…en este texto se propondrá un análisis de la erótica del castigo a partir de los personajes de Francesca de Rímini y Paolo Malatesta en el canto V de La divina comedia. Para ello, se establecen como líneas de reflexión los siguientes subtemas: Objeto de castigo: el cuerpo en el imaginario de la cristiandad; y, Erótica: trasgresión de la razón. Al final se expondrán algunas conclusiones provocativas, que más que finiquitar el tema lo que pretenderán es ampliar la discusión.

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“Tu cuerpo es el paraíso perdido

del que nunca jamás ningún Dios

podrá expulsarme”.

Gioconda Belli

 Por: Hugo Oquendo-Torres*

Detrás de todo castigo ha sido ejecutado un acto de trasgresión, el cual no es más que la expresión pura de la voluntad humana. Ella se erige por encima de todo aquello que ha sido estipulado como la norma a través de la razón. Tanto la rebelión como la voluntad son concomitantes al ser. ¿Más allá de la trasgresión no hay un acto de mera voluntad? Por esto, a partir de tal premisa, se propone una deconstrucción del imaginario de la razón a partir del cuerpo erotizado, porque el cuerpo es objeto de castigo y a la vez de rebelión. Ante ello, la teóloga Wanda Deifelt afirma que “en él se imprime el quehacer cotidiano de los sucesos, las ideologías, los discursos, entre otros; los cuales son regulados por la religión y la cultura”. Además, como asevera George Lakoff y Mark Johnson: “la razón no está al margen de las pasiones”.

Objeto de castigo: el cuerpo en el imaginario de la cristiandad

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Si bien el cuerpo es clave para la teología de la encarnación y de la comunión en las diversas corrientes del cristianismo, es preciso reconocer que él es objeto de castigo y regulación en lo concerniente a la libre expresión erótica y sexual. Dentro del imaginario religioso el cuerpo erotizado es símbolo de decadencia, puesto que en él se encarnan las pasiones. De esta manera se devela la concepción dualista del ser, donde de modo pragmático el cuerpo se torna sinónimo de emoción y pecado, mientras que el alma en símbolo de razón y pureza. En esta perspectiva, buscar la iluminación del alma es negar las pulsiones del cuerpo y todo lo que a su sensualidad concierne. Es en esta encrucijada moral que los personajes de Francesca y Paolo se encuentran. Ambos fueron condenados al segundo círculo del infierno debido a que sometieron la razón al sentimiento:

“Cómo el amor a Lanzalote hiriera,
por deleite, leíamos un día:
soledad sin sospecha la nuestra era.
Palidecimos, y nos suspendía
nuestra lectura, a veces, la mirada;
y un pasaje, por fin, nos vencería.
A leer que la risa deseada
besada fue por el fogoso amante,
éste, de quien jamás seré apartada,
la boca me besó todo anhelante.
Galeoto fue el libro y quien lo hiciera:
No leímos más desde ese instante”

 

En esta idea podemos hallar un paralelo literario con el relato del mito de la creación descrito en el libro de Génesis, en el que Adán y Eva son castigados con el destierro por causa de la desobediencia (Gen. 3: 1-7). Sin embargo, es necesario señalar que tal acto de trasgresión de Adán y Eva es infundado de igual forma a través de la seducción de los sentidos: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella”.

Adan_y_Eva_30x22_49cd06a64b651En suma, tanto Adán y Eva como Francesca y Paolo actuaron bajo el principio más diáfano de la expresión humana: el deseo, que no es otra cosa más que el ejercicio de la voluntad indómita del ser. Quizá por ello Adán y Eva no fueron como dioses sino que afirmaron su existencia como humanos; acaso Francesca y Paolo hallaron la iluminación de sus almas a través de la perpetuación del deseo.

En la dinámica de la búsqueda de la iluminación del alma y del control de las pasiones carnales, el personaje de Dante en el poema tampoco es ajeno. Pues como expresa de modo claro Ernst Curtius: “El tema del Anticlaudiano de Alain de Lille es la creación de un nuevo hombre; el ascenso por las esferas hasta llegar al Empíreo no constituye más que una parte del plan total. Entre Alain y Dante hay, con todo, paralelos importantísimos”. En el orden lógico de la búsqueda de la iluminación por medio de la razón, comprendida como la privación del cuerpo, el castigo se concibe como un mecanismo de purificación. No obstante, nos advierte Nancy Cardoso que: “en el proceso ritual el cuerpo se “desencorpora y se desmaterializa en la afirmación del cuerpo ideal e idéntico a él mismo en la pureza”.

Por ello, es relevante afirmar que el mecanismo de castigo en el imaginario de la cristiandad posee una función socializadora y disciplinante, puesto que la premisa es propender por la iluminación del alma; empero, de manera soterrada, lo que hay detrás de tal revestimiento es la búsqueda del control del cuerpo. Pues como afirma Michel Foucault: “el control de la sociedad sobre los individuos no sólo se lleva a cabo mediante la concencia o la ideología, sino también en el cuerpo y con el cuerpo”. Además, juntamente con Martin Heidegger se puede aseverar que: “el hombre es lo que es aun en la manifestación de su propia existencia”. Es decir, el cuerpo es la expresión más concreta de la existencia del ser. En suma, el cuerpo es objeto de castigo para la cristiandad, porque es la forma más práctica de tener control sobre el ser.

