Ese señor va a la fuente del humo. Que es una cocina al aire libre, mucha gente está cocinando con tapabocas: es harina, la meten en paquetes cuadrados muy duros.

Adiós, ¡Lusitania!

Por: Javier Montes

Ilustración: Daniel Román

¡1,2! ¡1,2! ¡1,2!

Un pie delante del otro, desde que aprendí a caminar no puedo dejar de hacerlo, me gusta mucho la independencia, pero aún no me sé quitar los pañales solo. ¿Dónde estoy? ¿Por qué hay humo en medio de las montañas? ¿Hay gente que vive en las montañas? ¡Quiero conocerlos! Deben ser como los personajes de los dibujos animados: deben cantar, sonreír, ser felices e invitarme a comer pa llenar mi pancita. ¿Por qué no vivirán en Lusitania? Somos tan pocos que en un día me los presentaron a todos antes de la hora del almuerzo. Debería comentarles, pero aún no sé hablar fluido, me quedé en el gageo.

Me tropiezo con una roca, lloro como cinco minutos y como mi mami no está me aburro y me levanto; la roca es blanca, tiene dos huecos adelante y uno muy grande abajo, además de ser muy débil porque mis piececitos abrieron una grieta en ella.

¡1,2! ¡1,2! ¡1,2!

Debo tener cuidado, hay muchas huecos para plantar árboles muy grandes en el camino y la gente que los cavó están dentro de ellos tomando la siesta. ¡He visto casas! Voy lo más rápido que mis pasitos me dejan, pero las puertas estan abiertas de par en par… ¡Me dan la bienvenida! Espera… Un momento ¿Dónde está la gente? ¿Serán los que están atrás descansando?

Un señor está hablando con otro, uno de pie y otro de rodillas ¡Voy a hacerles compañía!, pero camino muy despacio, porque a mitad de camino el que está de pie señala al otro y el otro que se acuesta, el que está de pie se va para dejarlo dormir solito. Shhhh, yo debería hacer lo mismo, así que sigo al señor que aún está despierto.

Ese señor va a la fuente del humo. Que es una cocina al aire libre, mucha gente está cocinando con tapabocas: es harina, la meten en paquetes cuadrados muy duros. ¿Cómo lo sé? Porque estoy tocando uno, es muy duro, pero más duro es el grito que pega una señora apenas me ve.

Reconozco este camino, porque es el mismo que recorrí para llegar a la cocina al aire libre, el mismo señor que perseguí me lleva debajo del brazo, él no parece que cante, ni baile, ni mucho menos que sea feliz, además no me dio nada de comer… Solo me lleva por entre la maleza, las montañas, los huecos para árboles muy grandes, las rocas blancas y el camino sin pavimentar.

Él toca la puerta. Sale mi mami con sus 19 años y él me entrega a ella, después de decirle que no me quiere volver a ver en la cocina o si no me acuesta. Al otro día en la moto de mi papi, con mi ardilla bajo el brazo, se me escapa un: aiiios lisitania.