Charla leída el 5 de octubre de 2019 en el lanzamiento de la narrativa completa de la Albalucía Ángel publicada por la Secretaría de Cultura de Pereira durante la Feria del Libro del Eje Cafetero. Se presentaron seis obras narrativas reeditadas.

 

Por: Alejandra Jaramillo Morales*

En primer lugar, hablamos de una mujer autodidacta. Una mujer que, además, nos ha enseñado la capacidad de buscar la libertad. Porque ella ha buscado caminos propios, que no concordaban con el deber ser de lo que se esperaba de ella, y que por el contrario son fructíferos como ejemplo de entereza y sabiduría. Pensemos por un instante lo que fue crecer entre los años 40, 50, 60 en este país. Era una niña cuando mataron a Jorge Eliécer Gaitán, y desde las calles de esta ciudad fue testigo de la violencia que se desató. Esa que hemos dado en llamar La Violencia con mayúscula y que no termina. Creció en ese mismo país en que las mujeres ni siquiera tenían derecho al voto, que como sabemos lo adquieren en la década de los 50, y en una sociedad que no esperaba más de las mujeres que casarse y acompañar el crecimiento de una familia.

Y mientras tanto Albalucía Ángel empezó a comprender, a través de la lectura y de su vitalidad, el mundo que la rodeaba. Ya joven viaja a Bogotá a estudiar arte en la Universidad de los Andes y allí vive otra crisis importante de este país, el movimiento estudiantil que reprime el gobierno de Lleras Restrepo. Y esa mujer seguía entendiendo, leyendo, apropiando las verdades que en su literatura nos develaría pocos años después.  Y en medio de la confusión y el dolor que producía la historia de este país para esa mujer joven, que además había optado por una vida autónoma, decide viajar a Europa. Allí sigue la lectura incansable, sigue estudiando historia del arte y empieza a escribir sus textos de crítica del arte.

Y si reitero la lectura, es porque si hay algo fundamental en la vida de esa niña, de esa joven y adulta fue descubrir la literatura, descubrir el conocimiento que la llevó a hacerse parte del pensamiento de su época. Porque allá en Europa también va a vivir los cambios más importantes del siglo XX. Mayo del 68, las nuevas libertades que su generación abrió para todas las generaciones venideras.

Y si hablamos de Albalucía Ángel, hablamos de una estudiosa de la historia. Una mujer que se pensó este país para contarlo. Les narro una de las imágenes que más me ha impactado de esta escritora. Luego de sufrir un tremendo accidente en Europa regresa a Colombia a recuperarse. Entonces recopila toda la información: recortes de prensa, revistas, libros que creyó necesarios para escribir su gran novela, Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón. Entonces regresa a Europa con maleta cargada de historia y se encierra en un cuarto en Cadaqués a vivir todos los acontecimientos. A recuperar las memorias, a comprender esas verdades que más adelante veremos en su escritura.

Albalucia Ángel empezó a comprender, a través de la lectura y de su vitalidad, el mundo que la rodeaba. Fotografía / Utópicos.

Hablamos también de una renovadora de lenguaje. Una virtuosa de nuestra lengua. Albalucía Angel decide que si su destino es la palabra, el lenguaje, entonces la lengua será su material de trabajo. No va a contarnos historias solamente, va a moldear la lengua. Nos va a llevar a oír voces y silencios que antes no conocíamos. En ella encontramos una voz que nos muestra que la literatura es una forma inclemente de la inteligencia.

Desde que empecé a leer la obra de Albalucía Angel en los años 90 hasta el presente, me he preguntado qué la hace la gran escritora, porque no me tiembla la voz cuando digo que es una de las mejores escritoras o escritores, para que me entiendan bien, que ha tenido este país.

Es una pregunta que no sólo me ha llevado a ella, sino que me la he hecho también por otros escritores de la historia del mundo occidental. Podría delinearlo en estas tres categorías. Hay quienes escriben para contar el mundo, hay otros que escriben para interpretarlo, para dar otra versión más allá del simple relato de lo que es. Pero hay otros y esto es lo que creo que representa Albalucía Ángel, hay otros y otras que reinventan el mundo.

Estos son los seres que abren esa conversación que dura muchas décadas, a veces siglos como lo ha hecho Albalucía Ángel en la literatura colombiana. Porque hace veinticinco años, cuando empezamos a leer en las universidades colombianas la obra de nuestra autora, llegamos a pensar que ella había escrito para seres del futuro. Que la experimentación que Albalucía había realizado la entenderían décadas después, pero ahora sé que escribió para muchas épocas.

Que todos los que la hemos leído entramos en ese diálogo que su obra abrió y que se expande cada nuevo día. No saben la felicidad que me da ver que cada vez los alumnos y alumnas que la leen descubren más preguntas y respuestas a través de esa obra que hoy celebramos. Sus libros, que hoy gracias a esta publicación que ha hecho posible la Secretaría de Cultura, siguen en diálogo con todas las generaciones de colombianos y colombianas.

…porque no me tiembla la voz cuando digo que es una de las mejores escritoras o escritores, para que me entiendan bien, que ha tenido este país. Fotografía / Utópicos.