Erótica: trasgresión de la razón

Los cuerpos erotizados de Francesca y Paolo en la pintura del holandés Ary Scheffer, desentrañan la estrecha relación entre la fuerza subversiva de la erótica y el dispositivo del castigo. No es fácil escapar a la seducción de esta obra. La pareja de amantes está a medio cubrir con un velo. Francesca desnuda se adosa de frente sobre su amante, mientras da la espalda al observador. Ella en la altura izquierda de su espalda lleva una herida carmesí que contrasta con su piel de avena. Los cabellos negros cual cascada se escurren por su dorso, apenas rozándole sus nalgas turgentes. Con las manos tersas se abraza por el hombro derecho de Paolo, dejando a la vista el seno izquierdo, blanco en su redondez. Su rostro extasiado, en silencio semejante a un estanque, compone el centro de la obra.

Francesco y Paolo     Por su parte, Paolo, de frente, con el pecho descubierto y musculado, en el torso derecho exhibe la herida que comparte con Francesca. Él con la mano derecha sostiene por el codo izquierdo a su amante, mientras que el otro brazo lo eleva por encima de su cabeza, ocultando la frente con el anverso de la mano. Paolo sólo deja al descubierto su boca jadeante y la mirada embriagada en placer. A los amantes los ha visitado la lluvia temprana. Con esta expresión se termina de configurar la totalidad del centro de la pintura, cuyo fondo marrón le da iluminación a los cuerpos desnudos. La pareja, en pleno vuelo, está ubicada en la parte superior izquierda del cuadro, y a modo de contraste, situados al costado derecho, se hallan Dante y Virgilio. Ambos están expectantes del cortejo de carne y pasión.

MAn17732Tal alusión a pintura de Scheffer pareciera que sólo apelara a la experiencia de los sentidos; sin embargo, es preciso afirmar que todas nuestras pulsiones eróticas están concatenadas con nuestro ser racional. En esto afirma Johnson y Lakoff que: “la razón no está al margen del cuerpo, como la tradición ha sostenido, ella surge a partir de nuestros cerebros, cuerpos, y experiencia corporal”. En este sentido, la erótica desempeña un factor vital en la liberación del cuerpo y su cosmogonía. De ello nos dice Aurèlien Demars, citando a Emil Cioran, que: “en un impulso dionisíaco, el eros nos hace revivir el poder de los orígenes, nos lleva a re-crear psíquicamente el mundo o, incluso, a aspirar a otros mundo”. Bajo esta perspectiva, la razón es objeto de trasgresión, porque pretende para sí verdades fijas y universales que van de la mano con sistemas morales de opresión insostenibles que propenden por el encasillamiento del ser.

Los cuerpos de los amantes: Francesca y Paolo, son objeto de castigo por medio de la razón sacramentada, porque sometieron la razón a los sentidos; no obstante, desde la perspectiva de la teoría queer, éste fue un gesto de emancipación, ya que como afirma la teóloga Genilma Boehler, citando a Nancy Cardoso y a Audre Lorde: “la aplicabilidad de lo erótico como sagrado, posibilita incorporar una visión crítica de la demonización del cuerpo y del erotismo en las versiones oficiales del judaísmo-cristianismo”. Es decir, la erótica como trasgresión de las verdades y normas pre-establecidas, se convierte en un acto vital de rebelión porque potencializa al ser en una constante re-creación. El ser es en tanto nunca deje de ser y supere los encasillamientos unívocos.

 Algunas provocaciones

Como se ha demostrado, el cuerpo experimenta una dialéctica de la razón y los sentidos, a causa del binarismo antropológico que la institucionalidad ha establecido por medio de la cultura y la religión. Dicho concepción binaria ha sido el basamento para los imaginarios estereotipados del cuerpo, incluyendo con esto la expresión de la erótica y la sexualidad. Todo aquello que atente contra la norma de pureza y piedad es objeto de castigo a través de mecanismo de socialización, tales como: el pecado y el infierno. Por ello, si bien la sexualidad y la erótica no se reducen al campo de lo genital, le tenemos tanto temor a la sexualidad que las palabras: ano, vagina, senos o pene los hemos vuelto los impronunciables, semejante al nombre de Yahvé. Ahora el miedo hacia el cuerpo y a toda la cosmogonía de la sexualidad la hemos disfrazado de pudor porque se le tiene terror al castigo. En este orden de ideas, los cuerpos de Adán y Eva como de Francesca y Paolo se tornan en signos de emancipación, puesto que han trasgredido la razón sometiéndola al juicio de los sentidos. La afirmación de la humanidad se da en el ejercicio de sus pasiones.

adan-y-eva_mantegna_la-fruta-prohibidaAsimismo, es relevante afirmar que no son las deidades en sí las que excluyen a las personas que trasgreden la norma sino las construcciones teológicas, que, obedeciendo a imaginarios religiosos jerárquicos son las que crean infiernos para todos aquellos que no caben en los paraísos doctrinales, puesto que los dogmas no son verdades epifánicas sino constructos humanos abiertos a la provisionalidad. Por otro lado, el deseo de lo prohibido desvela al ser humano, quizá por eso se da la fijación hacia lo que lo tienta, puesto que también se ha descubierto que los desvíos abren nuevos horizontes de sentido. Acaso en el infierno de la razón Francesca y Paolo estén sometidos al castigo, pero el universo de la poesía ambos han sido inmortalizados, porque la poesía es fuerza potencializadora del ser. Todavía la piel excitada de Francesca y Paolo palpita en la pintura.

*Hugo Oquendo-Torres es teólogo, Rev. Metodista y estudiante del programa de maestría en literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira.

 

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