El poder de la palabra

La palabra sigue entonces a la mente instintiva; el capitalismo es la expresión más explícita del lado salvaje humano, pero no por ello implica que tengamos que sufrir los paternalismos miserables de los comunistas, ni que tampoco tengamos que seguir en el capitalismo salvaje y destructivo en el que habitamos.

PALABRAS

Imagen tomada de: lesdoylapalabra.blogspot.com

Por: Hugo Andrés Arévalo González

Los griegos de la Época Clásica destacaron en tres, los medios de persuasión desde la retórica: logos, pathos y ethos. Al parecer, el primero de esta serie siempre ha predominado en poderío sobre los otros dos; el que lo maneje, es capaz de doblegar cualquier cosa. Dicen las personas que una mentira repetida mil veces podría volverse una verdad; pero hay que ver que esa frase es hija del egoísmo, y el egoísmo es el hijo mayor del capitalismo, y este, a su vez es el hijo del hombre, y no de la mujer: porque el sistema capitalista nació patriarcal y siempre se habla de patria en las naciones.

La palabra entonces, también se ha deshumanizado, porque es una herramienta más del mercado; la palabra es hermana de la razón instrumental[1], porque ya no es palabra con el fin del trabajo colectivo, de la emancipación y el entendimiento del ser humano y de la naturaleza; sino que es la palabra para explotar al ser humano y a la naturaleza.  La palabra es poderosa y la comprensión de su poder la comenta desde hace siglos Edgar Allan Poe en su obra El poder de las palabras:

Ten por seguro que, así como ningún pensamiento puede perecer, tampoco ningún acto queda sin resultado infinito. Nosotros movíamos las manos, por ejemplo, cuando éramos habitantes de la tierra, y al hacerlo impartíamos vibración a la atmósfera que la circundaba. Esta vibración iba extendiéndose indefinidamente hasta que daba impulso a cada una de las partículas del aire de la tierra, que en lo sucesivo, y para siempre, era excitado por ese único movimiento de la mano. Este hecho lo conocían bien los matemáticos de nuestro planeta (…)

Oinos.-Pero tú hablas sólo de impulsos sobre el aire.

Agathos.-Al hablar del aire, me refiero sólo a la tierra, pero la proposición general hace referencia a impulsos sobre el éter, que, al penetrar y ser él solo el que penetra en todo el espacio, resulta el gran médium de la creación,

Oinos.-Entonces, ¿todo movimiento, de la naturaleza que sea, crea?

Agathos.-Debe hacerlo. Pero una verdadera filosofía viene enseñando desde hace mucho tiempo que la fuente de todo movimiento es el pensamiento… y la fuente de todo pensamiento es…

Oinos.-Dios.

Agathos.-Y mientras hablaba así, ¿no ha cruzado por tu mente algún pensamiento del poder físico de las palabras? ¿No es toda palabra un impulso sobre el aire [2]?

La palabra tiene un peso, inicialmente, intangible, por la fugacidad de su oralidad, pero luego se va materializando, a través de la escritura y del afianzamiento en las relaciones sociales, de su construcción progresiva en el contexto social. Se hace la alquimia de la palabra: se convierte de lo oral a lo social pero, también parte de ésta última, para lanzarse de nuevo al aire. La relación entre la palabra y el contexto es cíclica: una parte de la otra.  El contexto social es el aeropuerto de donde despega la palabra. La palabra es el avión, y lleva mensajes de paz y libertad, de igualdad; sus pasajeros vivos y los pilotos, con vestimentas de palabras adornadas no hacen más que gritar que la vida es bonita y, que hay trabajo en todas partes. El avión, viaja con el combustible que hace mucho tiempo es el de los intereses económicos y políticos. Se vuela con un fin diferente al compromiso social, y cuando finalmente regresa, lo hace con el piloto automático y con el equipaje de las personas que viajaron; de las personas sólo quedan los espacios vacíos que se remarcan con fuerza en los asientos.

Poder de la palabra

Cuánta fuerza puede provocar una ausencia, un vacío, luego de experimentar la llenura de la vida. Saber que nada más en el mundo podía estar en el lugar donde estaba una cosa, y que de un momento a otro ya no está, y no hay explicaciones; La persona que lo haya vivido, sabrá que es un trauma para toda su vida.

