Escribe / Felipe Osorio Vergara / José David Chalarca Suescum / Emmanuel Zapata Bedoya / Alejandro Jaramillo Londoño – Ilustra / Stella Maris
La Ceiba pentandra de la avenida La Playa con la Oriental es el árbol más antiguo de Medellín. Por 175 años ha acompañado esa céntrica zona de la ciudad, dándole sombra a varias generaciones. Aquí un relato sobre este árbol patrimonial.
Las raíces de Medellín
Si uno recorre la bulliciosa avenida Oriental, desde la iglesia de San José hasta llegar a la avenida La Playa, no solo se va a encontrar una gran cantidad de personas, tiendas de ropa, medicamentos baratos, películas porno, distribuidores de todo tipo, vendedores ambulantes que gritan, habitantes de calle y un tráfico permanente, sino también varias filas de árboles que reposan en sus alrededores.
Estos longevos seres que habitan la zona conocieron a los primeros devotos de la Iglesia de la Candelaria, experimentaron la transformación de las antiguas plazuelas coloniales en parques, y han permanecido en el ambiente frenético de la Medellín contemporánea.
Si bien fueron plantados hace varias décadas, han sido testigos de la modernización y la configuración del paisaje actual, de la migración del campo a la ciudad, y de la construcción misma de escenarios tan importantes como el Parque de Bolívar y el Bosque de la Independencia (ahora Jardín Botánico).
A pesar de que las antiguas plazas y plazuelas de Medellín fueron arborizadas en pro de la higiene y el ornato, entre las últimas décadas del siglo XIX y comienzos del XX, como aseguró Diego Molina en su libro Los Árboles se toman la ciudad, los árboles siempre han entrado en conflicto con la ciudad.
De hecho, en varios casos, debido a su tamaño, los habitantes se quejaban porque afectaban algunas propiedades y robaban espacio a los automóviles y aceras, por lo que fueron víctimas de procesos legales y solicitudes al Concejo para ser cortados.
Visualiza en la siguiente cartilla algunas quejas, peticiones y solicitudes realizadas a la Alcaldía y Concejo de Medellín a comienzos del siglo XX relacionadas a conflictos con árboles.
Incluso, sumado a los graves problemas de insalubridad que vivía la ciudad para la segunda década del siglo XX, se implementaron proyectos que sacrificaron varios árboles en pos del desarrollo urbano, como la cobertura de la quebrada de Santa Elena.
Entre las ceibas que se resisten a abandonar la avenida Oriental con La Playa, hay una que, con 175 años, alberga las raíces de la historia de Medellín.
El tronco como símbolo de resistencia
A pesar de que los árboles habían sido tratados como un obstáculo, un mueble, un trasto, un amarradero de caballos, una letrina o simple leña, gracias a las ideas progresistas e higienistas del siglo XX, se empezó a respetar más al árbol por su valor estético, histórico y ambiental.
Según el ingeniero forestal Mauricio Jaramillo, experto en árboles patrimoniales, esta Ceiba pentandra es un elemento articulador del paisaje y hace parte de la piel de la ciudad desde 1850-1860
Además, “hablar de un árbol que es o se acerca a la denominación de centenario, ya de por sí acoge una sobrevaloración que va más allá de su edad; es de resaltar la supervivencia que ha tenido en medio de una ciudad de constantes mutaciones”, agregó este mismo experto en la Ficha Técnica de Valoración No. 201 que realizó la Alcaldía de Medellín en 2018.
Las primeras ceibas fueron traídas desde las riberas del río Cauca y sembradas en la avenida derecha de la quebrada Santa Elena por el terrateniente y político Gabriel Echeverri en 1857.
Uno de los árboles más recordados de la época fue la denominada “Ceiba de Junín”, ubicada entre el puente de Junín y Girardot, que fue símbolo de inspiración para el poeta antioqueño Epifanio Mejía. Aunque hoy ya no existe, pues fue talada como respuesta a la congestión que se presentaba frente al Teatro Junín.
Según el médico Manuel Uribe Ángel, en su libro Recuerdos de un viaje de Medellín a Bogotá, en 1862 algunas de las especies introducidas y naturalizadas en la ciudad fueron las ceibas, jazmines, limoneros, naranjos, palmeras, mangueros, guayabos y los pomarrosos. Pero a ojos del galeno, las ceibas, en especial la Ceiba pentandra, representaban una discontinuidad en el paisaje urbano-rural de mediados del siglo XIX.
Si bien esta especie de ceiba ha sido muy utilizada en avenidas y paseos de Medellín, el árbol guardián que protege esta zona se destaca del resto de los árboles patrimoniales por sus fortalezas y atributos.
