Merecedor de un Nobel de literatura, con una vasta obra, este escritor mexicano nacido el 31 de marzo de 1914, ha dejado para quien busque leerlo, una guía, un desvelo hacia la condición humana.

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Por: Gustavo A. Osorio López

Abordar la poesía, a mi modo de ver, es un acto que requiere de paciencia, no porque sea de mal gusto leerla sino porque contiene en sí un gran sentido, que sóolo puede ser visto si se toma el debido tiempo para entenderla. Entender un texto no es saber lo que el autor dijo o quiso decir, creo que es porque sentimos que puede decirnos algo. En ese orden de ideas me acerqueé a la obra poética de Octavio Paz, además de un par de ensayos que me han creado una idea más amplia de ciertos pensamientos.

Mientras avanzaba en sus libros podía notar un aspecto recurrente, un aspecto que se toma a todo hombre y ha sido gran cuestión, pregunta de grandes pensadores: la dualidad. Sentía que cada poema, cada frase, cada palabra existía en una lucha consigo misma, en lucha con lo que le antecede y con lo que le precede; y aun cuando la nada se presentaba ante ellas, sentía que también había una lucha con esa nada, parecía que la nada era la excusa de la existencia de cada letra, que ese espacio que existe entre letra y letra era una suerte de conjuro para que la siguiente se le uniera.

La obra de Paz, a mi modo de ver, es una refracción de su condición personal, esa identidad mexicana que él mismo expone en El laberinto de la soledad como un tambalearse entre la tracción mexicana y la española. Pero esa dualidad mexicana se verá permeada en él por una tradición hindú, que vendrá a definir también parte de su obra como Ladera este, un poemario en el que hace una incursión en describir, en enunciar, lo vivido en la India. Ese verse permeado, ese ser varios, presiento es lo que buscaba entender Octavio, esa multiplicidad del ser: cómo puede un hombre encontrarse y no en un lugar, pero cómo ese hombre es también otros hombres que cohabitan en un tiempo que es el igual pero no él mismo. Es ese Harry Haller que se encuentra frente a sus otros yo y los afronta para conocerse, esa es la representación del hombre que trataba de entender Paz.

Es por esta misma búsqueda que considero que Octavio Paz hace una incursión en diferentes corrientes poéticas como el surrealismo; no se acoge a ninguna en especial, hace uso de ellas como el carpintero hace uso de sus herramientas; como cada hombre que siente la necesidad de complementarse hurga en otros para definirse.

La lectura de Paz me ha dejado la sensación y el ánimo de escudriñar, de no pasar la página por contar el número de hojas que he leído, de adentrarme en lo que me puede decir el texto que tengo ante mis ojos. El escritor, ahora que veo más de cerca, tiene oficio de mago, solo que no hace uso de pócimas y venenos, aunque sus palabras puedan tener el mismo efecto. Edgar Allan Poe en un escrito sobre la obra de Nathaniel Hawthorne dijo: During the hour of perusal, the soul of the reader is at the writer’s control (Durante la hora de una lectura concienzuda, el alma del lector está a merced del escritor). Y esto es lo que alcanzó Octavio Paz.

Merecedor de un Nobel en literatura, con una vasta obra, este escritor mexicano nacido el 31 de marzo de 1914, ha dejado para quien busque leerlo, una guía, un desvelo hacia la condición humana. Octavio Paz murió el 19 de abril de 1988.