Con la aparición del cine y en general de todos los medios audiovisuales (mass-media) se abrieron para el hombre moderno nuevas e insólitas formas de mirar el mundo, de experimentarlo y aprehenderlo, y también nuevas formas de satisfacer la curiosidad humana sin capacidad de límite.

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Por: Diego Firmiano

« ¿Qué es lo que se oculta detrás de este mundo embrutecido?

¿Otra forma de inteligencia, o una lobotomía definitiva? »

Baudrillard

¿Películas Snuff en las calles?

Entre los conocedores del tema, hay un debate por saber si en Colombia las películas tipo Snuff circulan o no, o si son reales o no. Y sí existen en nuestras ciudades, dónde y cómo se consiguen. Incluso discuten sobre si existen leyes actuales que prohíban aquello. Es cierto. No son personas comunes las que buscan lo que no se les ha perdido, ni compran lo que no saben, pero como  nos dijo un vendedor de discos que entrevistamos: “ésta generación es muy rara, quieren verlo todo y pagar por ello. Hay que suplir esa demanda”.

Y para empezar, la pregunta inicial es ¿qué es una película “Snuff”? En criollo, son producciones audiovisuales donde se perpetran actos de violencia y de muerte con el exclusivo objeto de ser grabados para un público que siente atracción y paga por ello. Se preguntará un ciudadano de a píe ¿Pero acaso existe un tipo de personas con gustos como estos que carecen de explicación psicológica? Absolutamente sí. Y no es arbitrario agregar que hay un morbo inherente a la naturaleza humana que se llama curiosidad, ya que como asentó Aristóteles en el primer párrafo de su metafísica: “todos los hombres desean por naturaleza conocer”.

Ahora, no es que generalmente seamos una nación aficionada a la sangre y la violencia, pero la realidad es que en nuestro país existe público selecto –de costumbres normales- que esperan contemplar la sangrienta obra en la pantalla anónima. El mito de la existencia de estas películas, es lo que ha creado la seducción por ver al menos una de ella alguna vez.  El viejo rumor de que en el barrio San Diego de la capital se filmaban estás películas no estaba muy distante de la realidad, pues en los años 70 fue cuando más gente desapareció en Colombia. Desapariciones inexplicables hasta ahora.  Y lo que incentivó más el mito de un cine snuff subrepticio fue, la película “Holocausto Caníbal” grabada en los años 80, en nuestra Amazonía, por el director italiano Ruggero Deodato.

¿Existen o no?

Armin Meiwes smiles in a Kassel courtroom, January 30, 2004. REUTERS/Pool

Armin Meiwes sonríe en un tribunal de Kassel, 30 de enero de 2004. REUTERS /

Y aunque el debate sobre la existencia de este tipo de producciones audiovisuales continua, algunos afirman que en Bogotá, Medellín o Cali,  si se pueden conseguir (o ver) fácilmente.  Un vendedor callejero bogotano de cedés piratas que solicitó guardar el anonimato cuando se habló con él, aseguró tener una copia para la venta del “caníbal de Rothenburg”, la filmación del Hannibal Lecter alemán que grabó en casi cuatro horas, cómo corto el pene a Bern Jurgen, de cómo lo ingirió y como finalmente troceó y comenzó a devorar al moribundo.  El carismático vendedor aseguró que hay gente que le gusta ver videos de primera, que es un público adulto y que si no las vende él, otro lo hará. Simple.

Un hombre (que pidió omitir su nombre por razones personales),  dice haberse topado con una tienda en el centro de Bogotá, exactamente una librería, donde inicialmente iba a comprar un video sobre un ritual satánico, pero el contacto lo puso en dirección de otra persona que podía suministrarle videos de muertes reales de niños golpeados hasta la muerte y mujeres clavadas con varillas por todos lados.  Según el hombre, el paralelismo entre un nivel adquisitivo amplio y el gusto por estas películas es evidente. Las últimas palabras, aparte de todo lo que contó con detalles fue: “¿cuál es la diferencia entre estos videos y saber por noticias o por televisión lo que hizo Garavito? El que pueda que juzgue”.

Él mismo fue el que nos contó que por internet hace años estuvo circulando un mensaje de un colectivo bogotano, que ofrecía a un precio especial una dirección web específica donde se reproduciría en vivo la muerte de una persona. El email fue una bomba, hasta que un bloguero cristiano lo denunció, para desaparecer por completo de la red este tipo de información.

