EL VANDALISMO Y LA PROTESTA: BREVES NOTAS EN PASADO Y PRESENTE

…lo que nos debería preocupar son los neronistas, o sea: los que teniendo el poder no les tiembla la mano para incendiarlo todo y luego culpar a los Vándalos. 

 

Escribe / Edgar Eduardo Pulido – Ilustra / Stella Maris

 En el año 455 d.C. en el centro de la conspiración romana cuando Petronio Máximo asesinó al emperador Valentiano III (para los interesados este Petronio no tiene nada que ver con Petro), Genserico, el rey de los Vándalos (un pueblo de origen germano) aprovechó esa situación para declarar nulo el acuerdo con el anterior emperador y saquear a Roma.

Pese a ello, “el gran saqueo de Roma” por parte de los Vándalos no fue tal y como lo transmitió la historia romana, los edificios quedaron intactos, las paredes limpias, los Vándalos llegaron a un acuerdo con la Iglesia y se limitaron a saquear las arcas del imperio y salir. Sin embargo, el nombre de vandalismo fue asociado a saqueo y destrucción por los romanos. El imperio en caída se aseguró, eso sí, de acabar con ellos y recuperar el territorio perdido.

Siendo rigurosos con los hechos, el término correcto para describir la destrucción y la violencia debería ser neronismo, pero a Roma y a cualquier imperio le es más fácil buscar el terror en otros.

Más adelante, en el marco de la Revolución Francesa (sí, en ese momento) el abate Grégoire, en 1794, acuñó el término para comparar los desmanes causados por la revolución, y la destrucción del arte religioso en las iglesias con los saqueos de Roma en el 455. Una comparación por demás errónea, porque los Vándalos eran cristianos y el mismo Papa intervino para hacer del saqueo de Roma algo “civilizado”, por ende, a los templos religiosos del imperio hasta les debieron dejar el diezmo antes de partir.

En general, el término Vandálico (desde la Revolución Francesa) se ha asociado a la iconoclastia[1] (a la destrucción de objetos de arte y monumentos de tipo político y religiosos). Y sí: efectivamente se podría decir, a la luz del abate Grégoire, que tumbar los monumentos de Sebastián de Belalcázar y de Nariño son actos vandálicos (de ello sería bueno que me ilustren lo de la estatua de Nariño, al pobre lo tenía en buen concepto, así que cualquier cosa me aclaran).

Ahora, sobre los actos Vandálicos que han acaecido estos días es necesario hacer precisiones: una es la violencia a veces organizada y la mayoría de veces no tanto, contra las instituciones y corporaciones públicas. Discusiones sobre ello hay mucho, pero más que una propuesta de la movilización es el pathos de indignación que se canaliza hacia la estructura para sublimar su odio, discutible ciertamente, pero que sea dirigido por parte del movimiento social, dudoso. Y lo otro es el saqueo y destrucción de pequeños locales comerciales, ante ello todo el repudio, ¿Quiénes lo promueven? Bueno, más fácil buscar un cóctel entre el hambre despolitizada, la frustración y las hormonas, (sin contar el sabotaje). En todo caso, eso no son cosas del señor y habrá que controlarlo.

Lo que sí es claro es que con esto se busca desde los círculos del poder centrar la atención entre los mal llamados vándalos, ocultando con ello una manifestación que tiene muchos más matices, una policromía en la que caminan los sindicatos, el movimiento estudiantil, los indígenas, pequeños comerciantes y otras tantas manifestaciones de indignación, que lo hacen no por la gran capacidad de las organizaciones sociales, (mucho menos por el castro chavismo, el comunismo internacional o Petro) sino porque el modelo social y económico los tiene arrinconados y una gota más a este cántaro convulso (llámese reforma), hace que se derrame en movilización y protesta.

Para terminar, ahora sí en serio, lo que nos debería preocupar son los neronistas, o sea: los que teniendo el poder no les tiembla la mano para incendiarlo todo y luego culpar a los Vándalos.

 

Bibliografía

Gil Novales, Vandalismo y patrimonio.

https://www.nationalgeographic.es/historia/2019/08/los-vandalos-saquearon-roma-pero-se-merecen-su-mala-reputacion/

La destrucción del arte. Iconoclasia y vandalismo desde la Revolución Francesa. Madrid: Cátedra. 463 págs. Reseña Dario Gamboni (2014).

Vargas Álvarez, Sebastián. Reseña de Dario Gamboni (2014). El ornitorrinco tachado. Revista de artes visuales, [S.l.], n. 12, oct. 2020. ISSN 2448-6949. Disponible en: <https://ornitorrincotachado.uaemex.mx/article/view/14540>. Fecha de acceso: 02 mayo 2021 doi: https://doi.org/10.36677/eot.v0i12.14540.

 

[1] Acerca de la relación entre revolución e iconoclastia, les recomiendo el libro: La destrucción del arte. Iconoclasia y vandalismo desde la Revolución Francesa de Darío Gamboni. O al menos la reseña que le hace el profe Sebastián Vargas que es lo que yo leí.