“Los dos amantes quedaron de últimos.. porque jamás un amante va más deprisa que su amada.”

Poncet de la Grave

 

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Por: Diego Firmiano

Lo único que lo pone triste es no poder ver a Carlos. Desapareció un día de noviembre y desde eso, pregunta por él a sus familiares, amigos y hasta ha cuestionado a Dios sobre su paradero. Dice que era su alegría porque era un buen hombre que pasaba tiempo con él, uno que lo entendía y le daba momentos de felicidad. Sale de noche a buscarlo por la ciudad, pero regresa a casa con una gran tristeza. No duerme, recuerda. La soledad es ahora su única compañía, aunque también la escritura con la que se desahoga:

Anoche te soñé. Fue tan real. Es como si te hubiera sentido, dándome tu cálida mano de amigo, pero al despertar me di cuenta de que tenía en mi mano mis propios dedos” –anota en su diario-. “Desde que no te volví a ver, se agudizó mi enfermedad. Cada día muero sin saber de ti. No sé si me falta la respiración por el asma, o por recordarte”.

Su situación es triste. Yeimer no solo piensa en Carlos, también balbucea su nombre mientras camina por el pueblo. Algunos piensan que está loco, pero sí lo está, lo es por amor. No hay otro motivo. Su pueblo se hizo demasiado pequeño desde que desapareció Carlos. Su amor se hizo evidente, por eso lo menosprecian, lo persiguen y en la primera página de su diario 2014 escribe:

Hay tanta maldad, violencia, engaño y mentira por todas partes, desde niños hasta mayores son así. Hoy por la noche cuando andaba en la bicicleta paseando frente a la casa de Carlos, traté de saludar a su hermanita (Carlos me hablaba de ella) llamada Katy, pero esta lo que hizo fue asustarse y alarmar a los otros niños con los que se encontraba. Esto atrajo a su hermano, el Jonan, quien ya es un hombre y puede ser violento; mientras me alejaba en mi bicicleta, me fui a ver televisión a Red Chicken, el Cheo (hijo de los dueños) comenzó a agredirme verbalmente y entonces vino el Chinonegro quien es el empleado ahí, y comenzó también a agredirme. Me defendí como pude. Los otros se pusieron a su favor. Luego me vine a casa. Estaba lloviendo. Ahora tengo sueño”.

Nadie sabe porque siempre sonríe a pesar de todo el desprecio que le propinan los otros. No se desanima. Sabe que cada día es un nuevo comienzo y por eso siempre se nota optimista: cree que el hombre puede cambiar. Solo es por momentos, que siente que ya no pertenece a este insidioso lugar, sino que pertenece a Carlos, pero Carlos está en su recuerdo. Solo ahí. En esa memoria:

Esperé a Carlos el Sábado en el portal de los oñates. Estaba lloviendo y se fue la luz. Pasaba gente mala. Y no vino (como siempre). Vino al día siguiente, el domingo, y me dio algo de dinero, con lo que hoy lunes, pude componer la bicicleta. Hoy traté de hacerme amigo del chiquillo blanco, que vende esos churros en esa carreta ambulante, pero se mostró interesado, desconfiado y burlesco; mi soledad va en aumento. Las personas todas son malas, no les gusta ser amigos ni amar, sino que solo andan por el interés del dinero para tener cosas materiales, sexo y reproducción”.

Aunque en su diario fechado dice que Carlos vino a su encuentro, realmente esa mañana dominical se le vio sentado solo en una banca del parque, como si estuviera hablando con una persona. Llovía, pero no parecía importarle. Miraba a todos lados como si no hubiera lluvia, ni parque, ni silla, solamente el anhelo de querer ver al menos una sola vez a Carlos. Nadie sabe quién es Carlos, nadie conoce tampoco ésta historia de su vida. Solamente las notas de su diario personal que redactó con la paciencia de un santo, hablan por él:

hoy por la noche, mientras esperaba a Carlos en el parque, fue ese adolescente moreno llamado demonio, que siempre me amenaza y molesta psicológicamente y me hace quedar mal en todas partes. Me considera un minusválido a quien se le debe hacer muchas maldades, porque soy indefenso. Estaba tratando de huir de él”.

Sus líneas son exactas cuando retratan las acciones de los otros. Se lee la indiferencia en las palabras y en las miradas. Nadie nota esto, pero él lo escribe como una antesala a la redacción de las obras de las personas, en el libro blanco de Dios. Mientras ama, trata de que no le duela la burla social. Vive acá porque nació acá, pero no entiende a totalidad este pueblo:

Si es una sociedad deberían vivir juntos, pero no es así. Todos son como peces muriéndose de soledad. Se comen las carnes hablando uno del otro. Nadie quiere ver crecer a nadie”.

En su percepción; es su mundo. Y lo que es cierto es que desde que le fue quitado su otra mitad, Yeimer empezó a padecer de soledad, incomprensión, y se ha refugiado en la escritura. Sus primeros relatos datan de 1983. La primera obra se titulaba “ciclo básico” y desapareció, cuando un norteamericano al leer las primeras hojas, se enamoró de su escritura. Y así, ha desperdigado su obra entre las personas que se han apoderado de sus libros. Personas que aprovechando el valor de su obra, han obtenido sus manuscritos originales de una u otra manera. Sus obras son variadas.

La mente de un loco,

-Las profecías de Yeimer

-Lastenia.

-Y los diarios completos desde el 2000 hasta el 2014.

Aunque tiene 34 años no entiende el mundo, cuando lo acusan de homosexual. Una frase escrita de su mano, parece explicar su actitud: “no se nace homosexual o normal: cada uno llega a ser lo uno o lo otro, según los accidentes de su historia y su propia reacción ante esos accidentes”.