Desnudez

El amor es un lecho de agujas que fabrica el sueño de todos los mundos; no existirá ni un sueño que la haga amar su propia muerte; serán otras muertes la suya; se hará de plástico desgarrando las huellas del tiempo que quedan en su piel…

Desnudez

Por Alex Noreña

De tragos amargos está la noche. Martha Aguilar respira denodadamente buscando el murmullo de los autos. Llega hasta al estanque para olvidar la mugre, sus manos se deslizan por su cuerpo, se estremece y cae en sus rodillas. Deja escapar un suplicio infantil y desaparece.

La siguen. Vuelve atrás: es el viento. Vuela ligera; es un cuerpo que camina de espalda barriendo las huellas con la carne. Otra vida liga su recuerdo con una niña que era ella, niña que no fue más desde un día cuando el fuego le vino a la sangre.

Hoy son más grandes y espesos los caminos que transita y para no perder su rastro ha dejado una mancha que sale de su vientre en cada esquina.

Como un perro huele sus marcas. Vuelve atrás digiriendo el tiempo a cada cosa. Hubo una Martha madre que anduvo los mismos caminos, ahora se entreverán los olores igualando la familia. Morirá de conciencia.

El amor es un lecho de agujas que fabrica el sueño de todos los mundos; no existirá ni un sueño que la haga amar su propia muerte; serán otras muertes la suya; se hará de plástico desgarrando las huellas del tiempo que quedan en su piel; quedará plagada de todos los olores que la precipitaron al infierno. Colgará como esas muñecas exhibidas en la calle 14.