EL SECRETO DE ÍCARO

Carlos Alberto Villegas Uribe es un nombre que para algunos puede resultar desconocido, pero aquellos que se mueven en el campo literario o en la caricatura tienen en él un referente de hombre estudioso, creativo y el mejor ser humano. Un repaso por la obra de este autor quindiano.

 

Por / Gloria Chávez Vásquez

Tenía un rostro cicatrizado por siglos de soles, como si todas las historias del mar navegaran en cada una de las arrugas.

Carlos A. Villegas Uribe

 

 La Generación de La Termita

¿Qué define la época de una generación de escritores? ¿Su número? ¿Su producción? ¿Sus temas? ¿Su excelencia? ¿Su contribución a la historia, a la cultura regional o de un país?

Para los efectos, todos esos fueron los listones que edificaron la Generación del 98 en España. Para los nuestros, la de la Generación de los 80 en el Quindío fue la publicación de la revista literaria La Termita, en 1982, liderada por Álvaro Nieto Cárdenas, profesor de la U. del Quindío y un grupo de inquietos estudiantes, como Elías Mejía, Luis F. Patiño y Orlando Montoya, que habían regresado del exterior. La vinculación de Umberto Senegal la fortaleció.

Esa fecha y hecho marcan el surgimiento de narradores que, a partir de la publicación, dieron a conocer sus escritos y a inyectar nueva sangre a la literatura de su joven territorio. Nutriéndose de la cultura  nacional y universal, crearon sus propios medios, vehículos y temas.  El resultado es una amplia Biblioteca de Autores en la que eventualmente invirtieron su fe y apoyo la Universidad y la Gobernación del Quindío.

C.A. durante la sustentación de sus tesis doctoral “Sicogénesis de la risa” en la Universidad Complutense de Madrid. Fotografía / Cortesía

Cuento contigo

Una de esos escritores de la Generación de La Termita, que destaca por su variedad, arte, colorido, valٕía y cuantía, es Carlos Alberto Villegas Uribe (Calarcá,1962), cuyo libro Cuento contigo (2014) forma ahora parte de la BAQ. Entre sus escritos figuran además tres novelas inéditas: Sinfonía escritural: Hoffmann, Hoffmann, Hoffmann; Gracias por las alas y la novela juvenil El libro de las palabras innombrables (juvenil); cuatro poemarios: Bitácora de Ulises; Cartas a Pandora; Desde Ítaca y Cantos y cuentos de Kantú Konto (Infantil); varios ensayos: La caricatografía en Colombia; Caricatografía y Periodismo; y literatura visual o experimental: Videopoesía y otras hierbas. Prepara actualmente No me jodan (Literadura breve) y Manifiesto del Mibonachi.

Escritor, artista plástico, caricaturista, gestor y periodista cultural, profesor universitario, director de revista digital (Termita Caribe), gerente de cultura del departamento; distinguido con la Orden al Mérito Literario, Ciudad de Calarcá 128 años y con el Escudo del Departamento del Quindío por su aporte a la cultura regional.  Su impresionante educación transcurre en tres universidades (la del Quindío en Colombia, la Complutense en Madrid y la de Texas en El Paso, EE.UU.) y comprende toda su vida, porque el de CAVU es un espíritu inquieto, curioso, estudioso, pero sobre todo un emprendedor constante.

Y como todo hombre de éxito, tiene una compañera a su lado que lo inspira y lo fortifica y le ayuda a organizar sus musas, C.A. tiene a Elena María Ospina, ilustradora y caricaturista genial por propio mérito, con quien forma un equipo que se come al mundo. Desde Madrid, donde vivieron cuatro años, él y Elena María viajaron por Francia, Italia, Portugal y Grecia.

 

Un pueblo lleno de poetas y cantinas

Una  experiencia  marca su vida dramáticamente como el rayo al tronco del árbol. Un día antes de graduarse, muere su abuelo Pedro Nel Uribe, el responsable de encender la llama y el amor al conocimiento en el muchacho. Esa musa continuará siendo el aliciente determinante en el futuro escritor y los temas mitológicos, favoritos de Pedro Nel, lo que inspirará  muchas de las historias y la solidez en la narrativa de Carlos. Más allá de esto, lo embarcarán en ese mundo de la Odisea, la búsqueda del vellocino, como el argonauta literario que confiesa ser.

Cualquiera diría que el inusual amor de abuelo y nieto por la mitología fue producto de la caprichosa reencarnación –en un pueblo de poetas y cantinas de Ícaro y de Dédalo. El que construyó  alas a su hijo para escapar al laberinto. Igual que Ícaro, CAVU voló tan cerca del sol, que se le derritieron  las alas y un día, en El Paso, Texas, tuvo un accidente cerebrovascular que le causó una parálisis parcial. Carlos lucha por recuperar gradualmente el movimiento para continuar sus hazañas.

Carlos Alberto tuvo un accidente cerebrovascular que le causó una parálisis parcial. Lucha por recuperar gradualmente el movimiento para continuar sus hazañas. Fotografía / Cortesía

Cuento contigo es una colección de relatos que reviven y recrean las escenas en quantum leaps porque el tiempo para el escritor, como creador, es maleable. Su narrativa despunta por su técnica literaria y estilo. Un estilo seductor, que teje y desteje los argumentos del mundo, de la vida, que se burla con humor sano, de un creador (Alzheimer celestial); que abre y cierra la caja (Las 7 vidas de Pandora) a su antojo, para mostrarnos las penas, los dolores, los sufrimientos, convertidos en cuentos, con ese sentido del humor que le llevo a ser miembro fundador de la Sociedad de caricaturistas y El Cartel del humor en su ciudad natal y a presentar su tesis de La sicogénesis de la risa, ante un panel de académicos en la Universidad Complutense de Madrid,  con un nariz de payaso.

