De estas raíces vienen Carlos Ariel Gutiérrez Jaramillo, Hugo Ángel Jaramillo, Eduardo López Jaramillo, Luis Carlos González Mejía, Ana María Jaramillo Mejía, dado que los Jaramillo desde sus raíces han estado tejidas al apellido Mejía.

 

Por: Amelia Restrepo Hincapié*

¿Cuáles fueron las moiras que tejieron y extendieron el hilo rojo para unir a quienes se interesan por las letras y darles el talento? Quizá, como en la tradición griega, se aparecieron tres noches después del alumbramiento para determinar el curso de las vidas, plantando raíces traídas desde fuera y propiciando que el germen de escritores, poetas, historiadores, periodistas, en ellas dejado, se extendiera y entrelazara con esmero, hasta lograr unos tejidos de poesía, de descripciones, de historias y de sueños.

Hemos oído nombrar a muchos de ellos y hasta los hemos estudiado o acompañado y, sin embargo, no sabemos que tienen algo en común, una raíz que guarda esa esencia y una mágica o divina presencia que han tejido tan finamente hasta unirlos en favor de las letras.

En diferentes momentos llegaron a nuestro suelo, estableciéndose en Antioquia, los capitanes españoles Fernando de Zafra Centeno, Alonso Jaramillo de Andrade Céspedes, Juan Mejía de Tovar Montoya, Domingo de Arango Valdés, Francisco Gutiérrez de Lara Pardo, Bernardo Antonio González de Aparicio y Juan Andrés Botero Bernaví (italiano).

Eduardo López Jaramillo

La gran raíz fue Zafra Centeno y su hilo se fue entretejiendo de la siguiente manera: dos nietas de Fernando, se casaron, la una, Catalina, con Alonso Jaramillo de Andrade Céspedes. La otra nieta, Juana, se unió al hijo de Alonso, Juan Jaramillo de Andrade Salcedo. De estas raíces vienen Carlos Ariel Gutiérrez Jaramillo, Hugo Ángel Jaramillo, Eduardo López Jaramillo, Luis Carlos González Mejía, Ana María Jaramillo Mejía, dado que los Jaramillo desde sus raíces han estado tejidas al apellido Mejía.

Más adelante, una nieta de Fernando, Olaya, contrajo matrimonio con Domingo Antonio de Arango Valdés y su hija, María Antonia Valdés de Arango Zafra, lo hizo con José Gutiérrez de Céspedes Correa. La hija de estos, Catalina Valdés de Arango, se unió en matrimonio con Bernardo Antonio González de Aparicio, y Alonso Jaramillo de Andrade, al enviudar, lo hizo con Catalina Arango Zafra, tataranieta de Domingo de Arango Valdés. Así, la raíz Zafra Centeno ha sido entrelazada con Arango y reforzada con Jaramillo. De estas raíces viene Julio Cano Montoya, el autor del himno de Pereira, quien recibió el hilo por la abuela materna y todos los nombrados también tiene este apellido por línea materna.

Ana María Jaramillo

La raíz de Arango, ya unida a Zafra Centeno, siguió tejiéndose con Gutiérrez, Jaramillo y Mejía y se manifestó en Juan B. Gutiérrez Gutiérrez y su nieto Emilio Gutiérrez Díaz, en Carlos Ariel Gutiérrez Jaramillo, lo estuvo en Alfonso Mejía Robledo, Camilo Mejía Duque, Hugo Ángel Jaramillo, Luis Fernando Mejía Mejía, Luis Carlos González Mejía.

Por otra parte, el genovés Juan Andrés Botero Bernaví se casó con María Antonia Mejía Somoano y se unió esta raíz con las de Arango, González, Mejía, Gutiérrez, Jaramillo, para hallarla en Fabio Vásquez Botero, Ricardo Ilián Botero,  Hugo Ángel Jaramillo y Luis Carlos González Mejía.

Cuando oíamos hablar de escritores antioqueños como Epifanio Mejía, Gregorio Gutiérrez González, Manuel Mejía Vallejo, Sixto Mejía; Ricardo, Rafael  y Joaquín Emilio Jaramillo Arango; Juan José Botero Ruiz, Camilo Botero Guerra, Luis Lalinde Botero, Gonzalo Arango, Geovanni Arango Mejía, Euclides Jaramillo Arango, no pensábamos que entre ellos hubiera  algo en común y menos, que las raíces sembradas en Antioquia seguirían   extendiéndose hasta llegar a Caldas y luego a Pereira;  tampoco,    que estos escritores compartían con ellos el germen de las letras,  un hilo que continúa tejiéndose y entrelazándose, manifestándose en actuales escritores antioqueños como Darío Jaramillo, en la autora de  este texto, quien desde niña escribe, pero que en el atardecer de la vida logró  cumplir su anhelo de visibilizarse en esta aventura maravillosa de las letras. Y quizá el hilo esté en escritores y poetas pereiranos como Julián Serna Arango, Óscar Arango y Alan González Salazar.

La leyenda del hilo rojo ha sido compartida por muchas personas, aún en occidente y desde los griegos se les ha considerado personificación del destino que controla la vida del ser humano. Para los creyentes, es la intervención de un Creador, según dedujo Collins, que determina desde antes de nacer a quiénes une y permite que los genes se transmitan de generación en generación. En este texto, se ha mostrado cómo ese hilo se extendió y entrelazó para transmitir el don y la vocación literaria y se hizo visible en los mencionados escritores pereiranos con raíces en Antioquia.

*Tomado de su libro inédito Raíces e hilos de sangre