Falleció ayer el veterano periodista judicial y cronista Duván Hurtado García, quizá uno de los más extraños reporteros que ha tenido la ciudad. Como homenaje, reproducimos este capítulo del libro “Pioneros del periodismo pereirano” del también fallecido Silvio Girón.

 

Por: Silvio Girón Gaviria

Con Libardo Gómez trabaja uno de los periodistas más originales de la crónica judicial. Se trata de Duván Hurtado, el periodista mocho  que cubrió todas las etapas de El Imparcial con Rafel Cano y con su actual patrón sigue en El Impacto, pero con un carácter más episódico y circunstancial. Era prensista en El Diario hasta que por un descuido la voluminosa máquina impresora le trituró el brazo izquierdo.

En esa época las compensaciones económicas por este tipo de accidentes eran nulas y Duván perdió el pleito que entablara para que lo resarcieran. Se colocó con Rafael Cano, y aunque se perdió el prensista, Pereira se ganó un periodista.

Es un espectáculo el observarlo recorrer con su mano derecha los teclados de la máquina de escribir semejante a un virtuoso pianista que le llevara la contraria a Ravel, el famoso compositor francés. Duván posee una honradez a toda prueba y un valor suicidad para las denuncias.

En la época dorada, bohemia e irresponsable del periodismo, no tenía inconveniente en publicar que determinado inspector de policía del permanente central, se había robado el reloj o la plata de un detenido.

Acusaba a una patrulla de haber permitido negligente y cobardemente que le asesinaran a un incriminado, cuando éste era conducido a un juzgado para rendir indagatoria. Llegó incluso a discutir y a desafiar a un comandante de policía que le recriminaba, y a retarse en duelo a cuchillo, con el hampón molesto con la aparición de su nombre en las páginas policiales. “Ve rata de albañal, no me vengas a meter miedo que te aseguro que para pegarte en la jeta no necesito sino una sola mano”, decía transfigurado de rabia.

Esa conducta produjo un atentado contra su vida. El sicario logró entrar a su residencia preguntando por él. Cuando Duván salió y se identificó, el asesino lo encañono con el revólver. Pero le fallaron los cálculos porque éste mocho singular en vez de salir corriendo como lo esperaba el matón, se abalanzó sobre él. Recibió un balazo en el hombro, pero así herido casi logra arrebatarle el arma con su único brazo. El frustrado homicida no tuvo más remedio que huir, luego de dejar su carga de balas incrustadas en el techo y en las paredes de la habitación. El atentado nunca se repitió.

Duván Hurtado. Foto cortesía

Duván Hurtado. Foto cortesía

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Duván Hurtado durante sus años de reportero en El Imparcial.

Para la elaboración de sus noticias Duván tiene criterios particularísimos. Como no cree en la veracidad de los boletines policivos, personalmente se dirige a la morgue para inspeccionar al muerto, constatar las heridas y dialogar con el médico forense o los enfermeros, sobre las circunstancias en las que falleció. Después visita a los familiares en pos de una foto y hace su versión que siempre es diferente de la que aparece en otros periódicos o en la radio.

Su redacción es particularísima, inimitable e incorregible. El corrector no puede cambiar ni una sola coma ni quitar una frase, sin destruir el texto. Veamos éste ejemplo: “los criminales entraron al establecimiento y sin dejar conocer sus intenciones le impactaron a la víctima ocho plomos en la región mamaria”.

Algunos colegas se ríen de este estilo tan peculiar que de alguna manera recuerda a Don Upo, el periodista policíaco que hasta su muerte trabajó en El Colombiano de Medellín. Duván utiliza escandalosos titulares: “Ante ojos de su padre hijo desnaturalizado golpea a la madre. Otro: “La invitó a pintado con empanadas y luego le robó la cartera sin pagar la cuenta”. “De los senos le sacó los billetes y ella declaró que creía que tenía buenas intenciones”. “Le dijo que le diera leche al niño y la mujer le zampó una puñalada”. No aclaró si la puñalada era para el maarido o para el niño.

Durante un tiempo Duván escribió los Episodios en rojo y negro, pequeñas muestras de inconsciente humor sobre los bajos fondos pereiranos, material preferido por Alonso García Bustamante, otro de los periodistas forjados en ésa época incomparable. Este abogado, poseedor de un estupendo estilo editorialista, dirigía Pluma Libre, fundado en 1929 por sus hermano Célimo, que también orientó Pereira Hablada, órgano radial. Célimo García Bustamante fallecido hace muchos años, fue otro de los pioneros del periodismo pereirano. Duván trabajò también en La Linterna, la publicación especializada en crímenes y temas escabrosos.

Recuerdo de niño que El Diario era gritado por las chiquillerías con “El muerto de hoy”. Había voceadores con una gran habilidad para lograr la atención de los clientes: “compre El Diario y entérese de la espantosa tragedia que dejó varias víctimas y miles de pesos en pérdidas”. Muchos daban los diez centavos y ojeaban rápidamente las paginas, sin encontrar nada: “Oís barrigón, ¿cuál es la tragedia que estás anunciando?”. “La tragedia paisano es vender este periódico”, contestaba muy serio el pelafustanillo.

Alguna vez Duván escribió ésta joya que habría merecido la atención de Argos, y debería ser incluida en alguna antología cuando se escriba la historia del periodismo actual y cuyos avances no son muy notables que digamos: “Los vecinos escucharon los disparos y cuando salieron a la calle, encontraron que se debatía en convulsiones agónicas el cadáver de don Luis Ocampo”. Pocos son los sobrevivientes de ese grupo alocado y bohemio que cubrió una importante fase del libérrimo periodismo pereirano. Cuando el material escaseaba o faltaba el muerto de hoy, las noticias hasta se inventaban. Ese muerto -ya por accidente, suicidio o asesinato- era tan habitual como los gritos del poeta Jaime Estrada, cuyas borracheras regocijaban a los niños alborotadores que abandonaban las aulas e inundaban las apacibles calles, para dirigirse en tropel a sus residencias.