No quiero detenerme en mi anécdota personal con Albalucía, pero sí quiero decirles algo sobre los cambios que he vivido en relación a la lectura de las obras de Albalucía Ángel. Empecé a leerla en 1994. Era estudiante de la Universidad de los Andes en Bogotá y tuve la fortuna de ser alumna de Paulina de Sanjinés quien después de hacer una maestría en Estados Unidos vino a dictar cursos de escritoras colombianas y latinoamericanas.

Allí me encontré por primera vez con las novelas de Ángel. Pero era todavía un momento muy oscuro para la literatura de las mujeres en Colombia. Nadie parecía haber oído jamás hablar de Albalucía Ángel, sus libros no se conseguían en ninguna librería y, casualmente, tampoco en las bibliotecas, era una mujer que no existía para Colombia. Pero era ya un tesoro que este país tenía.

Y lo supimos cuando le empezamos a leer y a comprender. Tuve también la fortuna de estar cerca de otras mujeres que estaban trabajando por hacer visible la escritura femenina. Monserrat Ordóñez, Betty Osorio, Ángela Inés Robledo, María Mercedes Jaramillo, entre otras, empezaron a publicar libros donde Albalucía Ángel iba convirtiéndose en un personaje central de nuestra literatura.

Pocos años después me fui a estudiar a Estados Unidos y allí me encontré un día, en los anaqueles de una biblioteca, toda la obra de esa autora a la que yo había leído en fotocopias de fotocopias. Allí me detuve ante esos libros, a los que ya me había dedicado para escribir mi tesis de pregrado. Yo sabía que era una escritora sorprendente, lo que no podía saber es que en el resto de Latinoamérica y Estados Unidos la leían como una de las grandes maestras.

Allí encontré muchas personas que la conocían, que habían leído su obra y la consideraban una autora esencial de la literatura de las mujeres en América Latina. Años después, en un encuentro con la poeta chilena Soledad Fariña, la oí contar que ya a principios de los años 90 se hablaba en los congresos de literatura que Latinoamérica tenía su Virginia Wolf y era precisamente Albalucía Ángel.

Ese tesoro de nuestra literatura ya estaba bordeándonos, nos recorría. Pero aún faltaba tiempo para que pudiera recibir el reconocimiento en nuestro país. Todavía faltaba tiempo para que este país pudiera aceptar a esa mujer irreverente y libre que había escrito libros inquietantes sobre nosotros mismos.

Cuando uno le pregunta, ¿dónde vives Albalú? Ella siempre contesta: “En el corazón, mi amor”. Fotografía / Utópicos.

Veinte años después tengo la certeza de que entre quienes hacemos literatura, crítica o ficción, la obra esta escritora pereirana ha ido ganando su lugar. Y gracias a ese reconocimiento que hombres y mujeres de la academia colombiana, y también lectores y lectoras que cada vez la leen más, hoy tenemos en nuestras manos la colección de narrativa de esta gran escritora colombiana.

Por esos años en que empezamos a leer a Albalucía Ángel; ella había decidido no volver a Colombia. Se sabía muy poco de dónde estaba. Unos decían que Inglaterra, otros decían que en la India, otros que en Noruega. Y sí, había pasado muchísimos años viviendo en los bosques de Noruega, y viajando por otros parajes del mundo. Había vivido en ese lugar que sólo ella sabido mostrarnos.

Cuando uno le pregunta, ¿dónde vives Albalú? Ella siempre contesta: “En el corazón, mi amor”. Porque Albalucía Ángel ha sido una andariega, ha caminado por el mundo buscando sobre todo el silencio, las fuerzas más hondas del espíritu. Entonces empezamos a oír su voz. Primero por teléfono. Apareció en un momento en Chile, luego en Estados Unidos en 1997, donde fue conferencista invitada en un congreso en Nueva Orleans, y allí la vi por primera vez.

Pero no sería hasta el año 2002 que finalmente la vida la llevaría a regresar a Colombia. Supongo que tenía mucho miedo de regresar a este país que la había maltratado, a este país que no había querido reconocer en ella una escritora valiosa. Pero se encontró con que ya había grupos de académicos y académicas que la estudiaban, muchas personas que respaldaban su obra y habían descubierto que tenía un valor literario muy importante.

Por esos años se hizo la publicación, con el apoyo de muchas mujeres, de una novela que en ese momento ella tenía inédita que se llama Tierra de nadie. Cabe decir que esta novela hace parte de una trilogía y que las otras dos están aún inéditas. Hicimos una celebración en la Universidad de los Andes donde durante todo un día leímos Las andariegas en voz alta.

Y ese fue uno de los primeros encuentros de Albalucía Ángel con su público y claro nos llevamos una gran sorpresa. Porque no sólo teníamos que enfrentarnos a la escrita que habíamos soñado y leído con devoción, también debíamos conocer ahí a la sabia. Al principio fue extraño ver esa chamana que llegó a hablarnos del alma. Y con el tiempo esa característica se volvió un elemento fundamental de quién es nuestra escritora.

