CHARLAS DEL LUNES / Prefacio

Estuve atento de las oportunidades para ser crítico, como lo imaginaba: haciendo de la edad y la experiencia momentos para la dureza y el atrevimiento.

 

Por / Charles-Augustin Sainte-Beuve*

Regresé a París en septiembre de 1849 proveniente de Bélgica y Lieja, después de trabajar un año como profesor. Tenía la gustosa idea de vivir cada año de una manera distinta; cultivarme con diversos métodos. Después de muchos meses de estudio y soledad, París me llenó de energía, pero qué podía hacer. Conociendo de mi regreso, M. Véron, director del Constitutionnel, me ofreció amablemente espacio en las columnas del lunes. Me entusiasmé, tuve miedo. La naturaleza del periódico es amplia, son miles sus lectores. ¿Cómo hablarle a un público diverso sobre literatura y crítica? ¿Cómo lograr interés, sobre todo en tiempos de preocupación política y confusión? Todas mis objeciones fueron presentadas a M. Véron; y las combatió; me habló como hombre de gusto literario, y como conocedor del público. Sus razones finalmente me convencerían. Sus ofrecimientos eran posibles, y desde entonces entré resolutivamente en materia.

En el fondo fue siempre mi deseo. Estuve atento de las oportunidades para ser crítico, como lo imaginaba: haciendo de la edad y la experiencia momentos para la dureza y el atrevimiento. Me puse entonces a hacer crítica, por primera vez, de la manera más clara y franca posible, en pleno día, abiertamente.

Ya son veinticinco años desde que inicié mi carrera; ésta es la tercera forma a la que me entrego para escribir mis impresiones y calificaciones literarias, variantes según mis edades en los diversos medios donde transité.

Primero Globe, después, la Revue de Paris, bajo la Restauración.   Joven y debutante hice crítica polémica, voluntariamente agresiva, muy activa, crítica invasiva.

Bajo el reinado de Louis-Philippe, durante los dieciocho años de su régimen, la literatura no tuvo iniciativa; pasiva y no activa, hice, principalmente en la Revue des Deux Mondes, crítica más neutra, más imparcial, pero sobre todo analítica, descriptiva y curiosa. Tiene, por tanto, un defecto: no concluye.

Los tiempos son cada vez más difíciles, la confusión y los ruidos callejeros obligan a los individuos a engrosar su voz; asimismo, la experiencia reciente otorga a cada espíritu un sentimiento más vivo del bien y el mal, de lo justo e injusto; creo que debemos arriesgar más, sin olvidar los límites, y decir finalmente con claridad aquello sobre las obras y los autores.

Al público pareció agradarle esta manera más depurada y breve. Doy, entonces, aquí, los artículos de este año, desde octubre de 1849 hasta octubre de 1850. Nada fue alterado. Jueces más severos dijeron de estos artículos: “No hay tiempo para empeorarlos”. Acepté, muy feliz de encontrar, a ese precio, un elogio.

Diciembre de 1850

 

Le Constitutionnel, en las últimas páginas de septiembre de 1849, publicó la siguiente nota:

“La literatura no sabrá morir en Francia. Posible es su eclipsamiento, pero en el primer instante de calma reaparece. Nos hemos privado tanto de él. Creemos que tal es, en la actualidad, la disposición de los espíritus. Es suficiente que la confusión política tenga una tregua para que la sociedad regrese a lo que más le interesa de sus buenos momentos. La prensa cotidiana, que sigue y algunas veces anticipa los gustos del público, no tiene nada mejor qué hacer sino satisfacerlo. Le Constitutionnel no ha dejado de procurar el interés literario; ahora es el momento de insistir con ahínco. Es un signo de confianza en la situación, y no debemos temer para ofrecerlo. M. Sainte-Beuve será el encargado, a partir del primero de octubre, de escribir todos los lunes un análisis sobre una obra seria, a la vez agradable. Promete mucho. Es discutir sobre publicaciones que facilitan este género de crítica; también para provocarlas. Nosotros creemos que, a pesar de la esterilidad en la que estamos, hay verdaderas obras en Francia. M. Sainte-Beuve, encargándose de colaborar en Constitutionnel, ha creído que no hay lugar para desesperar de la literatura, y que ejerce aquí, junto a otros compatriotas, una acción útil. La primera condición de una acción semejante es volver a la carga, hacer de la pluma un objeto que ofrece vida, frecuente, breve, en contacto directo con el público, consultándole, escuchándolo algunas veces, para que, a su vez, lo escuchen a él. Los tiempos de los sistemas han terminado, también para la literatura. Se trata de tener sentido común, pero sin insipidez, sin aburrimiento; conocer las ideas para juzgarlas, o por lo menos para encauzarlas con libertad y decencia. Son estas las charlas que queremos proponer, y que M. Sainte-Beuve tratará de establecer con sus lectores”.

*Charles-Augustine Sainte-Beuve, Causeries du lundi, tome 1, Libraire Garnier Fréres. Versión de Kevin Marín Pimienta.