La poesía es una especie de regreso a casa
Paul Celan

Se aborda el libro de relatos breves “En tierras bajas”, de la autora rumano-alemana Herta Müller. Se analiza en ellos el silencio ocasionado por la omnipotencia del poder y la búsqueda de voces que permitan decir sin exponer de manera evidente la integridad de quien plantea un retrato de una realidad que asfixia, pero que necesita ser expresada por la autora.

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Por: Jhonattan Arredondo Grisales

En tierras bajas es un río donde la poesía más elevada y la prosa más detallada se envuelven en el extenso y vertiginoso mar de la literatura. Cada palabra nos confronta con el diario vivir; cada frase con aquello que nos rodea; y cada página con la naturaleza de los actos meramente cotidianos, que con todo el conjunto de situaciones adversas o favorables que se nos presentan, suelen pasar de largo sin que nuestras percepciones realicen lecturas detalladas que ayuden a desentrañar lo que a simple vista vemos en el entorno. O en el entorno por el que transita el otro. Es decir: mirar lo oculto de los hechos y de las situaciones que en la profundidad de lo cotidiano, como en su complejidad, identifican, esclarecen y resaltan aquellos hitos que han configurado la historia de determinado grupo social.

Por esta razón, tanto la memoria individual como la memoria colectiva, toman un papel de gran valor a la hora de reescribir la historia, sobre todo desde el punto de vista del artista, quien se encarga de refractar en la obra de arte las huellas que dan evidencia de las esferas sociales por las que transita.

Así, Herta Müller desdibuja las experiencias que ha salvaguardado en los rescoldos de la memoria; esas pequeñas y grandes cicatrices que, con insistencia, la han acompañado durante su viaje por la vida. Sin embargo, ella no toma el proceso de escritura a modo de catarsis, de liberación. Müller toma el proceso de creación literaria como una manera de restitución con la memoria histórica, enfatizando en ir más allá de lo que se ve, de lo manifestado. Pues, aunque su escritura es de caracteres mínimos, en esta, se encuentra un conjunto de sentidos que abren las puertas a un mayor tratamiento y relevancia de los significados, como en los símbolos que se dejan entrever en la particularidad de su prosa. Su obra es considerada de carácter político, mas no es panfletaria. La denuncia apenas se puede leer entre líneas, oculta en el cuerpo de las palabras.

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Desde esta perspectiva, la voz de Herta Müller en su primer libro de relatos <<En tierras bajas>>[1] , reivindica y rinde homenaje a los pueblos de Europa del Este, los cuales fueron azotados por el comunismo totalitarista, implantado por el dictador Nicolae Ceaucescu  y  por Stalin después de la Segunda Guerra Mundial;  lo que se llamó la Reconstrucción de la Unión Soviética.

Así pues, cada relato, deja “entrever” las difíciles persecuciones políticas que padecieron las minorías alemanas en Rumania bajo la dictadura. Más los maltratos a los que fueron obligados como una manera de compensar los daños causados por Hitler, a pesar de que ellos también fueron víctimas del Nazismo. Precisamente, es en Nitzkydorf, un pequeño pueblo de familias campesinas (inmigrantes alemanes, suabos), donde transcurre y donde se focaliza, en su gran mayoría, el compendio de sus narraciones.

Son quince relatos narrados anacrónicamente que aparentan no tener ninguna relación espacio – tiempo, pero que, tras el minucioso recorrido de todo su corpus, podríamos decir que se encuentran finamente tejidos. Aun así, su estructura, por la forma en que se encuentran presentadas las peripecias que circundan la obra, deja en el lector -como reflexión- la idea de novela. Quizá sea este su propósito: la construcción literaria de su obra –<<En tierras bajas>> como un retrato de la sociedad fragmentada, represiva y olvidada en la que habitan sus personajes.

Nicolae Ceaușescu Imagen tomada de: http://christinebednarz.files.wordpress.com/2010/02/nicolae_ceausescu.png

Nicolae Ceausescu 
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No obstante, vale aclarar, que no se trata de una obra autobiográfica; así se encuentren rastros que nos puedan llevar a dicha suposición. Más bien, toma a la literatura como una forma de restitución, como una manera de vindicación de y con las víctimas que fueron silenciadas para anular toda negación ante las fuerzas del poder.

Haber vivido bajo una dictadura hizo que sus intereses literarios estuvieran bajo los ásperos ojos de la censura, como es el caso de <<En tierras bajas>>; la cual fue censurada en su país por la capacidad de describir el paisaje de los desposeídos. Quedan, pues, la censura y la represión como los motores principales que nos llevan a identificar en sus relatos lo cerrado, el aislamiento, lo individual, por encima de lo colectivo, lo unido como una amenaza, la soledad, la muerte y el silencio como  contenidos que permanecen latentes en cada frase, en cada párrafo y página tras página.

A su vez,  Müller enfatiza en cómo cualquier dictadura causa un grave deterioro en las relaciones sociales, y cómo estas quedan evidenciadas en temas como el núcleo familiar, los juegos infantiles, la escuela, la iglesia católica, las plantas, el huerto, los paseos, la casa, y, particularmente, en los objetos. Temas que, en su mayoría, se encuentran situados en un mundo rural inclemente, cerrado y opresivo. Narrados, tras la mirada detallada de una niña que nos hace recorrer las violentas escenas cotidianas de un pequeño pueblo de ascendencia suaba, las cuales convierten, poco a poco, a la realidad en una brutal pesadilla:

“Los barrenderos están de servicio. Barren las bombillas, barren las calles fuera de las ciudades, barren el vivir de las viviendas, me barren las ideas de la cabeza, me barren de una pierna a otra, me barren los pasos al andar…El camino ha sido barrido”.[2]

La franqueza de su prosa y la concentración de su poesía de denuncia o política “severamente codificadas” [3], como dice Roland Barthes, no son un hecho gratuito, pues al estar bajo represión, hay silencio, y cuando el silencio es oclusivo, las búsquedas son mucho más interiores, más profundas; es un encuentro consigo misma. El lenguaje se disminuye hasta el punto en que la comunicación sólo puede estar mediada con los gestos y con los objetos, como bien nos lo dice la autora: “Cuando se nos prohíbe hablar, intentamos afirmarnos con gestos e incluso con objetos. Son más difíciles de interpretar y permanecen un tiempo libre de sospecha” [4]. Y sobre el silencio, nos indica: “El silencio es una gran dimensión, esencial en las dictaduras, muy importante al escribir” [5].