El gigante de 23 metros de altura está en el corazón de la calle, en la mitad de dos vías a su alrededor, y rodeado por las esculturas de María Cano, pionera de los derechos de las mujeres; Rosita Turizo, defensora del sufragio femenino; Luzmila Acosta, precursora de la especialidad psiquiátrica; y Guillermo Cano, pionero de la libertad de prensa.
Además, bajo su sombra también se encuentra un ecosistema de personas que transitan a diario por el Centro de la ciudad y lo consideran como un punto de referencia.
Entre ellos se encuentra Jorge Alonso Alzate, vendedor ambulante desde hace tres años, que la describe como amiga del peatón y resalta la importancia estética y geográfica de la ceiba: “Es una elegancia. De mucha fama aquí en Medellín y todo el mundo: ¿pa dónde voy? Por allá para La Ceiba”.
Si se caminan unos 50 pasos a la izquierda, por los alrededores de la Casa de Lectura Infantil de Comfenalco, también se encuentra a Jaime Cuartas, un vendedor de mangos que ha recibido la sombra de la ceiba desde hace 40 años, de la que destaca su importancia para la fauna de la ciudad.
Así como Jorge y Jaime, muchas personas, entre peatones, vendedores, domiciliarios y habitantes de calle, se reúnen alrededor de la ceiba para descansar, trabajar y tertuliar bajo las ramas de su follaje despelucado.
La copa erguida con sus frutos y ramas para todos
Desde bien temprano, la frondosa copa de la Ceiba pentandra les brinda sombra a las personas en un área de dos metros a la redonda. Incluso algunos árboles y otras edificaciones aledañas se benefician de su vasta extensión, como el edificio Los Búcaros, el Vicente Rendón, o el edificio de Comfenalco.
Desde la esquina suroeste de La Playa, donde se ubica la Clínica Soma, tras atravesar a los vendedores de aguacates y piñas, se puede observar cómo cobija a los habitantes en medio del tráfico de la tarde.
Junto al edificio Los Búcaros, se encuentra Darío Alonso Corrales, publicista que ha trabajado en los alrededores de la ceiba por 20 años. La describe como una antigüedad del sector, caracterizada por la belleza de sus hojas en los cambios de temporada.
“Es un árbol muy bonito, véalo ahí como está de hermoso, así en el invierno se florece así todo bacano. Cuando estamos en verano, se secan las hojas y se caen. ¿qué tiene de bonito? Que al rato vuelve y se llena”, expresó Corrales.
Unos metros hacia arriba, en dirección a la Playa con el Palo, se encuentra Luz Gutiérrez, quien, sentada en una banca, junto a la estatua de Guillermo Cano, se tomó unos segundos para contemplar el árbol.
Ella es una trabajadora independiente que frecuenta el Centro de Medellín para realizar sus tareas. Le gusta estar cerca de la naturaleza y respirar aire limpio. Por eso se sienta junto a la ceiba, a quien considera miembro importante del ecosistema de Medellín, además de un ser extenso y dominante.
La importancia de este árbol también se puede medir por su valor estético y ecológico, pues según Lucenit Solano, funcionaria de la Secretaría de Medio Ambiente de Medellín, dada su magnitud, antigüedad y afecto generado por la gente, es uno de los elementos más importantes del lugar.
No obstante, no solo se destaca en términos paisajísticos y estéticos, ya que realiza aportes notables en la captura de carbono, también beneficia a la fauna y ayuda a la regulación térmica de una de las arterias más transitadas y congestionadas de La Candelaria.
Desde las yerbateras y los campesinos que se enfilaban debajo de las ceibas, descritos por la escritora medellinense Sofía Navarro de Ospina en cuentos y libros como La abuela cuenta, hasta los venteros ambulantes actuales que ofrecen bonice o popetas en sus alrededores, la Ceiba pentandra ha sido testigo de los cambios que ha vivido la ciudad en 175 años.
Este árbol es un referente de memoria para la ciudad, un vestigio que se ha resistido y aún se resiste al cambio. Hace parte de la historia de Medellín como Patrimonio Natural y Cultural por su valor histórico, simbólico, estético, paisajístico y ecológico.
Cuidar de la ceiba y de los árboles patrimoniales, no solo está consagrado en el Decreto 0598 de 2019, sino que también contribuye a gozar de un ambiente sano y protege la diversidad de áreas con importancia ecológica en entornos urbanos.
Así también lo cree Luz Gutiérrez, quien sigue sentada respirando y descansando alrededor del árbol: “Si nosotros acabamos con los árboles, acabamos con la vida de nosotros”.
Para conocer más acerca de los árboles y palmas patrimoniales de Medellín y su ubicación en las diferentes comunas de la ciudad, explora el siguiente infográfico.
