Cumplidos 105 años del natalicio del maestro Bermúdez, en el marco del Festival Multicultural de los Montes de María, FestiMaría, que ya cuenta con cuatro ediciones, podemos gozar de los frutos de nuevas resignificaciones… 

Un músico que creó escuela en Colombia.

Por: Luis Carlos Ramírez Lascarro

Escuchando el topónimo Carmen de Bolívar se nos presentan dos tipos de evocaciones radicalmente distintas y que, de manera insospechada, están ligadas por la música de gaitas y tambores. Por una parte, evocamos el hermoso y sabroso Porro homónimo y las imágenes luminosas que comparan la belleza de sus mujeres y sus paisajes: Como las mieles que dan sus cañas tienen tus hembras los labios rojos, toda la fiebre de tus montañas las llevan ellas dentro ‘e los ojos. Tierra de placeres, de luz, de alegría… Casi inevitablemente evocamos, también, las terribles imágenes de los asedios, las masacres y los desplazamientos sufridos por los pobladores del espléndido territorio de los Montes de María.

El maestro Luis Eduardo Bermúdez Acosta, nacido el 25 de enero de 1912 en el barrio Bureche de El Carmen de Bolívar, ciudad en reflorecimiento luego de superar, en gran medida, las dos décadas de violencia paramilitar que la aquejaron al igual que a sus alrededores, tuvo la genialidad de amoldar la tradición musical de las gaitas y pitos ancestrales al formato jazzístico de las Big Band, resignificando estas músicas, logrando poner por primera vez en boca de todo un país y un continente el nombre de su pueblo natal, creando con las notas de su prodigioso clarinete la primera evocación referida.

En el cambio de siglo y de milenio, en la tristemente célebre masacre de El Salado, corregimiento carmero, construyendo la otra evocación referida, miembros del autodenominado bloque “Héroes de los Montes de María” de las Autodefensas Unidas de Colombia emplearon instrumentos musicales para “celebrar” los vejámenes a los cuales sometieron por largos y horrorosos días a la población, dando una macabra connotación a las mismas músicas tradicionales que el maestro Lucho había hecho pasearse por salones de baile, emisoras y demás escenarios multitudinarios de toda América Latina en temas como: Fiesta de Negritos, Aguardiente, Arroz con Coco y Caprichito, entre otras.

En la portada de la revista Semana. 1o. de enero de 1949.

Cumplidos 105 años del natalicio del maestro Bermúdez, en el marco del Festival Multicultural de los Montes de María, FestiMaría, que ya cuenta con cuatro ediciones, podemos gozar de los frutos de nuevas resignificaciones no solo de las músicas tradicionales en la persona de los herederos del legado del maestro: Carlos Piña, Tico Arnedo, Justo Almario y su hija Patricia, sino de los mismos territorios de los Montes de María, mediante proyectos como: El Colectivo de Comunicaciones Montes de María, la Asociación Sembrando Semillas de Paz, la Asociación para la Vida Digna y Solidaria y La Escuela de Música Lucho Bermúdez que, desde distintos ámbitos y atendiendo distintas poblaciones como Mampuján y Macayepo, además de El Salado, contribuyen al restablecimiento del tejido social y a la consolidación de la paz en estas comunidades.

El Colectivo de Comunicaciones permite a la población de la región la oportunidad de mirarse, reconocerse y reencontrarse, en un universo distinto y cotidiano, a través de la televisión, el cine, la radio comunitaria y escolar, y los medios impresos alternativos comunitarios. Las asociaciones Sembrandopaz y Asvidas contribuyen a la construcción y fortalecimiento de la capacidad de gestión de las organizaciones de base con el objetivo de desarrollar una cultura de paz y apoyar los procesos de desarrollo humano integral y sostenible dentro de la población de la región de los Montes de María.