Porque ahí nos encontramos con la sabia, con esa otra mujer que también es Albalucía. Durante esos años ha venido a Colombia varias veces. En 2006 el Ministerio de Cultura le hizo un homenaje a muchas autoras colombianas y por supuesto entre ellas a nuestra autora. En 2015, cuando La pájara pinta cumplió 40 años, Ediciones B hizo una publicación comercial que ha significado que se lea en muchos más lugares de Colombia. De ser una autora de los académicos pasó a ser una autora de culto.

Ediciones B decide también publicar ¡Oh gloria inmarcesible!, libro que en este momento al parecer no se puede conseguir. Y por fortuna llegamos a este presente, a estos seis libros que vuelven a ver la luz hoy. Quiero entonces terminar haciendo una muy breve presentación de cada uno de esos libros que tendrán ustedes hoy en sus manos.

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Para empezar, su primera novela, Los girasoles en invierno. Escrita durante los años 60, pero que se publicará en 1970. Esta novela fue escrita mientras la autora vivía cerca de otros escritores que también estaban creando importantes obras de la literatura latinoamericana: Cortázar, Fuentes, Vargas Llosa, García Márquez. Con esta novela inicia la experimentación literaria que irá creciendo libro tras libro. Los girasoles en invierno es una historia de amor. Pero una historia de amor en varios niveles. Del amor de pareja, del amor por el espacio, del amor por la palabra, del amor por la creación. Es su primer ejercicio delirante porque, como ella nos diría, para entrar en la literatura había que botarse a la locura sin paracaídas. Un monólogo interior fascinante. Un estallido.

Luego vino Dos veces Alicia, una novela en la que Albalucía toma la ciencia ficción, el género policiaco y ese gran faro que ha sido para ella Alicia en el país de las maravillas y nos entrega una novela en la que juega con todo el conocimiento, con los conocimientos que desbordan la racionalidad.

Después se dio el gran salto a Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón. Es la novela del quiebre. La novela que les contaba al comienzo, cuando se encerró a pensar la historia del país. Albalucía Ángel tenía que enfrentarse a su país, tenía que narrarlo. Es la aparición de Ana, esa niña que hoy tantos estudiantes leen en las universidades, esa niña que teje las historias múltiples de las violencias. Una novela que, como me decía hace poco la pensadora argentino mexicana Carola Díez, permite entender los tejidos más profundos de Colombia. Una novela invaluable, que todos debemos leer.

Tenemos también el libro de cuentos Oh gloria inmarcesible. Una colección crítica, mordaz, con un humor negro que aún hoy retumba en los oídos de los gobernantes de este país. Porque si hay una tarea esencial a la literatura es mostrar lo que la mayoría no quiere ver y eso sí que lo ha sabido hacer bien Albalucía Ángel.

Entonces da un nuevo giro y nos entrega Misiá señora, un juego de espejos. Es una mujer que es ella y sus mujeres ancestrales: su abuela, su madre y muchas mujeres que se cuentan en ese canon a voces disímiles de todas las Marianas. Una novela que utiliza el lenguaje con la maestría de alguien que puede empezar escribiendo en el presente transformando la palabra hasta devolverle la historia y terminar hablando con un lenguaje el siglo XIX. Una novela que nos ha permitido a muchas mujeres confrontarnos con las violencias de la vida. Recomponer el sentido de quiénes somos. Una novela que nos enfrentó con la violación, la locura, el abandono, la violencia, el silencio, el confinamiento, con las tristezas que les ha impuesto a las mujeres el mundo patriarcal.

Y cerramos esta edición con el sexto libro. Libro que por cierto es un poema épico maravilloso, Las andariegas, un poema donde las mujeres viajan desde las galaxias hasta nuestra tierra y viven en la historia para volver a abandonar el planeta de la muerte.
Que estos seis textos narrativos de Albalucía Ángel se publiquen juntos como una colección es ya el reconocimiento de una obra de altísima importancia para nuestra literatura y de la necesidad que teníamos de acceder a todos esos libros. No quiere decir que ahí culmine la obra de nuestra autora. Hay otras novelas que aún no se conocen. Sus libros de poemas, obras de teatro, las entrevistas a escritoras muchos países y sobre todo una parte de su obra que un día vamos a conocer, Los cuadernos espirituales que Albalucía ha escrito a lo largo de sus muchos años de meditación y de trabajo en silencio. Los cuadernos de Arathia Maitreya, que algún día también tendremos en nuestras manos.

Es muy grato para mí estar hoy aquí presentando a ustedes esta colección. Muy grato saber que Albalucía quiso regalarle a esta ciudad, a la tierra donde ella nació y creció, estos libros que son tan importantes para nuestra literatura. Y es muy grato para mí saber que hemos llegado a este momento en que la alcaldía de Pereira y la Secretaría de Cultura, en un trabajo minucioso, publica estos seis textos con carátulas ilustradas con obras de Lucy Tejada, otra gran pereirana.  Gracias Rosa Ángel por esa edición, gracias a todos los que hicieron posible esta colección tan importante.

* Escritora y docente de la Universidad Nacional de Colombia.