Darío Jaramillo Agudelo: la crónica atraviesa su mejor momento

Luego de leer más de mil crónicas y seleccionar por espacio de año y seis meses el mejor material, el poeta Darío Jaramillo Agudelo cuenta en este diálogo pormenores vitales de cómo armó la Antología de crónica latinoamericana actual, libro que hoy circula a lo largo del continente.

Darío Jaramillo Agudelo lee una revista literaria en el hall de un hotel de Pereira.Por: Franklin Molano Gaona

¿Por qué un poeta interesado en la crónica?

El punto de partida de esta antología es mi pasión lectora. Desde hace muchos años leo crónicas, me gusta y me parece que es un género muy importante, el cual es un género de la literatura, por lo menos hay una intención estética en el uso de las palabras y eso se aprecia en algunos cronistas que lo hacen así.

Con esa experiencia mía como lector, la cual abarca desde Carlos Monsiváis (Días de guardar, México 1970 y A ustedes les consta. Antología de la crónica en México, México, 1978), Elena Poniatowska (La noche de Tlatelolco, 1971), Tomás Eloy Martínez (Lugar común la muerte. Colección de relatos. 1979) y Gabriel García Márquez, me di cuenta que había una especie de auge de la crónica, caracterizado por la existencia de revistas dedicadas a este género, como por ejemplo ElMalpensante, Soho y Gatopardo.

En ese punto, un editor me encargó a finales del año 2008 y a principios del 2009 que hiciera la Antología de la crónica latinoamericana actual. Yo me dediqué a hacer un barrido. Leí más de mil crónicas para llegar a una selección. La editorial Alfaguara fue la que publicó el libro, que este año (2012) lo presentó en España en el mes de febrero; en Colombia, en abril; en Argentina, en mayo, y creo que en julio será la edición para México. Y ahí vamos.

En ese barrido, ¿qué temas centrales encontró?

Hay varias cosas: hay un cambio de paradigma. Ya no interesa la noticia, lo que interesa son las historias insólitas, las historias que puedan atrapar a un lector. El otro paradigma es que la crónica no puede ser aburrida.

Los temas por un lado son: los submundos, lo marginal, la pobreza, las tribus urbanas, la prostitución infantil y la trata de personas, con trabajos como los que ha hecho la escritora mexicana Lydia Cacho.

Por otro lado, los grandes ritos: los conciertos, los carnavales, los partidos de fútbol y de béisbol, las grandes manifestaciones sociales.
Y un tercer tema, con el perfil, que es ese retrato de los personajes que se consideran atractivos.

En cierto momento, Martín Caparrós, cronista argentino, señaló que el arte de la crónica consiste en que la gente se interese por temas que los demás no se interesarían, y esa la magia que tiene un cronista.

Hábleme un poco del origen de la crónica. Dicen que proviene de España, otros hablan que es caribeña, ¿cuál es su mirada?

Nace de varias partes. Primero, hay una tradición en castellano de los cronistas de Indias. De otro lado, están los cuadros costumbristas del Romanticismo. Están las cronistas de autores modernistas. Está el periodismo social de los años 30. Está el boom de la literatura latinoamericana, principalmente con García Márquez y de otros, como el mexicano Carlos Fuentes, fallecido un mes atrás.

Otra vertiente, es el surgimiento en los Estados Unidos, donde hay grandes cronistas como: Norman Mailer (1923-2007, La canción del verdugo) y Truman Capote (A sangre fría), y otros como Gay Talase (Frank Sinatra está resfriado). Ellos alimentaron la crónica actual.

En Europa, está la obra del polaco Ryszard Kapuscinski (El Emperador, Ébano, La guerra del fútbol, Un día más con vida), quien tuvo mucho que ver con el auge de la crónica latinoamericana.

De tal manera, la crónica se alimenta de muchas partes y asume muchas tradiciones, para finalmente consolidar un género, el cual despunta con autores que nacen después de 1950.

Las cabezas que hoy se destacan son: el argentino Martín Caparrós (El interior, Contra el cambio), el mexicano Juan Villoro (Tiempo transcurrido), la argentina Leila Guerriero (Los suicidas del fin del mundo), el peruano Julio Villanueva Chang (Elogios criminales y Mariposas y murciélagos) y en Colombia, el más importante para mí, el barranquillero Alberto Salcedo Ramos (La eterna parranda).

Usted me dice que tiene una relación con la lectura de crónicas desde muy joven. En ese recorrido nacional, ¿qué autores de este género lo seducen?

En Colombia, los cuadros de costumbres, entre ellos: Vergara y Vergara, Emilio Casas y Tomás Carrasquilla. Luego en los años 20, está Luis Tejada, interesado en captar la realidad inmediata. Más adelante Ximénez y Felipe González Toledo, que son de la prensa bogotana. Luego de adolescente leí a los clásicos: La noche de Tlatelolco y Días de guardar.

En Colombia, en los años 70, aparece Colombia amarga, de Germán Castro Caycedo, y luego viene: Perdido en el Amazonas, que ya son un clásico.

En otros países suceden fenómenos paralelos. En Argentina está Tomas Eloy Martínez, Roberto Arlt (Aguafuertes), Ricardo Piglia (Plata quemada) y Rodolfo Walsh (Operación masacre). En Puerto Rico está Luis Rafael Sánchez, famoso por la novela (La guaracha del Macho Camacho), que también es un gran cronista y en este mismo país hay una mujer, Ana Lydia Vega. En fin, en cada país hay cronistas que los hemos vivido con el auge de las revistas.

El poeta Darío Jaramillo Agudelo, compilador de la Antología de la crónica latinoamericana actual.

¿La crónica está relacionada con el humor?

Es uno de los ingredientes, pero muchas veces las historias que se cuentan son tan trágicas que no dan lugar al humor, como sí hay textos que son muy hilarantes.

También se señala que la crónica está desgastada, que solo, como usted dice, está en revistas, ¿usted qué considera?

Está en pleno auge y se ha salido de madre. En el Salvador hay un diario virtual que se llama El Faro donde han surgido los cronistas más importantes de este país. En éste mismo lugar, la prensa diaria publica cada semana un suplemento dedicado a la crónica.

Pero mirando medios más contemporáneos, la red es una fuente de crónica. Cada vez se encuentran excelentes cronistas que solo publican en la web. En la red la cosa va por nichos, entonces la gente sabe dónde está la fuente. Cada vez hay más y se produce mejor crónica en la red.

Luego de largas horas de lectura, ¿cuál es para usted su definición de crónica?

La que más me gusta repetir es una de García Márquez, que es muy definitoria: la crónica es un cuento que es verdad. Hay otras: Villoro dice que es literatura bajo presión. Mario Jursich, director de Elmalpensante, dice que es un género que tiene un pie en la ficción y otro en la notaría.

¿Cómo fue su metodología y la rutina de trabajo?

Aspiraba a producir un libro para llevar a una isla desierta con crónicas muy entretenidas y eso lo logré. Al final me queda la sensación que el género va tan bien que la cantidad de crónicas escogidas no caben en un libro, caben en varios libros, es decir, queda abierta la ventana para seguir haciendo selecciones. Estamos en un momento glorioso del género.

¿Luego de este trabajo, usted a qué está dedicado?

Yo hago nada. Básicamente nada. Estoy dedicado a la vagancia. En mis retos libres escribo versos o hago antologías, pero lo principal, es hacer nada.