Señor Lord Violeta, yo le pregunto: ¿bajo qué óptica pretende usted potenciar la crítica literaria en la región?

 

Por / Seres Latea

Hoy es indiscutible que la literatura ha cambiado. Ha tomado otros caminos, otras estrategias, otras metodologías, otros modelos y, lo más significativo, otras formas de narrar y escribir, lo que demuestra esa plasticidad semántica de la palabra, ese vínculo indiscutiblemente creativo que se da entre el escritor, la obra a relatar y el lenguaje que se usará para dicho fin.

Estas transformaciones en la literatura exigen nuevos estudios y, asimismo, atraen la mirada de aquellas personas que se hacen llamar críticos literarios y que, en muchas ocasiones, en lugar de hallar las virtudes de la obra, solo pescan, en río revuelto, los desaciertos, lo que llevará, estoy casi seguro, la obra al fracaso. Al respecto, solo tengo una pregunta: ¿esta es la esencia de la crítica literaria?

Esta inquietud surge, mi amigo Lord Violeta, porque a veces erramos el camino y continuamos haciendo la crítica literaria como si las novelas actuales fueran del siglo XVII o pertenecieran a la época victoriana, por nombrar un par de casos. En este sentido, no puedo valorar una obra que surge en los umbrales del siglo XXI con el telescopio puesto, por ejemplo, en alguna novela de Goethe, de Dickens o de Víctor Hugo; peor aún, y ello sería garrafal, levantar una crítica literaria en la actualidad con modelos y metodologías de un siglo atrás.

Es importante concebir que si la literatura nace, crece, se reproduce y muere, entonces descubriremos, en esos ecosistemas narrativos, nuevos valores estéticos, otras cualidades en la obra y, en especial, formas distintas en cuanto al uso del lenguaje, el abordaje de los personajes y el desarrollo de la narrativa misma.

En tal caso, si una obra tiene algo que desconocemos o es una invención del autor, ello no significa que hemos hallado la fisura para descuajar y revelar la tierra árida en la novela en estudio; es muy posible que esa grieta sea una buena excusa para hacer de la crítica literaria un arte fecundo en cuanto a esa misma evolución que subyace del núcleo de la literatura y, tal vez –con recomendaciones claras, precisas y retroalimentativas– del terrón estéril florezca la imagen, el lugar, el drama, el suspenso, la caracterización que el escritor pretendía forjar.

La discusión, entonces, desde mi mirada, señor Lord Violeta, no es calificar si una obra publicada en nuestra región es buena o mala, o si tiene pretensiones nacionales y, por qué no, internacionales; para mí, la discusión y el propósito de la crítica literaria consiste en potenciar a aquellos escritores y sus obras que, a partir de una mirada objetiva, sana y sensata, en la que no haya inquinas ni indiferencia, porque fulano o mengano no es mi amigo, puedan catapultarse para que se encumbren al nivel que se merecen.

Esta apreciación, muy personal, por cierto, no quiere decir que todas las obras publicadas carezcan de alguna situación que pueda mejorarse. Insisto, y no me estoy acomodando al muy muy ni al tan tan, porque esa postura estaría remarcada por la zona de confort o, quizás, se piense en un sujeto que no tolera la crítica literaria; es todo lo contrario, lo que pretendo sugerir es que una región como la nuestra pueda dar al país y al mundo entero obras geniales solo si se potencian las aptitudes y las capacidades de quienes escriben; además, no olvidemos que el arte, y en especial la literatura, son más dionisiacos que apolíneos.

Ante esta encrucijada, señor Lord Violeta, yo le pregunto: ¿bajo qué óptica pretende usted potenciar la crítica literaria en la región? Si la respuesta a esta inquietud lo tiene sin cuidado, entonces no estamos en la encrucijada que nos permitirá promover la escritura en la región, sino en ese camino ciego y recto al que algunos pretenden llevar la crítica literaria, que es, desde mi parecer, un género que también podría dar sus frutos teóricos a la luz de nuestras obras y de nuestros escritores.

Así, toda crítica literaria sobre el impacto de las prácticas narrativas prueba que, si dicha acción no tiene la intención de fomentar la creatividad y la escritura en la región, demostraría que se sabe poco sobre la significación de nuestros autores, sus obras, las estrategias y los hechos que provocaron el atrevimiento del autor para narrar. Si el propósito no es brindar herramientas y desarrollar las competencias de los escritores, caeremos en esas peleas de egos titánicos sin ser aún titanes. En este sentido, o corremos el riesgo de hundirnos en arenas movedizas o, mejor aún, sembramos ese árbol de la crítica literaria que dé sus frutos en las dos orillas que convocan la escritura: tanto a nivel teórico como narrativo y creativo.

Ahora bien, no importa si no hay concursos, si las diferentes instituciones gubernamentales no invierten dinero, si la Universidad Tecnológica de Pereira no promueve los escritores de la región, tenemos, en realidad, un par caminos para dirigir el proyecto a buena mar: o exigimos estas acciones que son un derecho de nosotros como escritores o hacemos autogestión, talleres, seminarios, grupos de estudio y un sinnúmero más de estrategias que nos permitirán reinventar no solo la narrativa de la región, sino, además, esa vieja manera de hacer crítica literaria.

Para finalizar, señor Lord Violeta, si su apuesta está pensada desde la mirada proactiva del mejoramiento y la potenciación, bienvenida sea, pues yo estaré allí dispuesto para aprender y mejorar, cada vez más, en función de mi ejercicio escritural. A propósito, Seres Latea es mi nombre, por el momento.