Uno de los cuentos más estimulantes y filosófico en esta colección es Noticias de Grecia, en el que Villegas zambulle al lector en un relato de misterio e intriga para desembocar en un diálogo platónico sobre el valor simbólico del vuelo de Ícaro en la vida del ser pensante. Contravía, en cambio es  un cuento lírico, (como una de esas leyendas que cantan los vallenatos), que se lee como una cónica novelada. Juana Jupayú es un personaje que se presenta con la fuerza real de un argumento tan cercano a la vida, que su autor logra hacer de ella una heroína.

En La mirada de Julia, las imágenes (Mi reino por una imagen, es el tema en el minicuento: Sakespereano) resuenan en la narrativa y el lenguaje es creativo, ingenioso, juguetón: “La boñiga transportada por los caballos de Bogota City Railway Co”. “Mala suerte es detener su vida por un número” (el 13). Reina la metáfora: “Salustiano llevaba muchas jugadas en su contra, pero la vida no se decidía a darle el mate”.  Y el tema original: Un deja vu,  el suicidio de Salustiano paralelo en el tiempo al de J.A. Silva. “La noche de los caballos” en un Bogotá que es “un hervidero de chismes”; Páramo y Cuervo: dos hombres (con apellidos cómplices) “que miraban a Julia desde tiempos distintos”.

Otro relato sorprendente por su calidad y técnica literarias es Las Sherezades, una especie de éxtasis producido por la imaginación sexual; el fiasco de la percepción, que despierta a la realidad cuando faltan elementos de información.

Los académicos han señalado ya la originalidad de la narrativa de Villegas: en su introducción a Cuento contigo, Maria Elena Gómez Sánchez, panelista de su tesis doctoral y profesora de la universidad Europea de Madrid reconoce en el escritor al samán, cuyas historias surrealistas, oníricas y reales son “aparentemente sencillas, descaradamente endiabladas, pero de una frescura y calidad verdaderamente llamativas.”

El escritor mexicano Luis Arturo Ramos, profesor de la universidad de El Paso, Texas, afirma que en su narrativa Villegas sugiere mediante la ilusión. Cuento contigo es “un muestrario de relatos que reivindica, enriquece y pulveriza las convenciones atribuidas al género. Y para alcanzar la complicidad del lector, Villegas Uribe apela a la historia, al humor, a la denuncia, al referente cultural, al mini-ensayo, al aforismo, al epigrama y hasta al epitafio.”

Villegas a llegado a inventar el Mibonachi, género derivado que como el Haiku y la Minificción pretende llevar al lector por todo un universo con el menor número de palabras, los conceptos más extraordinarios e ignorando el tiempo y el espacio. Como ilustrar una idea.

Villegas “disfruta del arte de la narración”, observa Jáiber Ladino Guapacha, novelista y docente risaraldense, y es por eso que inventa ardides para enganchar al lector y dejar profunda huella en la lectura. Según Ladino, Villegas recorre “las huellas de obras clásicas a través de argumentos, personajes que le dan un giro a la situación inicial, creando nuevas posibilidades para que el lector signifique de nuevo lo que ya creía saber de los libros leídos”.

El poeta calarqueño Umberto Senegal, contemporáneo de Villegas Uribe, lo describe como “un narrador liberado de estructuras que reduzcan la exploración del hombre, del ser social. Un escritor dispuesto a transgredir cuanto sea necesario para dar fe de cualquier perplejidad y echar a volar algunas palabras.”

Por su parte, Carlos A. Villegas reconoce en la literatura un artificio más. “Es prestidigitación”-nos dice. “Creemos señalar la realidad desde la metáfora pero no vemos los tres dedos que nos señalan. Olvidamos que la literatura es arte, oficio, artificio. La maestría de un juego con 26 elementos.” Continua diciendo que “El juego de los lenguajes brinda sentido a la existencia. En la literatura, como en cualquier arte, la maestría es el producto de largos años de práctica, de juego incesante con los elementos que se combinan y recombinan hasta lograra la máxima verosimilitud de la ilusión.

En su Memorias de autor, Carlos A. Villegas cuenta que entre la literatura que más ha influido en él, está la de sus coterráneos, el poeta Baudilio Montoya y las lecturas que exploró junto a  Elias Mejía, José Nodier Solórzano y Umberto Senegal. “En la Universidad amplié mis horizontes literarios hacia los escritores latinoamericanos: Cortázar, Sábato, Onetti, Neruda, Carpentier, entre otros y en la época profesional me encontré con la literatura de Milan Kundera y con la gran cuentista norteamericana Flannery O’connors. Sin duda quienes más han influido en mí son Borges, Márquez y Córtazar”.

“Tarde arribé a la literatura de Gabriel García Márquez”, confiesa, “pero después de leer Cien años de soledad, me declaré uno de sus irredentos lectores, con la intención de descubrir las costuras de su oficio escritural”.