Un ejemplo del poder de la palabra, se podría evidenciar en la película V de Venganza (ilustración de Alan Moore y llevada al cine por David Lloyd en el 2006);  expone cómo la palabra que parte del poder económico, que a su vez, controla al poder político, soborna a los medios de comunicación: la palabra es poderosa, pero su grandeza puede ser calificada de manera maniquea: puede llegar a ser tan benéfica como destructiva.

El potencial de la palabra es tan importante, que a las personas se les censura. No hay enemigo más poderoso para luchar contra la palabra que el dinero, porque éste puede cambiar palabras, negarlas o incluso silenciarlas; pero es ineficaz porque jamás una palabra reemplazará un gesto, un acto no elocutivo, sino una acción con el cuerpo que no involucre la emisión de la palabra por medio de la oralidad. ¿Por qué no sería la muerte la mejor manera de silenciar la palabra? Contradictoriamente, se logra el efecto menos deseado: el cuerpo podría morir, pero la palabra seguiría existiendo. Y el cuerpo ausente en su palabra viva es la denuncia en carne. No hay mejor prueba de que se le eliminó por algo.

Otro ejemplo del poder de la palabra al servicio de los intereses económicos y políticos se manifiesta a través de la literatura y el cine, y no es gratis que salga de las manos de un periodista británico. 1984 es la obra del autor Erik Blair, más conocido con el pseudónimo de George Orwell; ‘pesadilla orwelliana’, ¿les recuerda algo? En este libro se habla también de la manipulación tanto de la palabra como de los medios de comunicación; se ejercen los lavados de cerebros sutiles y forzados. Una cita cuyos caracteres quedan grabados y retumban en la mente: “…nada era del individuo a no ser unos cuantos centímetros cúbicos dentro de su cráneo [3]“.

Junto con la invención del fuego, la palabra es el momento más importante en la historia de la humanidad, porque a través de ella, de su comprensión y diálogo, podemos -a diferencia de los animales-, proyectarnos en un tiempo y espacio distinto; su poder productivo, y toda su fuerza y carga ha de abonar el progreso social. Tal y como lo permite confirmar el semiólogo Umberto Eco en su texto Para una guerrilla semiológica:  “como ha sugerido el profesor McLuhan, la información ha dejado de ser un instrumento para producir bienes económicos, para convertirse en el principal de los bienes [4]”.

La palabra en el vehículo de la paranoia es el mejor método para llegar a donde estamos. Por eso, de manera paralela, se evidencia el deseo por controlar las relaciones públicas gracias a los esfuerzos de la comunidad empresarial; hay que despertar ese espíritu guerrero mediante arengas que den cuenta de la fidelidad de los hombres, y mujeres de una nación en contra de un temible y siempre oculto enemigo: “si se quiere tener una sociedad violenta, que avale la utilización de la fuerza en todo el mundo, para alcanzar los fines de su propia élite doméstica, es necesario valorar debidamente las virtudes guerreras y, no esas inhibiciones achacosas acerca del uso de la violencia. Esto es el síndrome de Vietnam: hay que vencerlo [5]”.

Derivadas de este control y exacerbado deseo de imposición, nacen las fobias que dan cuenta de: terror a lo desconocido, terror los comunistas, terror a los homosexuales, etc. De igual manera que el fascismo se logró establecer en Italia, la Iglesia siempre ha ido de mano con la política; si hay algo más persistente que un virus, es quizá la Iglesia. Todos estos malestares propios de la cultura que Freud había identificado, que asfixiaban en gran medida a los individuos, se da por un desequilibrio de la energía libidinal, que se podrá evidenciar cuando el reconocido psicoanalista sugirió que la humanidad es construida sobre el placer, y que aquel que no tenga donde sublimar ciencia y arte, al menos que tenga religión. Y he aquí la mayor desproporción: la religión se ha tomado con preponderancia el papel para canalizar las energías sexuales [6].

