Cuando leemos ‘Ensayo sobre la Ceguera’ es imposible dejar de pensar desde los ciegos, desde su miedo por no ver y el bienestar al escuchar y encontrar allí la tranquilidad que nos dan las palabras, propias o del otro, sobre la soledad. Somos ciegos aprendiendo a escuchar.
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Por: Gustavo Adolfo Vargas Ramírez
La primera pregunta es necesaria al leer ‘Ensayo sobre la Ceguera’, novela del escritor portugués José Saramago: ¿Por qué esa epidemia de ceguera que abarca a la sociedad es blanca? No es negra, como se supone que ha de ser el dejar de ver. Hay  explicaciones científicas con el primer caso que expone uno de los personajes principales, el médico oftalmólogo, sobre padecimientos similares donde existe una ceguera blanca. Aunque estas deducciones creo que las hace el autor para resaltar lo inaudito del problema existente en el mundo creado en la historia y, por ende, inefable. Al final de la novela una respuesta sencilla, como de conclusión, que el lector va hilando en la trama, hace el personaje principal, la mujer del médico, sobre la sociedad y los ciegos; pero no se da cuenta sobre la blancura de la leche al no ver.

Luego llega la segunda pregunta: ¿Por qué no tienen nombre propio lo personajes de la novela? Un movimiento literario interesante por parte del autor, quien con un personaje que aparecerá en la historia se analiza. Es coincidencia, lo digo por el azar que da el encontrar personas en una ciudad, y necesario, por la historia y su registro, que quien razona acerca de ello sea un escritor, quizá importante, de libros en bibliotecas públicas y personales, de premios y un Nobel en 1998, de universidades discutiendo su trabajo y librerías y editoriales publicando su obra y quien  inicia una labor de cronista ante el mal que se padece.

Viene ahora la pregunta más evidente ¿Por qué la mujer del médico es la única que puede ver? Y lo explicamos como artificio de Saramago, para incluir una diferencia con la cual se nos podría descubrir lo que pasa en un mundo de ciegos (¿habría sido interesante contar la historia en primera persona desde alguien que no puede ver?) pero llegan las evidencias sociales y políticas: es importante un guía en un mundo que no puede guiarse, que no sabe qué pasa en realidad en su contexto; conclusiones de cada lector.

Habría sido llamativo que quienes eran ciegos antes de la ceguera blanca tuvieran mayor relevancia dentro de la novela. A parte de uno de los personajes dentro del manicomio que servía para la cuarentena de los infectados, estos ciegos no tuvieron mayor preponderancia en esta ficción. Quizá no era necesario, aunque alguien que lleva este padecimiento desde años ha de reconstruir el mundo de cierta forma que resulta una ventaja ante la nueva sociedad nómada que se estaba creando tras la epidemia.

Pero lo que está para analizar, lo propuesto a análisis, es si en verdad la historia trata sobre la ceguera en el mundo o la falta de escucharnos en el mundo. Siempre ponemos el sentido de la vista y del oído como diferencias, por decirlo de alguna manera: quien no ve, se dice, aguda el oído. Por ello es el lenguaje oral: las descripciones de la ciudad, la lectura del libro, las palabras de amor o de odio lo que se enfatiza, lo que llena de simbología. Cuando leemos ‘Ensayo sobre la Ceguera’ es imposible dejar de pensar desde los ciegos, desde su miedo por no ver y el bienestar al escuchar y encontrar allí la tranquilidad que nos dan las palabras, propias o del otro, sobre la soledad. Somos ciegos aprendiendo a escuchar.