El amor es un karma

Sientes ese aire caliente que con cada exhalación empaña el vidrio de la ventana. Te distraes. Llegas a casa, saludas a tus padres y te vas para la habitación; acostada boca arriba sobre tu cama te quedas fijamente mirando el techo y tratas de pensar en otra cosa. Te acuerdas de los años en el colegio.

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Por Maritza Palma 

Ilustraciones Chucho Barrera Henao

Te abraza fuertemente presionando tu pecho contra el suyo, pasan los segundos, la presión aumenta, los dos cuerpos se sienten y él te dice que te quiere, que nunca antes alguien le había escrito una carta de odio que le gustara tanto. Tú respondes con un ‘gracias’ y tragando saliva das la vuelta. La ruta 20 se acerca y subirás a ese colectivo; él sujeta tu mano aún sin querer soltarla, tú continúas sin retroceder y te alejas para subir, sentarte y mirar por la ventana. Será un viaje largo hasta casa. Recuerdas aquel día en la biblioteca cuando te empezó a acariciar la cabeza y pasó sus dedos por tu oreja mientras las manos le temblaban; la noche en Arakataka cuando intentó besarte a cada momento, tú te resistías y jugueteabas moviendo el rostro de lado a lado para esquivarle. Ambos tomaban café. Y piensas en aquel día que te quitó la ropa, y el otro en que te buscó para explicarte que no quería hacerte daño a ti ni a ella, pero que tu amistad le importaba. Te pidió perdón y te reclamó que siempre esperó tu llamada para que arreglaran las cosas.

Sientes ese aire caliente que con cada exhalación empaña el vidrio de la ventana. Te distraes. Llegas a casa, saludas a tus padres y te vas para la habitación; acostada boca arriba sobre tu cama te quedas fijamente mirando el techo y tratas de pensar en otra cosa. Te acuerdas de los años en el colegio.Ima1

Cuando estabas en quinto grado de primaria habían dos chicos gemelos que te molestaban, que te decían que si querías te enseñaban a besar. Uno de ellos te gustaba pero no tanto como el otro chico al que le mandabas recados con tu mejor amiga. De cualquier forma el gemelo nunca supo y siguió insistiéndote hasta que un día te correteó por todo el salón de clases pidiéndote que fueras su novia, tú le prometiste pensarlo; otras amigas empezaron a insistirte con lo mismo hasta que aceptaste, y quedaron de verse en el recreo. Tú fuiste a encontrarlo y le dijiste que no te sentías preparada, que mejor terminaran. Había pasado media hora.

Tú mamá te llama para ofrecerte comida y de repente vuelves; solo hay un techo arriba tuyo. Te niegas y le dices que te vas a dormir. Apagas la luz y te acuestas con el celular al lado, miras los mensajes y buscas el que te mandó Carlos en diciembre: otra vez escribió ‘Perdón’, pero en esa ocasión fue porque te plantó antes de ir a acampar. Lo apagas, lo enciendes de nuevo y revisas el whatsapp: David te estuvo escribiendo durante el día, te dice que tiene un labrador que le gustaría regalarte y que está dispuesto a mandártelo desde Popayán con tal de que puedan generar una linda conexión a través del perro. Tú sabes que en casa no hay lugar para un animal muy grande y no hallas qué responderle. Apagas el celular y lo deslizas debajo de la cama.

Te despiertas a las once de la mañana con dolor de cabeza, desayunas y te sientas en el sillón café al lado de tu mamá: ella te cuenta que el día anterior estuvo donde la mamá de los gemelos, que la señora anda muy preocupada porque a uno lo volvieron a meter en la cárcel, tú preguntas que a cuál de los dos, ella menciona: ‘el que a ti no te llegó a gustar’; pero luego te cuenta que al otro lo tienen en el Hospital San Jorge, que está en coma por una sobredosis.