Palabra versus impulso sexual

Si toda acción, palabra y pensamiento que un individuo pretende expresar, ha sido mediada antes por el filtro de la cultura, los tabús y los mecanismos de represión; será difícil creer que se puede luchar contra la genética y la predisposición de nuestro lenguaje psíquico. Para esto, desde el psicoanálisis freudiano, nos advierte sobre su postura reacia para reconocer y validar al comunismo: ‘’la premisa psicológica del comunismo es ‘una vana ilusión’, ya que cancelando la propiedad privada no se eliminarían cuestiones relativas al goce, la agresión, el apetito de posesión, etc. Además, no cree en el nacimiento de un nuevo hombre, idea que le resulta afín con creencias religiosas de redención [7]”. En este punto, entonces, la lucha del gobierno mundial para vigilar, perseguir, controlar y aniquilar a comunistas y todos aquellos que estén en contra de la palabra del capital y de la Iglesia, es justificada. Justificada inconscientemente, en parte porque dicha persecución, permite que los individuos sean satisfechos a sí mismos con sus necesidades al negar la propiedad privada. ¿Quién no desea el bienestar? Por otro lado, es justificada y consciente, porque dicho placer de acumulación de capital sólo será para unos pocos.

La palabra sigue entonces a la mente instintiva; el capitalismo es la expresión más explícita del lado salvaje humano, pero no por ello implica que tengamos que sufrir los paternalismos miserables de los comunistas, ni que tampoco tengamos que seguir en el capitalismo salvaje y destructivo en el que habitamos.  La acumulación de capital no es perjudicial, en tanto que permita a los individuos satisfacer sus necesidades de manera equilibrada. Se puede armonizar el consumo de recursos y con ellos se acaba la tiranía en múltiples factores. ¿Por qué les convendría a los capitalistas acabar con su tiranía donde solo los pocos ganan? Porque los capitalistas viven estresados, cuidando su dinero, haciendo lo posible porque este crezca; viven angustiados pensando en estrategias que les impida su caída, porque no se imaginan un día donde se despierten y estén en la ruina; si quieren vivir realmente felices y tranquilos, conviene, que el modelo capitalista sea armónico para todos. Así, entonces, la sociedad será más tranquila y feliz, y la palabra será nuevamente libre.


[1] Razón ilustrada y razón instrumental: ‘’En el siglo XX, los pensadores de la Escuela de Frankfurt abrieron el debate crítico sobre los ideales no conseguidos de la modernidad. De raíces marxistas, estos frankfurtianos nos recuerdan que la razón ilustrada aspiraba a emancipar al ser humano de su minoría de edad, aspiraba a instaurar un orden sociopolítico en el que fuera posible desarrollar los ideales de libertad, igualdad y fraternidad. Pero reconocen que estas aspiraciones han fracasado. La razón instrumental, la que con la técnica domina la natura, se ha impuesto a la razón ilustrada, la que busca la emancipación. Ahora bien, esta crítica a la modernidad no es para volver a una situación pre-moderna, sino, inicialmente, de crítica social para reconocer las carencias’’, recuperado el 27 de junio de 2013, página web: http://www.xtec.cat/~lvallmaj/barrinou/haberma2.htm

[2] POE, Edgar Allan. El poder de las palabras.  Recurso web en Argentina: http://www.acanomas.com/Libros-Clasicos/15288/El-Poder-de-las-Palabras-%28Edgar-Allan-Poe%29.htm

[3]  BLAIR, Erik. 1984. Recurso online: http://literatura.itematika.com/descargar/libro/192/1984.html

[4]  ECO, Umberto. Para una guerrilla semiológica. Recurso online: http://old.liccom.edu.uy/bedelia/cursos/semiotica/textos/eco_guerrilla.pdf

[5] CHOMSKY, Noam. El control de los medios de comunicación.  Recurso online: http://www.cgt.es/descargas/SalaLectura/chomsky-medios-comunicacion.html

[6] FREUD, Sigmund. El malestar en la cultura. Recurso online: http://www.dos-teorias.net/2010/11/freud-malestar-en-la-cultura-etcheverry.html

[7] CHACÓN, Pablo. Silvia Ons: “El discurso capitalista excluye al amor”. Recurso online: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Entrevista-Silvia-Ons-El-discurso-capitalista-excluye-al-amor_0_680332204.html