La escuela de música, espacio cultural construido por parte del Ministerio de Cultura en honor al maestro Bermúdez, viene realizando desde el 2014 una importante tarea de formación y divulgación artística que debe resaltarse, ya que, además de contribuir en la reconstrucción del tejido social, como los proyectos anteriores, contribuye a la preservación y actualización, además de garantizar la prolongación en el tiempo del legado del maestro Bermúdez, mediante proyectos como La escuela vibra en el territorio, por medio de la cual son llevadas a los barrios, corregimientos, establecimientos y sitios públicos las muestras de músicas de bandas, gaitas, acordeón y los grupos de danzas, coro y teatro que permiten a los pobladores de la región tanto conocer y disfrutar la cultura de otras latitudes como las reinterpretaciones de la obra del maestro Lucho, bien sea en la línea tradicional de Gaitas, Bandas Pelayeras o Jazz Band, en versiones que dialogan con el clasicismo de las filarmónicas o en las más recientes versiones de la escena underground de las Nuevas Músicas Colombianas como las de Puerto Candelaria, La Mercosur, South People, La Mojarra Eléctrica o La 33.

El ejemplo de resignificación del maestro Lucho, que le permitió la universalización de ritmos tradicionales como la cumbia, el porro y el fandango, gracias a una brillante carrera como compositor y arreglista, debe entenderse desde la asimilación de la herencia tradicional de los toques de tambores, de cañamilleros y gaiteros, de las bandas militares y papayeras, de los bailes cantados, el estudio de la teoría musical que le permitió ser un precoz multinstrumentista y director de orquestas marciales, además de acercarse y asimilar tanto a los ritmos norteamericanos, especialmente al swing jazz, como a la armonía y las líneas melódicas de algunos músicos rusos como Chaikovsky, Stravinsky, por lo que algunos le han llamado El Benny Goodman o El Korsakov colombiano.

En sus últimos años. Falleció en Bogotá en 1994.

Estas influencias le permitieron poseer el lenguaje perfecto para el cambio de gusto en las clases dominantes, propiciado por la naciente industria discográfica nacional y para el cual nunca se apartó de las raíces regionales y nacionales, pero les aplicó las técnicas de instrumentación que sonaban en toda América. 

Su tarea de resignificación trascendió lo musical y se trasladó a múltiples espacios y territorios dados a conocer e integrados a la tradición musical y la identidad nacional a través de sus canciones, espacios tales como: su barrio Bureche, su pueblo Carmen de Bolívar, su casa – finca Salsipuedes, el club San Fernando donde triunfó y la Colombia tierra querida que lo vio nacer y lo encumbró como uno de los máximos exponentes de sus músicas populares.

Estas  resignificaciones desde la cultura para los espacios vitales y la existencia misma, son un punto de partida y referencia fundamental en la bella búsqueda de recuperación de los territorios sagrados, e históricamente tan disputados, de los Montes de María que no sólo quieren y necesitan sanar sus tantas heridas, sino evitar, también, a través de las artes y la educación, que se vuelvan a presentar las jornadas de dolor que en un pasado no muy lejano los desangraron dolorosamente y para lo cual juegan un papel muy importante los colectivos y sus valientes gestores que, desde las periferias, buscan aportar a la reconciliación y a la paz en medio de la corrupción, la injusticia, el abandono del Estado traducido en mala calidad y oportunidad de acceso a servicios de salud, educación y demás servicios básicos, sin olvidar la falta de oportunidades de empleo o de estímulo a la producción y los nuevos brotes de violencia derivados de la lucha por las tierras en proceso de restitución…

En esa titánica tarea de estabilizar el campo, buscar caminos de transformación, de mayor igualdad y de lucha contra la profunda inequidad vergonzosa el ejemplo de resignificación llevado a cabo por el modelo del maestro Lucho Bermúdez desde su arte es fundamental como punto de partida y ejemplo de conjunción de lo local y lo foráneo en la construcción de una nueva realidad que genere identidad y pertenencia.

En la intención de homenaje eterno del FestiMaría y en el impulso revitalizador de la Escuela de Música Lucho Bermúdez, desde su propia tierra, podemos tener la esperanza sosegada del sostenimiento y la perpetuación del legado musical del maestro Lucho Bermúdez, el Carmero Universal, ¡el Clarinete Mayor de Colombia!