granuja por importunarlo.

Quedo yo, su vecino, suboficial retirado de los Ejércitos Reales del Don, respetándolo a Usted, muy agradecido:

Vasiliy Semi-Bulatov
1880