Snuff nacional

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Yair Klein, es un exmilitar y mercenario israelí que vinó a Colombia a entrenar paramilitares en los años 80.

En el periodo de desmovilización de ex combatientes paramilitares, se llegaría a saber por confesiones voluntarias que el mercenario Yair Klein los obligaba, como parte del entrenamiento de milicia, a ver videos de torturas y masacres para según él, “perderle el miedo a la muerte”. Mutilaciones con machete, tiros de gracia, golpizas brutales a enemigos militares, etc. Costumbre heredada desde que los narcotraficantes clásicos hacían grabar las torturas de personas, para luego amedrantar a sus enemigos.

Por otra parte, la periodista mexicana Silvia Tort, con información suministrada por la Interpol, afirmaba que la fiscalía colombiana tiene en su poder videos snuff con una duración entre veinte y cuarenta y cinco minutos, que inician con diferentes tipos de tortura y culminan con la muerte violenta de menores, mujeres e indigentes principalmente. Acusación que se centra en la venta ilegal de estos videos que van a dar a las calles y a su comercialización. Y en realidad, el extinto D.A.S tuvo registros de extranjeros que ingresaban al país con la intención de filmar muertes y violaciones para comercializar en el viejo mundo. Como el sonado caso del Francés Jean Manuel Villaume en Bogotá,  o el del alemán Peter Schaubelt que afincado en Medellín, tenía en su poder cintas con violaciones de cientos de niños.

Cuando le preguntaron a un especialista español sobre el tráfico internacional y las redes de distribución de estos materiales apuntó que solo en los círculos herméticamente sellados se puede conseguir un video snuff, y dudosamente en un Sex-Shop, por la peligrosidad y el arrojo de exhibir un material de este tipo con consecuencias desastrosas y problemas con la justicia.

La contraparte

Los escépticos y moderados creen que son muertes simuladas, que es mero cine Gore ya que la tecnología digital ayuda a que las imágenes sean más reales y por eso afirman que  es la imaginación fantasiosa la que hace que el mito de estas películas se vuelva interesante. Pero desde hace más de dos décadas, Yaron Svoray, un detective israelí, recorrió el mundo literalmente tratando de investigar durante meses enteros, la verosimilitud o la engañifa del cine “Snuff”. Estuvo en los prostíbulos de Bangkok, Dubái, Canadá, hasta que aseguró haber visto un video, junto con otros hombres de negocio (para ingresar a un círculo se hizo pasar por un ejecutivo) donde una mujer suramericana es asesinada con cuchillo mientras tiene sexo con dos hombres.

Yaron Svoray, israelí el ex detective de la policía, el autor y conferencista.

Lo que sería una búsqueda infructuosa, alzó vuelo cuando Svoray, vio en el Times Square de New York un afiche que mostraba la foto cortada de una mujer desnuda con la leyenda: “El film que solo puede hacerse en Sudamérica donde la vida es barata”. El anuncio, según el Israelí, prometía una película en super-8 donde se vería las escenas más sangrientas que hayan pasado enfrente de una cámara.

La película en cuestión se titulaba “Slaughter” y causó un enorme revuelo entre los activistas de los derechos humanos, las feministas y el público en general, al nivel que el FBI empezó investigaciones para concluir que la cinta contenía unos muy buenos efectos especiales. Por eso obligaron a cambiar el nombre de “Matanza” (Slaughter) y agregar la leyenda: “nadie fue lastimado en la filmación de esta película”.  Desde este evento se formaría la leyenda urbana que alimentaria el imaginario colectivo por ver alguna vez una película de violencia real.

Con la aparición del cine y en general de todos los medios audiovisuales (mass-media) se abrieron para el hombre moderno nuevas e insólitas formas de mirar el mundo, de experimentarlo y aprehenderlo, y también nuevas formas de satisfacer la curiosidad humana sin capacidad de límite. Aunque las muertes que aparecen, por ejemplo, en los telediarios no pueden ser catalogadas como snuff,  si despiertan el lado morboso y bizarro que hace cuestionar nuestra crueldad. Las películas snuff no las hacen quienes las protagonizan, sino quienes las miran.