En efecto, la relación de Herta Müller con la violenta naturaleza de su entorno fue mucho más íntima, más estrecha. Encontrando en su contemplación, el horizonte vital por el cual desentrañar las urdimbres que por ese entonces la asechaban, y que, a la par, dejaba cristalizadas en el papel. Lo ínfimo y lo sencillo cobran vida e importancia en Müller, capaz de resaltar la belleza de una flor tanto como la grandeza y el misticismo que guardan las cosas simples. Estas, por estar ocultas, las consideramos como elementos sin mayor valor, es decir, sin que nuestra percepción del entorno realice lecturas que rompan con la cotidianidad. Asimismo, no le damos importancia a los objetos más minúsculos e insignificantes -como lo mencioné anteriormente- que pasan por nuestras vidas absolutamente ignorados en el frenesí de la existencia. Pero, cuando hay represión y la incomunicación impera a nuestro alrededor, no queda otro camino que entablar un diálogo continuo con los objetos, las plantas, o, simplemente, con nosotros mismos:

Dos trenzas tiesas y algo separadas a los lados de la cabeza. Dos lazos entretejidos… Las vainas de la mazorca arrancadas hasta donde se unen al tallo, blancas, con ásperas venas rojizas que adquieren un tono oscuro en los bordes y acaban fuera de las vainas, diluyéndose en la nada…Las vainas son minuciosamente deshilachadas hasta que parecen cabellos…[6].

Por otro lado, en sus descripciones podemos avizorar los aspectos de soledad de Gabriel García Márquez, evidenciados en su obra. El pequeño pueblo de Nitzkydorf, bien puede ser un Macondo. Esta vez,no desde una esterilidad de altas temperaturas, sino desde una esterilidad invernal <<En tierras bajas>>. Al respecto, conviene decir,que los escenarios descritos por Müller se encuentran envueltos en tonalidades oscuras, grisáceas, otoñales e invernales. Trazando la cruda realidad de un pequeño pueblo olvidado y exento de una libre comunicación, en un espacio muerto. Sin la posibilidad de encontrar una salida. Y esta salida, no es la del exilio, de la dictadura y de las vejaciones recibidas de esta, sino que, la salida (vista desde las imposibilidades intrínsecas de la autora), en este caso,sería la del ser. Evasión que Müller encuentra en el sueño, en lo onírico, en la riqueza de sus metáforas y en la profundidad de su lenguaje, que siempre tiene algo más que decir. Pero, aun así, el sueño es negro bajo los párpados, dice Müller.

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Nitzkydorf
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Es preciso anotar, que <<En tierras bajas>> exige una lectura religiosa: atar lo que se encuentra suelto, para después de volver y volver al texto,lograr destejer, develarlo que se encontraba plegado: las urdimbres del olvido, las consignas de la represión, la violencia de lo cerrado, las imposibilidades del silencio oclusivo y la comprensión de las metáforas tan bien elaboradas que la ayudaron a ingresar en el resbaladizo terreno de lo político; exige, además, un compromiso y una disposición del lector a la hora de conversar con el libro, a la hora de quitarle el velo a las palabras.

Ahora bien, para analizar la complejidad de lo cotidiano en la obra de Herta Müller, debemos partir desde la misma etimología de las palabras “complejidad” y “cotidiano”. La primera, del latín complexus, que significa “cualidad de enteramente enredado”, lo que está plegado; la segunda, del latín quotidianus, que significa “de todos los días”. Para que, después de analizarlo, nos demos cuenta que lo “complejo”, al estar desplegado en el aparente hacer de lo cotidiano, o en lo intrincado que una frase se nos pueda parecer, nos permitirá ver con claridad el trasfondo, lo implícito de cada cosa y de cada palabra. Así estas apenas sean un decir, un gesto, un indicio por alcanzar la verdad.

Herta Müller es, en sentido amplio, la voz de la memoria de las minorías alemanas de Europa del Este, quien de manera magistral les rinde homenaje a todas aquellas personas que han sido obligados a vivir en el exilio. Desterrados y mal heridos. Con sus recuerdos en las maletas, como el único equipaje para tan largo viaje. Herta Müller es memoria, memoria que renuncia al olvido.

 

Citas 

[1]MÜLLER, Herta. En tierras bajas. Ediciones Siruela, 1990. Para todas las citas posteriores se toma como referencia esta edición.

[2]Op. Cit., pág. 185.

[3] BARTHES, Roland. El grado cero de la escritura, seguido de ensayos críticos. Colombia: Siglo XXI Editores, 1996, pág. 15.

[4]Marcos, Ana. Herta Müller: “Alemania está llena de hombres-perro. Les encanta dar órdenes, mandar”. En: Papeles perdidos. Tomado de http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/2013/01/en-los-silencios-de-herta-muller.html. Sitio visitado el 29 de abril de 2014.

[5]Ibíd, párra. 6

[6]Op. Cit., pág. 29.