Infografía con diferentes aspectos del espacio público en Medellín y su distribución por comunas. Nótese que se sigue perpetuando la diferencia entre los sectores más privilegiados y los menos en materia de espacio público.
Árboles urbanos: el alma viva del Aburrá. Origen e historia
Los primeros árboles sembrados en espacio público en Medellín datan de 1857. Se trataba de ceibas traídas desde las calurosas riberas del río Cauca por el comerciante y colonizador Gabriel Echeverri. Fueron plantados en la margen derecha de la quebrada Santa Elena, en donde hoy se encuentra la céntrica Avenida La Playa. Estos árboles inspiraron al poeta Epifanio Mejía para componer su poema de 1868 La Ceiba de Junín, pero también inspiraron a muchos otros antioqueños que, años más tarde, transformarían a Medellín; pasando de una estrecha ciudad colonial, a una ciudad arborizada, imitando las grandes capitales europeas.
Aunque muchos de los primeros árboles sembrados a mediados del siglo XIX y comienzos del XX ya no están, han dejado huellas indelebles en la memoria e identidad urbana de Medellín y el Aburrá. Basta con mirar el nombre de algunos barrios como Los Álamos (Aranjuez), Los Pinos (La América), Las Acacias (Laureles-Estadio), El Nogal (Belén), La Aguacatala (El Poblado) o Las Palmas, o incluso de dos comunas como Laureles y Guayabal, para darse cuenta del papel de los árboles en la toponimia de varios sectores de Medellín. Sin contar con que los constructores en la ciudad han encontrado en la flora una fuente de nombres para llamar sus edificaciones. Por ejemplo, con edificios como Los Cámbulos, La Ceiba, Los Caobos o Los Guayacanes, o urbanizaciones como Arrayanes de La Calera, Balsos de Oviedo o Abedules.
Para conocer más acerca de la historia de los árboles en Medellín y cómo algunos de ellos son patrimoniales, les invitamos a visualizar este episodio, y los demás capítulos de la miniserie Árboles urbanos, el alma viva del Aburrá.
Desigualdad verde
De acuerdo con la Encuesta de Percepción Ciudadana de Medellín 2021, el 46% de la población encuestada se siente satisfecha con la cantidad de árboles en la ciudad. Sin embargo, al extrapolar este dato con la satisfacción que se tiene con los parques y zonas verdes públicas del barrio, se evidencia que las zonas suroriental (Poblado) y centro-occidental (Laureles) son en donde sus habitantes presentan mayor satisfacción. En contraste, las laderas nororiental, noroccidental y centroriental son las menos satisfechas en esta materia. Resultados semejantes fueron arrojados al preguntar el grado de satisfacción frente al espacio público disponible en la ciudad.
Este contraste es revelador: los habitantes de zonas más privilegiadas son, a su vez, los más satisfechos en materia ambiental y de espacio público en Medellín, mientras que los de zonas con menores ingresos económicos son los menos satisfechos.
Infografía con diferentes aspectos del espacio público en Medellín y su distribución por comunas. Nótese que se sigue perpetuando la diferencia entre los sectores más privilegiados y los menos en materia de espacio público.
Una primera lectura para entender la desigualdad verde y de espacio público puede enraizarse en la planeación urbana de algunos sectores (usualmente de mayores ingresos), versus el poblamiento espontáneo y sin apoyo estatal en otros (zonas menos favorecidas). No obstante, sus causas van más allá.
Para conocer más acerca de la desigualdad verde en Medellín y qué papel tuvo la Violencia partidista de mediados del siglo XX, les invitamos a visualizar este episodio, y los demás capítulos de la miniserie Árboles urbanos, el alma viva del Aburrá.
El dilema de la reposición
Al estar enclavado en un valle, Medellín no tiene para donde expandirse. Si bien las laderas alrededor de la ciudad se han poblado con edificaciones planeadas y no planeadas, para nadie es un secreto que la arrugada topografía sigue limitando el desarrollo urbanístico. De hecho, con proyectos como el Jardín Circunvalar o Cinturón Verde, se buscó frenar la expansión urbana hacia las montañas. De ahí que, últimamente, las administraciones municipales hayan favorecido un modelo de ciudad compacta, vertical, que redensifique las zonas planas cercanas al río. Sin embargo, esta falta de suelos urbanos en la ciudad también ha afectado la creación de parques, reposiciones arbóreas y reforestación urbana: ¿Dónde sembrar árboles en el Medellín urbano si ya todo está construido?
Para conocer más acerca de la falta de suelos para reforestación urbana y la rica diversidad en fauna que tiene Medellín, les invitamos a visualizar este episodio, y los demás capítulos de la miniserie Árboles urbanos, el alma viva del Aburrá.




