El sol cambia, y todo aquí cambia. Los perros hablan. Las luces artificiales inventan rombos en el aire; se dibujan caminos que recorren luciérnagas y sombras.

Tomado de freepik.es

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Por: Alexander Noreña

El sol nace del río, siempre vuela a lo más alto de las palmeras, posándose como un fruto, un hijo. A veces, cae lento y triste. Lo he visto huir sin razón, se va y regresa mágicamente del otro lado, con un vestido tenue, brillante, de estrellas; regresa a la palmera goteando leche…

Lo sé porque somos otros, llevamos nuestras bocas a los vasos y, como si fuera acto mágico, ya no hay sed…

Viste de crepúsculo, de plata, de agua; avanza colgado de la bóveda, dejando un reguero de piedras que brillan recargadas por la luz del trigo.

El sol cambia, y todo aquí cambia. Los perros hablan. Las luces artificiales inventan rombos en el aire; se dibujan caminos que recorren luciérnagas y sombras. Hay  luces que persiguen otras luces, que a su vez, son perseguidas por otras luces, y se van errantes por el espacio, acompañadas por el murmullo del viento que choca en las casas…

Las gentes también cambian según el vestido. Juan antes usaba blue jean y camisa, ahora viste de frac. Camina lento, sin vida, no es como las lentas tortugas, que viajan a la velocidad de la tierra. Ha cambiado para vestir siempre de traje. Dicen de él que, acaso, puede alzar su vuelo en un cuarto  plagado de números y tinta. ¡Ha cambiado y ya! Está quieto, quieto de sosiego pasmoso.

Hoy huye el sol perseguido por  las hojas, vuelan extendiendo el vacío, y emerge de la oscuridad el olor de nuevo vestido.